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¿A QUIÉN IREMOS?
Febrero 2006
Padre Durazo: ¿Son el Cielo y el infierno reales, lugares físicos, o solo metáforas para la dicha eterna en presencia de Dios y el sufrimiento eterno en Su ausencia?
Permítame, primero tener presente los dogmas de la existencia del cielo y del infierno.
Del cielo dice la Constitución Benedictus Deus del Papa Benedicto XII (1334-1342): "Por esta constitución que ha de valer para siempre, por autoridad apostólica definimos que, según la común ordenación de Dios, las almas de todos los santos que salieron de este mundo antes de la pasión de nuestro Señor Jesucristo, así como las de los santos Apóstoles, mártires, confesores, vírgenes, y de los otros fieles muertos después de recibir el bautismo de Cristo, en los que no había nada que purgar al salir de este mundo, ni habrá cuando salgan igualmente en lo futuro, o si entonces lo hubo o habrá luego algo purgable en ellos, cuando después de su muerte se hubieren purgado; y que las almas de los niños renacidos por el mismo bautismo de Cristo o de los que han de ser bautizados, cuando hubieren sido bautizados, que mueren antes del uso del libre albedrío, inmediatamente después de su muerte o de la dicha purgación los que necesitaren de ella, aun antes de la reasunción de sus cuerpos y del juicio universal, después de la ascensión del Salvador Señor nuestro Jesucristo al cielo, estuvieron, están y estarán en el cielo, en el reino de los cielos y paraíso celeste con Cristo".
El dogma sobre la existencia del infierno es definido también en la Constitución Benedictus Deus: "Definimos además que, según la común ordenación de Dios, las almas de los que salen del mundo con pecado mortal actual, inmediatamente después de su muerte bajan al infierno donde son atormentados con penas infernales, y que no obstante en el día del juicio todos los hombres comparecerán con sus cuerpos ante el tribunal de Cristo, para dar cuenta de sus propios actos".
Veamos como toda definición dogmática comprende dos elementos: la expresión (cielo, infierno, etc.) y la Doctrina que se enseña.
En ambos dogmas, cielo e infierno, la definición dogmática abarca también la expresión es decir el cielo y el infierno como lugares de felicidad y de castigo.
Esto es así porque si se cambia la expresión se corre el riesgo de perder la precisión de lo que la Iglesia enseña al emitir un determinado dogma. Debemos respetar la expresión para salvaguardar con exactitud la doctrina.
Una vez respetada la expresión y la enseñanza, es obvio que la teología tiene el deber de actualizar el mensaje contenido en estos dos dogmas.
Entonces podemos ya decir que el Cielo es el estado de felicidad junto a Dios para toda la eternidad y el Infierno es la afirmación de la plena libertad humana que incluso puede rechazar a su salvador. La existencia de la condenación eterna (infierno) la enseña la Iglesia para salvaguardar la libertad humana. Es tal nuestra libertad que podemos rechazar y negar a Cristo que es plenitud de salvación y de Redención.
Estimado padre: ¿Qué enseña la Iglesia sobre de Satanás y los demonios? Sé que existe el ritual de exorcismos, lo cual su giere que estos espíritus malignos son reales y pueden tener un efecto real en nosotros. ¿Por qué tiene él tantos nombres diferentes? ¿Puede dar usted por favor una explicación sucinta de Satán, espíritus malignos y su realidad en las vidas de los fieles?
La palabra "Satanás" es simplemente una adaptación a la pronunciación española del vocablo Satán, del idioma hebreo en que fue escrito el Antiguo Testamento. La palabra hebrea Satán no es un nombre, sino simplemente una palabra común y corriente que significa "adversario" o "enemigo". No siempre aparece en la Biblia castellana en la forma "Satanás", sino que frecuentemente es traducida, dándole su correspondiente signi ficado. Por ejemplo, leemos que "Yahvé suscitó un adversario a Salomón: Hadad, edomita..." (1 Reyes 11:14).
El diablo: Esta es otra palabra que no es una traducción del idioma original sino una adaptación al castellano del vocablo griego diábolos. Esta palabra literalmente significa "acusador" o "calumniador", y así se traduce, por ejemplo, en 1 Timoteo 3:11. Diábolos solamente ocurre en el Nuevo Testamento, y en la mayoría de las veces no se ha traducido sino que aparece en la forma diablo, como por ejemplo cuando Jesús dijo a sus discípulos: "¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo?" (Juan 6:70).
El Nuevo Catecismo nos habla del origen del demonio: "Detrás de la elección desobediente de nuestros primeros padres se halla una voz seductora, opuesta a Dios que, por envidia, los hace caer en la muerte. La Escritura y la Tradición de la Iglesia ven en este ser un ángel caído, llamado Satán o diablo. La Iglesia enseña que primero fue un ángel bueno, creado por Dios. ("El diablo y los otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos se hicieron a sí mismos malos".)
Satanás o el diablo o los demonios son criaturas, es decir, comenzaron a existir; mientras que Dios es eterno y por esto no es criatura. De esta forma, los demonios son superiores al ser humano; pero infinitamente inferiores a Dios. No estamos pues a expensas de dos principios eternos: el bien y el mal. El Bien, Dios, es el único eterno. Los demonios son criaturas espirituales pero creadas y por tanto están muy por debajo del poder de Dios.
Concluyo con estas palabras de San Ireneo de Lyón (Teólogo del siglo II): "Ireneo sostiene que Cristo es la defensa de los cristianos contra el diablo. El diablo huye cuando se rezan las oraciones cristianas y se pronuncia el nombre de Cristo. Sin embargo, la batalla no ha concluido en absoluto, porque los demonios seguirán poniendo a prueba a los bautizados, con el permiso del Creador, 'ya sea para castigarles por sus pecados, ya sea para mejor purificarles, ya sea para adiestrarles en la caridad fraterna' de mutuo sustento en las necesidades espirituales, con el recíproco consuelo y tole rancia; pero sobre todo para mantenerles siempre 'vigilantes y fuertes en la fe'."
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