¿A QUIÉN IREMOS?
Junio 2005
Padre, he recibido varias "cadenitas" de santos, enviadas por varios amigos míos, definitivamente no me dejo llevar por este tipo de cosas, bendito sea Dios que me acompaña siempre. Algunas cadenas mencionan la mala suerte ... como gancho para que se siga esta cadena. Quiero pedirle un consejo para comentarles a mis amigos que reciben y re-envían este tipo de mensajes.
En la Antigüedad fueron colecciones de textos bíblicos llamados "catenae" (en latín). Diversos autores de la antigüedad cristiana reunieron diversos textos bíblicos de un mismo tema formando así las cadenas. Mas tarde estas cadenas fueron colecciones de textos de los Padres de la Iglesia griegos y latinos. Los monjes en los monasterios usaban mucho estas colecciones tanto de textos bíblicos como de textos de los Padres de la Iglesia.
En tiempos recientes han surgido las cadenas de oración, usualmente anónimas y que presionan para seguir reproduciéndolas bajo amenaza de catástrofes o bajo la ilusión de conseguir grandes bendiciones.
Al menos en 2 puntos nos son coherentes estas "cadenas de oración" con la doctrina de la Iglesia. Primero: Las cadenas son censurables cuando se vincula a ellas alguna amenaza o imposición (Ej.: si no la pasas te ira mal) o se promocionan a base de promesas de algún bien temporal (Ej.: Si la pasas se te resolverán todos los problemas). Las famosas cadenas a San Judas Tadeo suelen ser de este tipo y, claro, claro está, el venerable santo no tiene culpa del desvió de algunos devotos. La oración cristiana es siempre libre.
Segundo: Estas cadenas de oración suelen ser anónimas. Esto, entiendo, es lo más grave. No se sabe quien esta sugiriendo iniciar o seguir esta cadena de oración. Recordemos que una característica esencial de cristianismo es creer en un Dios personal y además la libertad con que fue creado el ser humano es una constante en toda la Historia de la Salvación, desde el Génesis hasta los últimos escritos de Juan Pablo II.
Una solución, practica, para quien la encuentra en las bancas de una Iglesia es entregarla al sacerdote; gesto con el cual la persona cumple con lo que pide la "cadena de oración".
Padre Durazo: He notado, que en los reportajes recientes sobre la muerte de nuestro amado Papa Juan Pablo II y la elección de Benedicto XVI, muchos de los pronunciamientos y celebraciones se han hecho en la lengua latina. Lo que me ha llevado a preguntarme si el latín permanece como la lengua oficial de la Iglesia.
Ciertamente es verdad lo que usted afirma. La noticia de que teníamos Nuevo Papa fue hecha en latín y varias de las celebraciones eucarísticas fueron también el latín.
Debo, ante todo, precisarle que el uso del latín en estos acontecimientos tan especiales, no ha cambiado en nada, las determinaciones del Magisterio de la Iglesia en torno al uso del latín.
Desde el siglo V la Iglesia en occidente siguió usando el latín, mientras el oriente cristiano siguió con el griego.
En el Concilio Vaticano II se uso el latín como lengua oficial para los documentos emanados del mismo. Sin embargo, al terminar el concilio se permitió el uso de las lenguas de cada país para la Liturgia, la Teología, La Sagrada Escritura, La Catequesis, la hermenéutica bíblica, etc.
Desde Vaticano II el latín es la lengua oficial de la Iglesia Católica para los documentos de la misma. La lengua latina sigue siendo usada por la Iglesia pero solo para sus documentos oficiales. Los cuales salen también en las lenguas modernas, impresos en la Imprenta de la Santa Sede. Esto significa que para la interpretación precisa de un determinado documento el original en latín es el que tiene la última palabra.
Por ejemplo, el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica publicado en 1992, existe en muchas de las lenguas modernas. El texto original esta redactado en latín.
El cambio hecho por la Iglesia durante los años sesenta es decisivo y determinante para las últimas décadas del siglo XX y los inicios del XXI. Tengamos en cuenta que hoy, todos los fieles laicos pueden leer la Biblia en español o ingles o cualquier lengua moderna. Puede también estudiar en su lengua el Nuevo Catecismo; celebrar los sacramentos en su lengua; incluso estudiar filosofía cristiana o teología en su propia lengua.
El uso del latín para anunciar al Nuevo Papa o su uso en las Celebraciones de la Eucaristía se debe a la trascendencia de estos acontecimientos. Muchos de los medios de comunicación usaron, por ejemplo, el habemus papam, para resaltar el acontecimiento.
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