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¿A QUIÉN IREMOS?
Abril 2005
Un amigo no-católico me preguntó por qué el sacerdote en la Celebración Eucarística da la hostia, que es el cuerpo de Cristo, pero no da el vino que es la sangre de Él. ¿Qué razón tiene esto, económica, tiempo, qué? Muchas gracias.
Como punto de partida tenemos el siguiente texto del Concilio de Trento: "Que se recibe Cristo todo entero, y un verdadero Sacramento en cualquiera de las dos especies. Declara el santo Concilio después de esto, que aunque nuestro Redentor, como se ha dicho antes, instituyó en la última cena este Sacramento en las dos especies, y lo dio a sus Apóstoles; se debe confesar no obstante, que también se recibe en cada una sola de las especies a Cristo todo entero, y un verdadero Sacramento; y que en consecuencia las personas que reciben una sola especie, no quedan defraudadas respecto del fruto de ninguna gracia necesaria para conseguir la salvación". (Sesión XXI, Cap. III)
Cristo, pues instituyó el Sacramento de la Eucaristía utilizando las dos especies del pan y del vino. Sin embargo, afirma el Concilio, que con una de las especies se recibe a Cristo todo entero. La doctrina que explica por que el Cristo completo está presente bajo cada especie Eucarística se llama "concomitancia". Cristo es indivisible; Su Cuerpo es inseparable de Su Sangre, de Su Alma humana, Su Naturaleza Divina y Su Persona Divina. De esta verdad se deduce que Jesús está enteramente presente en la Eucaristía.
La razón por la cual no se da, en muchas ocasiones, la Eucaristía bajo las dos especies se debe a motivos prácticos como la higiene (cuando muchas personas ponen sus bocas en el mismo cáliz). En Estados Unidos, por ejemplo, se permite la comunión bajo las dos especies, excepto, en la siguientes circunstancias: (1) Misas donde van a recibir tantos que sería difícil la Comunión bajo las dos especies en forma reverente y ordenada. (2) Misas en que el público es tan diverso que es difícil saber si los presente han sido instruidos lo suficiente sobre como recibir la comunión bajo las dos especies. (3) Cuando las circunstancias no permiten asegurar la necesaria reverencia hacia la Preciosa Sangre, tanto durante como después de la celebración.
La Iglesia en Occidente, sólo por razones prácticas, reduce este uso (dos especies) a ocasiones señaladas (Eucharisticum mysterium 32), mientras que en Oriente es la forma habitual (dos especies).
Unos Testigos de Jehová pasaron a mi casa y me dijeron que no es correcto adorar imágenes. Lo busque en la Biblia, y así es. ¿Porque la Iglesia sigue persuadiendo a la gente de hacer algo que saben muy bien que está mal?
El hombre siempre ha usado la pintura, figuras, dibujos, esculturas, etc., para darse a entender o explicar algo. Estos medios sirven para ayudarnos a visualizar lo invisible; para explicar lo que no se puede explicar con palabras.
Es cierto que el Primer Mandamiento dice: "Puesto que no visteis figura alguna el día en que el Señor os habló en el Horeb de en medio del fuego, no vayáis a prevaricar y os hagáis alguna escultura de cualquier representación que sea..." (Dt 4:15-16).
Sin embargo, ya en el Antiguo Testamento, Dios ordenó o permitió la institución de imágenes que conducirían simbólicamente a la salvación por el Verbo encarnado. Dos ejemplos: la serpiente de bronce (cf. Nm 21: 4-9; Sb 16:5-14; Jn 3: 14-15), El Arca de la Alianza y los querubines: Ex 25, 18-20: "Harás, además, dos querubines de oro macizo; los harás en los dos extremos del propiciatorio: haz el primer querubín en un extremo y el segundo en el otro. Los querubines formarán un cuerpo con el propiciatorio, en sus dos extremos. Estarán con las alas extendidas por encima, cubriendo con ellas el propiciatorio, uno frente al otro, con las caras vueltas hacia el propiciatorio."
Algunos objetan que la Iglesia cambió la enseñanza del Antiguo Testamento. No es cierto. Más bien es Jesucristo mismo quien tomó lo antiguo y le dio una interpretación más perfecta en su propia Persona.
Mientras antes de Cristo nadie podía ver el rostro de Dios, en Cristo, Dios se hizo visible. Antes de Jesús las imágenes con frecuencia representaban a ídolos, se usaban para la idolatría. En la plenitud de los tiempos, el verdadero Dios quiso tomar imagen humana. Jesucristo es la imagen visible del Padre.
Nos dice el Nuevo Catecismo de la Iglesia: "Como el Verbo se hizo carne asumiendo una verdadera humanidad, el cuerpo de Cristo era limitado (cf. Cc. de Letrán en el año 649: DS 504). Por eso se puede 'pintar' la faz humana de Jesús (Ga 3,2). En el séptimo Concilio Ecuménico (Cc de Nicea II, en el año 787: DS 600-603) la Iglesia reconoció que es legítima su representación en imágenes sagradas". (No 476)
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