La Cruz de California

"¿A QUIÉN IREMOS?"

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¿A QUIÉN IREMOS?
de Diciembre 2003

Estimado Padre: Mi pregunta es acerca del día del Juicio ¿Tengo por entendido que somos juzgados inmediatamente en nuestra muerte, pero, si esto es verdadero, entonces que sucede en el Juicio Final o Universal?

El Concilio Vaticano II nos habla de tres etapas en las que nos encontramos los discípulos de Cristo: "algunos entre sus discípulos peregrinan en la tierra, otros, ya difuntos, se purifican, mientras otros son glorificados contemplando claramente al mismo Dios, Uno y Trino, tal cual".

Estas tres etapas corresponden: 1- A los bautizados que vivimos en la tierra; 2 - a los que se purifican fruto del juicio particular; y 3 - a los que están glorificados después del juicio final o definitivo.

Veamos lo que nos dice El Magisterio de la Iglesia sobre la existencia de un Juicio Particular (Nuevo Catecismo de la Iglesia 1022): "Cada hombre, después de morir, recibe en su alma inmortal su retribución eterna en un juicio particular que refiere su vida a Cristo".

Y sobre la existencia de un Juicio Final o Universal, la Constitución Benedictus Deus del Papa Benedicto XII nos dice: "Definimos además que... y que no obstante en el día del Juicio todos los hombres comparecerán con sus cuerpos ante el tribunal de Cristo".

El Juicio particular se da en el momento de la muerte de una persona, de un individuo. De este juicio se va al purgatorio, al cielo o al infierno. Al morir ya no podemos hacer nada por nuestra propia salvación o condenación; sin embargo, por la libertad humana se deben seguir aplicando a la persona finada tanto las obras malas "motivadas" por la persona que falleció como las obras buenas que deja en el mundo. Además por la misericordia de Dios, se le aplican también las oraciones de los cristianos que aun viven así como las gracias sobrantes de quienes alcanzan la resurrección de su propia carne.

Hasta ahora hemos hablado solo del juicio particular. Al menos Jesucristo y la Santísima Virgen Maria ya tuvieron su juicio final o definitivo y su humanidad ha sido ya plenamente glorificada. Ya resucitaron de entre los muertos. Tener en cuenta que el cielo está en la segunda etapa de las tres que menciona el Vaticano II.

La Resurrección de la carne es fruto del juicio definitivo o final. El cielo es fruto del juicio particular. El Paso de la segunda etapa (juicio particular-cielo) a la tercera etapa (juicio final-Resurrección de la carne) se da por la ayuda de las oraciones de los fieles vivos y por la ayuda de las gracias sobrantes a los santos.

No se puede cerrar todo con el juicio particular al momento de la muerte individual, porque eso sería desconocerle valor a la presencia de Cristo encarnado en los sacramentos. Las oraciones de los vivos afectan a los que ya murieron porque es Cristo Plenitud (escaton) quien es la cabeza de todos: los vivos, los que han fallecido y se purifican como los que murieron y están ya totalmente glorificados, todo su ser, cuerpo y alma.


Padre Durazo: Mi amigo, un estudiante universitario, me ha hecho una pregunta interesante y yo pensé que usted me podría ayudar a aclarar esa pregunta. Él comenta que todo lo que ocurre es predeterminado... predestinado por Dios. Su razonamiento es éste: Dios es Omnisciente, es decir, Él lo sabe todo, incluyendo lo que sucederá en el futuro. Por consiguiente, todo es ya planeado y predeterminado. ¿Está en lo correcto él?

¿Cuál es esa confusión? El creer que "predestinación" y "conocimiento previo" son la misma cosa. Y no lo son. La pista para la solución nos la da el Concilio de Trento cuando afirma: "Nadie tampoco, mientras vive en la tierra, debe hasta tal punto presumir del oculto misterio de la divina predestinación, que asiente como cierto hallarse indudablemente en el número de los predestinados". (Cf. Denz. 805).

La clave es comprender que la existencia del ser humano no se agota o termina en la vida terrena actual. Para entender cualquier acción de Dios debe tenerse en cuenta que la vida humana sigue mas allá de la muerte. Tomemos como ejemplo la justicia. Si valoramos de una determinada persona solo la etapa terrena nos resultaría incomprensible la justicia de Dios, porque hay seres humanos que sufren mucho y otros a pesar de actuar mal les va muy bien aquí en la tierra. La justicia de Dios solo puede evaluarse incluyendo lo que sucede después de la muerte.

Al morir ya nada podemos hacer por nuestra propia salvación o condenación. Ya muertos dependemos de la misericordia de Dios. La predestinación es problema si juzgamos la existencia humana solo por la etapa terrena de la misma. Deja de ser cuando juzgamos la existencia humana en su totalidad, incluyendo la vida eterna.