"¿A QUIÉN IREMOS?"COLUMNAS DE 2002
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¿A Quién Iremos? de Diciembre 2002POR PADRE FLORENTINO DURAZOQuerido Padre Florentino: El presente es para felicitarlo por sus respuestas en el periódico La Cruz de California. Mi pregunta es basada en lo que se refiere al ataque de los hermanos separados hacia la Virgen María .Yo he llegado a leer la Biblia, para poder rebatir tales argumentos, y no encuentro ninguno pues lo que ellos alegan es una verdad que esta en las Escrituras donde se dice que Cristo es el único mediador entre nosotros y Dios. ¿Puede ayudarme a encontrar dónde dice que la Virgen es también mediadora o intercesora entre nosotros y el Padre? El Nuevo Catecismo en el No. 771 enseña que: "Cristo, el único Mediador...". La Virgen María, porque llevaría en su seno a Cristo, participó de manera anticipada de la Redención de Cristo. Recordemos que Cristo es el Verbo eterno que existía ya en el Padre antes de encarnarse. La Virgen María fue preservada del Pecado Original (Inmaculada Concepción) por la mismísima Redención de Jesucristo. Igualmente fue resucitada de entre los muertos (Asunción de María a los cielos en cuerpo y alma) por la Redención de Jesucristo. De tal manera que La Virgen María fue salvada, redimida, glorificada y resucitada por Cristo. No se trata de que La Virgen María participara de otra redención o de otro salvador o que ella misma se otorgara la Redención. La Virgen María, al igual que los seres humanos, necesitó de la Redención de Jesucristo. Solo que ella participó, anticipadamente. Hay otros ejemplos de participación anticipada de la Redención de Cristo en San Juan Bautista, San Eliseo, San Joaquín y Santa Ana (padres de la Virgen María). Todos ellos pertenecen al Antiguo Testamento y sin embargo la Iglesia les llama santos. La Iglesia nos asegura de la Virgen María en todo su ser: espíritu y materia, ha sido ya glorificada. Esto es lo que la convierte en modelo para todo cristiano y le concede también un lugar único en la Redención. Es el único ser humano del cual tenemos certeza de que ya está plenamente redimida; es decir, ya no crecerá en su salvación, como sucede a los demás cristianos. De hecho, no sabemos si los Apóstoles, y los santos fueron ya resucitados de entre los muertos. Ser santo significa estar en el cielo; haber alcanzado el cielo. Pero hay otro paso, que solo la Virgen María y Cristo (humanidad) han dado: la Resurrección de la Carne. María es invocada como "abogada, auxiliadora y mediadora" (Lumen Gentium 62). Esto no contradice la mediación exclusiva de Cristo, pues en el fondo, todas las decisiones salvíficas de los hombres tienen algún sentido de mediación. Nuestros pecados generan una pena eterna, la cual es perdonada por la confesión; y una pena temporal, la cual no se borra con el sacramento de la confesión. El Nuevo Catecismo nos enseña: "El pecado tiene una doble consecuencia. El pecado grave nos priva de la comunión con Dios y por ello nos hace incapaces de la vida eterna, cuya privación se llama la 'pena eterna' del pecado. Por otra parte, todo pecado, incluso venial, entraña apego desordenado a las criaturas que tienen necesidad de purificación, sea aquí abajo, sea después de la muerte, en el estado que se llama 'Purgatorio'. Esta purificación libera de lo que se llama 'la pena temporal' " (No. 1472). El bautismo nos borra el pecado original, pero queda en el bautizado, una inclinación o tendencia hacia el mal, que llama concupiscencia. La cual no es pecado, pero proviene del pecado y nos induce a cometer otros pecados. Con la ayuda de la gracia podemos vencer la concupiscencia. La confesión nos borra los pecados graves o mortales y los veniales; pero queda la pena temporal; la cual se borra por la indulgencia plenaria, la enfermedad, o la purificación (purgatorio) después de morir. La existencia de esta pena temporal se debe a nuestra libertad. No sería justo que un gran hacedor de males, daños y pecados, tuviera la misma suerte de quien ha luchado en su vida por ser mejor, evitando el mal y promoviendo el bien. Un gran pecador que se confiesa o reciba el sacramento de la Unción, antes de morir, no puede condenarse. Pero no sería justo; si fuera inmediatamente al Cielo como el buen cristiano. La pena temporal lo único que afirma es que somos seres libres y Dios toma muy en serio nuestra libertad.
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