"¿A QUIÉN IREMOS?"COLUMNAS DE 1998
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¿A Quién Iremos? de Noviembre 1998
Padre, ¿por qué la Iglesia prohibe el control artificial de la natalidad tal y como el condón, las pastillas, los DIUs, etc., pero permite el plan familiar natural del control? Los dos el natural y el artificial son métodos que tienen el mismo propósito, es decir prevenir la concepción ¿Cuál es la diferencia?Estimado lector aunque la pregunta no es tan sencilla como parece, ya que nos metemos al campo de la legitimidad o no legitimidad de los métodos anticonceptivos. La Iglesia prohibe los métodos artificiales porque alteran el orden de la naturaleza misma del ser humano mas que por el hecho de utilizar pastillas, condón. Los DIUs mal forman la conducta del hombre al grado de generar, en muchas ocasiones, dependencia de ellos. Lo mejor es educar, en un sentido amplio, a la persona dando a conocer que dentro de un sano control, la pareja misma pueda regular su ritmo de vida que les de una apertura no solo por el método natural en el ciclo de la mujer, sino también en esa donación dentro de una razonable abstención. Así que, aunque perseguimos prevenir la concepción, en un caso altera el orden natural que lleva los riesgos tanto físicos como una pérdida de la conciencia moral, el otro se transforma en un acto honesto en una recta razón y en un recto uso que siempre dejará una ventana abierta a la voluntad de Dios. No cabe duda que la cercanía del fin del siglo está despertando este tipo de corrientes mileniaristas, pero no es para alarmarnos. Es indudable que este mundo pasará y que Jesucristo regresará en su gloria, pero recordemos las palabras de nuestro Sr. Jesucristo cuando le interrogan acerca del final de los tiempos y él les contesta que «eso está reservado solo al Padre». Lo que si les debo recordar encarecidamente es que no debemos esperar a tener una certeza del fin de los tiempos, sino que siempre debemos estar en una actitud de espera, en una constante cercanía con nuestro Sr. Jesucristo, en el amor al prójimo y en la práctica sacramental. Así que todo este temor nos exige a nosotros convertirnos en esos signos de los tiempos en donde, con nuestro granito de arena, en el amor contribuyamos a instaurar plenamente en la tierra del Reino de Dios. Querido lector, sin duda el sacramento de la reconciliación nos pudiera parecer duro ya que nos enfrentamos con todas nuestras miserias y errores delante de Jesucristo y más aun delante de un sacerdote como administrador de los sacramentos de nuestro Señor. Pero es más importante reconocer nuestras faltas y estar conscientes de que el sacramento de la reconciliación es un sacramento de amor donde se nos da la oportunidad de re-encontrarnos con un Padre amoroso que nos brinda su consuelo, su paz y no tanto el merecer un castigo. Creo que todos somos pecadores y que no hay en la vida quien, ante la presencia de Dios, sea digno. Te recuerdo aquí la parábola del hijo pródigo (Lc 15). Sin duda el hijo tenía cierto temor de acercarse a su padre puesto que reconocía la gravedad de su error, pero la grandeza de la acción está en tener la valentía de regresar a pesar de la pena que le impusiera su padre, pero éste lleno de amor lo acogió con profunda alegría. Así que no tengas miedo ya que hay más alegría por la conversión de un pecador que por noventa y nueve justos que ya están en el cielo. ¡Animo no tengas miedo!
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