La Cruz de California

"¿A QUIÉN IREMOS?"

COLUMNAS DE 2001
Noviembre
Septiembre
Julio
Mayo
Marzo
Enero



ARTICULOS

BREVES

CARTAS AL EDITOR

SIN AZÚCAR,
POR FAVOR





Contents © 2001
by Jim Holman.
All rights reserved.






¿A Quién Iremos? de Noviembre 2001

Padre Jorge, yo no soy católico, aunque tengo un gran respeto y admiración por la Iglesia Católica. Estoy interesado en lo que la Iglesia católica enseña respecto al poder temporal de la Iglesia y su papel en los asuntos del Estado. En los Estados Unidos, por ejemplo, algunos fundamentalistas Protestantes buscan involucrar su religión con el gobierno, de tal manera que el gobierno se convierte en instrumento de la Iglesia. Y, así como hemos visto en los acontecimientos horribles en el desarrollo de la historia de nuestros días, hay algunos gobiernos controlados por extremistas musulmanes, con trágicas consecuencias. Mi pregunta es, ¿Qué hacen los católicos respecto al rol de la Iglesia como un poder temporal?, ¿Cuál es la enseñanza de la Iglesia en cuanto a esto?

Además de que es un tema muy bien estudiado recientemente por la doctrina social de la Iglesia, creo que es una excelente pregunta de teología política, que varios autores contemporáneos tratan en breves pinceladas, como en el libro de Francisco Margallo, titulado Teología y vida pública, y puesto que se tocan varios elementos que deben ser considerados en este artículo, aunque sea brevemente, debemos decir lo siguiente: en primer lugar la Iglesia tiene a sus espaldas toda una historia que pesan sobre su vida pastoral actual, no porque tenga en su pensamiento solamente toda la doctrina evangélica o porque tenga en sus bibliotecas toda aquella doctrina filosófica abstracta del estado (lo que los latinos llamaban el "bonum commune", sin o que definitivamente la Iglesia se ha mantenido viva desde los tiempos del Imperio Romano y ha sobrevivido hasta los más duros reveces de las ideologías totalitaristas, en donde las más distintas exigencias dentro de los mismos conflictos históricos le han puesto enfrente de su pensar y actuar, para respetar y al mismo tiempo dar a conocer el mensaje de Cristo, sin temor. Recuerdo la historia de la conquista y sus respectivos problemas, en el momento clave de las legítimas preguntas sobre el poder temporal de la Iglesia; a este respecto leí el libro de Reinhold Schneider sobre Fray Bartolomé de las Casas, quien era un dominico español que defendía los derechos de los indígenas en la Nueva España, buscando el equilibrio entre la fe y la conquista, entre el reinado de Dios y el reinado temporal humano de la Iglesia, no siempre fácil de entender. Eran otros tiempos, en donde la Corona española y portuguesa se repartían las nuevas riquezas y en donde salían a relucir los problemas típicos de los reyes católicos, con sus problemas legales y de conciencia. Pero hoy, en un tiempo en el cual los pueblos no tienen más reyes, ni tampoco presidentes creyentes (exceptuando algunos como el Sr. Havel, de Checoslovaquia), y en un mundo donde hay una gran corrupción en todos los niveles, es difícil pensar que los que gobiernan busquen realmente el bien común. En un segundo momento, podemos hablar de que ya en el mismo Concilio Vaticano II, en la Lumen Gentium, para ser exactos, en vez de exaltar a una Iglesia triunfalista que debe invadir todos los terrenos de la vida social y política, humildemente se pone la misma Iglesia y su legado espiritual y cultural al servicio de la humanidad, porque así como Cristo comunicó el poder a los discípulos, los laicos quedan constituidos en soberana libertad, y por su abnegación y santa vida son llamados a vencer en sí mismos el reino del pecado. Así lo dijo muy bien el Papa Juan XXIII: "Esta es 'la hora de los laicos', porque por medio de los fieles laicos el Señor desea dilatar su reino: reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz".

No se trata entonces de que la Iglesia en cuanto jerarquía se dedique a controlar a los gobiernos y la conciencia de las masas (ya no se podría dar tan fácilmente, desde la revolución francesa, en donde surgió la necesaria separación entre el estado y la Iglesia), sino que más bien, con el debido respeto y tolerancia que se merecen todos los no cristianos, o bien todos los no católicos, la Iglesia requiere líderes que se comprometan desde todas las trincheras a redimensionar el evangelio de Cristo en medio de todos lo credos, teorías y creencias del mundo, cumpliendo su tarea de Evangelizadora, Madre y Maestra. Y como conclusión, podemos decir, que en estos difíciles momentos de la historia de la humanidad, lo que más conviene a la Iglesia es continuar su papel de mediadora, en el respeto a todo mundo, sin jamás permitirse creerse la única poseedora de la verdad, sino servidora de la Palabra de Dios y un lugar de comunión y reconciliación entre los hombres.


Querido Padre Jorge, ¿qué tipo de obediencia es requerida en un católico para su párroco, su obispo y el Papa?

En el Concilio Vaticano II encontramos el texto de la Constitución Lumen Gentium, que nos habla del sentido de la fe y los carismas en el pueblo cristiano, considerando a los laicos dentro del Sacerdocio común de los fieles, en donde pueden desarrollarse como personas y como verdaderos agentes de la pastoral, y quienes no pueden equivocarse cuando creen, porque esta prerrogativa peculiar suya la manifiesta mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo cuando desde los obispos hasta los últimos fieles laicos prestan su consentimiento universal en las cosas de fe y costumbres. Y ese es el tipo de obediencia que se le pide a un católico respecto a su párroco, su obispo y el Papa, porque el mismo Espíritu Santo no sólo santifica y dirige el Pueblo de Dios mediante los sacramentos y los misterios y le adorna con virtudes, sino que también distribuye gracias especiales entre los fieles de cualquier condición, haciendo que los laicos sean más aptos para ejercer diversas obras en bien de la Iglesia.

Solamente debemos obedecer a nuestros superiores en lo que se refiere las cosas de fe y costumbres, porque en otro renglón no estamos obligados a obedecer, ya que únicamente en estos dos amplios sectores la Iglesia cree ser guiada por el Espíritu Santo, en la riqueza de la tradición y el magisterio, para la comprensión de la Palabra de Dios.

Y si no me equivoco, esta pregunta tiene que ver con algún problema entre fiel y superior; y esto es normal. Pero se debe superar en la fe y en la búsqueda de la voluntad de Dios, porque no sólo es cuestión de hacer caso a un hombre, que podría ser más pecador que uno mismo, sino que se desea alcanzar la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre. La obediencia, por tanto, es un seguir a Cristo bajo la figura del superior inmediato, ya sea mi párroco, mi obispo o el santo Padre, porque la idea original es ser mediadores de la gracia y compañeros de camino hacia la casa paterna.