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¿A QUIÉN IREMOS? de Octubre 2003
Padre: Tengo una pregunta extraña, pero pienso en ella todo el tiempo. Si todos nacimos con el Pecado Original, entonces todos nosotros somos imperfectos e indignos del cielo desde nuestro nacimiento, y sé, que por esto es que tenemos a la Iglesia y los sacramentos y la gracia de Dios, para ayudarnos a ser dignos del cielo. Cada uno de nosotros recibimos esta oportunidad a través del regalo de la vida. ¿Pero qué pasa con los millones de bebés inocentes que murieron por aborto? ¿Qué ocurre con las preciosas y pequeñas almas de los que son asesinados en el vientre? ¿Van ellos al cielo? Quiero iniciar la respuesta a esta pregunta citando un texto del Nuevo Catecismo de la Iglesia: "La Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de su muerte y allí sufren penas del infierno, 'el fuego eterno'. La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira" (No 1035). El texto de catecismo se basa en el I Concilio de Lyon de 1245, en el canon 24 del Decreto sobre los griegos (es decir, Iglesias Orientales). Es importante notar que el concilio habla de ir al infierno, a quien muere en estado de pecado mortal. El concilio no dice el que muere "sin ser bautizado" va al infierno. A los niños que mueren por aborto o por otras causas antes de ser bautizados no se les puede, por tanto, aplicar esta verdad de fe del Magisterio de la Iglesia Católica. La diferencia entre "morir en pecado mortal" y "morir sin ser bautizado" es vital para poder entender lo que enseña la Iglesia Católica. Morir en pecado mortal significa morir sin Cristo, por tanto sin el Redentor y por lo tanto viene la condenación eterna. "Morir sin ser bautizado" significa morir sin el auxilio de la Iglesia. Esto quiere decir, que el niño o un adulto sin bautizar mueren sin el auxilio de la Iglesia, pero no sin el auxilio de Cristo. La Iglesia asegura a quien recibe los medios de salvación, es decir, Bautismo, Confesión, Unción la salvación. Esto lo puede hacer la Iglesia porque Cristo mismo le dejo estos medios de Salvación. Si alguien no los puede recibir la Iglesia no le puede asegurar su Salvación eterna; de esta forma, quien muere sin el Bautismo queda en manos de la misericordia infinita de Cristo. La Salvación de Jesucristo va más allá de los medios de Salvación que Cristo mismo dejo a su Iglesia. Estimado Padre Durazo: ¿se confiesan los sacerdotes? ¿O se pueden absolver ellos mismos? ¿Si ellos se confiesan, entonces con quien lo hacen? ¿Y cada cuánto tienen que confesarse?
Los sacerdotes debemos también de confesarnos, al igual que todos los fieles laicos, los diáconos y los señores obispos, los cardenales y el Santo Padre. Lo hacemos con otro sacerdote. No podemos absolvernos a nosotros mismos. Sobre la periodicidad con que debemos confesarnos no hay una norma especial para los sacerdotes. Recordemos que la Confesión tiene dos motivos principales. El primero es el perdonarnos los pecados graves o mortales. Pero también la confesión frecuente, cada uno o dos meses es muy saludable para mantenernos en gracia y fortalecidos para no cometer nuevos pecados mortales y también porque la Confesión borra los pecado veniales. El articulo 5º del Canon 276 del Código de Derecho Canónico pide a los sacerdotes: "Se les insta a que hagan todos los días oración mental, accedan frecuentemente al sacramento de la penitencia, tengan peculiar veneración a la Virgen Madre de Dios y practiquen otros medios de santificación tanto comunes como particulares".
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