"¿A QUIÉN IREMOS?"COLUMNAS DE 1997
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¿A Quién Iremos? de Agosto 1997
Soy una persona que trabaja y tiene una familia que mantener, pero quiero contribuir con una cantidad justa a la Iglesia. ¿Cómo puedo saber que cantidad de dinero debo dar en la limosna cada domingo? ¿Qué pasa si no doy nada? ¿ Acaso mis donativos a otras actividades de caridad cumplen con mi obligación de feligrés? Respuesta: Es justo que apoyemos a nuestra Iglesia con lo que podamos, normalmente se pide que uno de algo de sus ganancias al año, el 10% de lo que recibe. Esto proviene de una tradición muy sólida en el mismo Antiguo Testamento, a esto le llamamos el diezmo, que es diferente de lo que puedo dar semanalmente. Lo que cada domingo debo dar es de acuerdo con lo que hago y gano; sí sería bueno pensar en que los pobres dan mucho y los pocos que son ricos dan poco. Recordemos la anciana pobre en el templo, durante el tiempo de Jesús. La cantidad no es lo que importa sino el interés que tengo por ayudar, así que la cantidad no la podemos decidir aquí en este artículo, pero podríamos hacer un cálculo aproximado ; si yo gano 400 dólares a la semana podría dar cada domingo unos 10 dólares, más o menos. No creo que eso me lleve a la ruina económica. Yo creo que otras actividades de caridad podrían suplir lo que yo doy al año, pero cada semana podríamos dar un poco de lo que tenemos, ya que todos los días el Señor nos da el aliento de la vida para vivir en nuestras familias y en nuestros trabajos, y eso no nos lo cobra. Como que a veces nos hacemos muy egoístas y perdemos de vista la caridad que podemos hacer; eso que tienes no te lo vas a llevar al cielo, por eso piensa en tu alma y en el bien que puedes hacer a tu Iglesia. En definitiva tu ayuda a la Iglesia no es para que los padrecitos tengan cuentas en Suiza, sino al contrario, es para cooperar con el sustento justo de los sacerdotes y además para la construcción de otros templos, la caridad social, las guarderías y orfanatorios católicos. La Iglesia es un cuerpo visible, es decir vemos sus estructuras y sus actividades; pero por otro lado sabemos que la Iglesia es un cuerpo místico, es decir, una comunión de fieles celestes y terrestres que buscan al mismo Dios y que se alimentan del mismo pan. Esta Iglesia vive peregrina en la tierra y necesita medios para subsistir, no puede vivir del aire. La Iglesia la formamos todos los creyentes y tenemos la obligación de mantenerla en pie, con nuestro apoyo no sólo moral y espiritual sino también material y económico. Es el quinto mandamiento de la Iglesia Católica, el cumplir con mis deberes como fiel en lo que se refiere al respaldo monetario. Uno recibe muchos beneficios por parte de la Iglesia, los sacramentos y todos los bienes espirituales a los cuales estamos invitados a participar, para que estemos en comunión con el Padre. No es justo que pensemos sólo en recibir, no es bueno que estemos con la mano estirada esperando que la Iglesia me haga partícipe de esos bienes, y yo tranquilo sin hacer nada o sin contribuir en algo. Respuesta: La confesión es el sacramento del perdón, es el signo de comunión con Dios. Cristo se ha humillado en la Cruz para que yo me salvara de mis pecados y fuera libre de morir eternamente. En la fiesta pascual Cristo nos ha dado la grande gracia del perdón del Padre y por eso el irse a confesar es el ir al encuentro del Padre misericordioso que todo perdona, menos el pecado contra el Espíritu Santo. Todo perdona excepto que yo no quiera estar en comunión con él y que me burle de él. Dios no me puede salvar si yo no quiero, porque nos ha otorgado una libertad y esa realidad nos puede perder; por eso se habla del drama del humanismo ateo, porque el hombre puede realmente condenarse, es decir, perder la comunión con Dios por toda la eternidad por no creer en Su palabra. Así pues la comunión espiritual es indispensable para la comunión del cuerpo y de la sangre de Cristo; "Quien come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene la Vida Eterna", dice el Señor, pero si yo no comulgo adecuadamente, entonces como mi propia condenación. Eso lo dice la Escritura. Esto parecería estar en contra de lo que hemos escuchado tantas veces en la Iglesia, de que Dios es bueno y de que él es amor; de que a fin de cuentas me perdonará. Recuerda que no existe el mañana, existe sólo el presente. En realidad no podemos olvidar que hay una seriedad en todo esto porque hemos sido hechos libres, Dios no nos obliga a creer en él, sin embargo él se nos manifiesta de tantas maneras, que sería absurdo no creer. Y si yo voy a comulgar en pecado mortal es no creer en la Palabra de Dios y esa comunión no me hace nada bien, al contrario. Por eso es necesario irse a confesar con el sacerdote, pues aunque seamos incrédulos, Dios se vale de la mano del padre para poder absolver nuestras manchas, Cristo ha dado ese poder a la Iglesia después de la resurrección. La confesión no es un ir a recibir un sermón, sino es el ir a encontrarnos con nosotros mismos y al mismo tiempo purificar nuestras conciencias de las obras muertas, que sólo nos dan tristeza e inquietud. ¡Qué nos cuesta ir a la confesión y arreglar cuentas pendientes! ¡Vayamos al encuentro de la misericordia infinita de Jesús! El te espera con los brazos abiertos. "Hoy mismo estarás conmigo en el Reino de los Cielos", dice Jesús al ladrón arrepentido. No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. Decídete ahora. Busca la paz y Dios habitará en ti. Hasta la próxima. |