La Cruz de California

"¿A QUIÉN IREMOS?"

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¿A Quién Iremos? de Junio 1998

¿Por qué los sacerdotes no se casan y tienen familia? ¿De dónde viene la normativa del Celibato? ¿Usted cree que esto pueda ser cambiado algún día?

Citas bíblicas del Celibato: (a) Es una opción, no se contrapone al matrimonio -- Mt. 10:34-37 ; 19:11-12 ; 19,29. (b) Mayor perfección -- 1 Cor. 7. No es que sea irreformable, pero la Iglesia Católica de Rito Latino lo cree conveniente para sus Ministros. Entonces no se trata de comprenderlo humanamente, ya que es un don que solo Cristo puede dar, una gracia recibida de Dios, no es la búsqueda de un estado ascéticamente mayor, el celibato es una entrega total y una profunda coherencia de la presencia del Reino de Cristo entre nosotros; siempre será parte del misterio de Dios dentro de la tradición y todo intento de justificar por medio de la razón nos dejará muchas dudas; a la luz de Cristo resucitado, el lugar de la Alianza y por tanto del Reino, el cristiano debe captar claramente que la personalidad humana ideal no es ni la del célibe ni la del casado sino la del hombre plenamente configurado con Cristo en la gloria de la resurrección, así que el celibato, no es una norma, ni obligación, sino una donación generosa y espontánea dentro de un estilo de vida de pobreza y renuncia espiritual, de modo que en un abandono en Dios su consagración incondicional a Cristo sea configurada como renuncia -- a la casa, a la esposa, a los hermanos, a los padres, a los hijos por el Reino de Dios», de la misma manera que quien decide casarse renuncia a sus padres, hermanos, amigos y a todas las demás mujeres u hombres; así que no se preocupen por el celibato en demasía, hay más tabú que realismo, puesto que quien decide configurarse con Cristo, en cualquier vocación, en la libertad de hijo de Dios, se entrega plenamente con amor total y no a medias.


Estoy bastante confundido sobre la promesa que Dios ha hecho sobre nuestros cuerpos en la Vida eterna, es decir que nuestros cuerpos van a ser resucitados. Yo nací con un defecto de nacimiento en mi brazo izquierdo y he tenido muchos problemas físicos toda mi vida. Si yo me salvo y soy resucitado por Cristo, ¿tendré el mismo defecto y las demás consecuencias que hasta ahora he sufrido?

Sin dejar a dudas la respuesta es que una vez que resucitemos, será en cuerpos nuevos y gloriosos como el de nuestro Señor Jesucristo, así que mi consejo es que desde la condición en que Dios nuestro Señor te llamó a la existencia tienes la obligación como todas las personas de luchar por tu salvación, para alcanzar los méritos de la resurrección, así que despreocúpate de tu defecto físico, ponlo en las manos de Dios y desde hoy ofrece todos tus sufrimientos y fatigas a Dios, unidos en la pasión de Cristo y verás que juntamente con él alcanzarás la resurrección en la misma perfección plena con que Cristo nos salvó. Seguramente tu no sufrirás lo que hasta ahora has sufrido porque verás a Dios.


Mis Padres nos enseñaron desde pequeños que debíamos besar las manos del sacerdote cuando lo saludáramos. Pero me he dado cuenta que muy pocas personas lo siguen haciendo en mi Parroquia, y no estoy muy seguro si debo continuar enseñando eso a mis propios hijos. ¿Esta tradición es aún vigente dentro de la práctica católica?

Sin duda que en nuestra Iglesia Católica existen muchísimas tradiciones, y que gran parte de ellas han caído en desuso; durante mucho tiempo se nos enseñó besarle la mano a los sacerdotes porque el sacerdote es representante de Cristo, y partiendo desde este punto es reconocer la dignidad del sacerdocio de Cristo en una persona humana, así que siempre será un bonito gesto de veneración al sacerdocio de Cristo, en esas manos que consagran y bendicen en el nombre del Señor Jesús. Por eso mi consejo es invitar a conservar estas tradiciones, y jamás presionar, pues es mejor explicar y crear conciencia de la dignidad de ser ministro y representante de Cristo ante los hombres, y si brota el gesto espontáneo adquiere un carácter sublime que eleva la fe de la persona que da el gesto de amor y reconocimiento a la entrega por Cristo.