La Cruz de California

"¿A QUIÉN IREMOS?"

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¿A Quién Iremos? de Mayo 2001

Estimado Padre Jorge Echegoyen, me pregunto si mi inquietud con respecto a la Sagrada Eucaristía tiene una explicación lógica, simbólica o mística. Aún cuando no me incomoda en mi fe saber que Jesús es verdadero hombre y verdadero Dios, las palabras de la consagración en la Eucaristía me parecen como si fueran una aberración para la mente humana. Como si alguien me pudiera acusar de sectario, ¿cómo es posible comerse la carne y tomarse la sangre de una persona viva?, o bien ¿qué sentido tiene pensar en revivir la pasión dolorosa de un hombre-Dios? Todavía sigo sin comprender algunos detalles sorbe la liturgia de la Eucaristía. Le agradezco de antemano por sus atenciones. ¡Gracias!

Nuestra sociedad, centrada en el rendimiento y la eficacia, no deja demasiado espacio a la celebración. Los seres humanos cada vez se toman menos tiempo para vivir la 'fiesta', absortos como estén en cumplir los programas que la ciencia o la técnica han establecido para ellos. Al mismo tiempo se han abandonado los símbolos, los ritos y los rituales. Como dice el zorro en la obra de El Principito del francés Saint-Exupéry, "es algo demasiado olvidado"; los hombres y las mujeres de hoy han y hemos perdido la realidad de los misterios que se esconden bajo los signos sacramentales. Es muy difícil, querido amigo, entonces querer entender una Realidad bajo esas circunstancias; sin embargo no es imposible, porque la Iglesia lo sigue celebrando, y sobre todo la Eucaristía, que es el centro de la vida de la Iglesia. Es verdad que cuando uno dice que va a comer el cuerpo de Cristo o beber su sangre, se nos hace ilógico pensar en que uno pueda hacer realidad eso. Por eso los sacramentos de la Iglesia son signos, o sea son sacramentos de algo escondido, porque el cuerpo de Cristo y su sangre son realidades no cuantitativas sino divinas y de otra dimensión. Que cuando vamos a comulgar estamos realmente participando en la pasión y muerte de Jesús, de su cuerpo resucitado. Así pues los sacramentos son celebración real y se convierten en mediaciones, es decir, en entornos expresivos en los se efectúa la salvación de manera concreta.

No somos antropófagos sino que somos creyentes en el Dios vivo que puede hacer posible nuestra alimentación espiritual a través de signos que conceden la gracia y que confieren una participación en la vida divina. No son mero simbolismo sino que contienen la realidad que representan pero de manera sacramental. Ojalá y me pueda expresar mejor, pero la Iglesia siempre ha creído que la comunión, además de tener todos los elementos de relación y de donación gratuita, es un rito muy importante de una religión que no nace de la voluntad humana sino del Costado herido de un Señor que es el único Dios y Maestro de vida, del Señor Jesús, el Hijo eterno del Padre, que promete lo siguiente: "El que come mi Cuerpo y bebe mi Sangre, tiene Vida Eterna". Quizá el mundo moderno tenga otras categorías, pero en eso consiste la teología del catolicismo, en poder dialogar con el hombre contemporáneo y darle a conocer las verdades de la fe.

Lo invito a ver el documento de la Clausura del Congreso Internacional Eucarístico XLVII del domingo 25 de Junio del 2000, está en Internet, en http://www.christusrex.org; o en http://www.vatican.va.

Padre, estoy tratando de enseñarle a mis tres hijos en ser buenos católicos, pero con toda la influencia de la televisión, de las películas y de lo que se les enseña en las escuelas, créame que es muy difícil. Aquí tengo un problema que ha surgido, y que creo Usted me pueda ayudar. Mi hijo mayor se encontró una cartera en el autobús, y contenía como 40 dólares. Había en la cartera identificaciones, la dirección y hasta el número de teléfono. Le dije varias veces a mi hijo que regresara la cartera y el dinero, claro. Mi hijo no ha querido hacerlo, y comentaba que lo que se perdía era para el que se lo encontrara ("Finders keepers, losers weepers"). ¿Qué le digo?, ¿Cómo católico, que debo hacer?

Siento que es prudente hablar con su hijo y pedirle encarecidamente que entregue esa cartera puesto que si tiene la dirección no tiene ningún derecho de quedarse con ella. Si la encontró, ¡qué bueno!, pero si tiene la obligación de devolverla. Dice Jesús en el evangelio, recordando algunas sentencias del Antiguo Testamento, "no hagas a nadie lo que no quieres que te hagan a ti", o bien en positivo, "haz al otro lo que a ti te gustaría que hicieran contigo". Si aplicamos ese principio a nuestra vida, y en este caso, a la vida de su hijo, es menester que se comprometa a pensar en lo siguiente; "si a mi se me hubiese perdido la cartera, no me hubiera gustado que el que se la hubiese encontrado, la tirase a la basura o se quedara con ella, aun cuando tuviese la dirección y los números de teléfono". Ojalá y acepte pues Dios lo recompensará de otra forma. Recordemos que la Vida da muchas vueltas, y no sabemos cuándo se nos ofrezca a nosotros.