La Cruz de California

"¿A QUIÉN IREMOS?"

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¿A Quién Iremos? de Mayo 2000

Padre Jorge, ¿es permitido para un católico ser cremado en vez de ser enterrado? ¿Hay reglas especiales para estos casos por parte de la Iglesia?

La práctica pastoral de los últimos 20 años ha sido muy flexible entorno a la posibilidad de ser cremado. No hay inconveniente para que un católico sea cremado o incinerado, pues sabemos que teológicamente hablando, se tiene la certeza de la resurrección corporal de los cuerpos por parte de Dios, y no hay la mínima duda de que el cuerpo resucitado será un cuerpo glorioso, si es juzgado benignamente por Dios, lo cual significa un gran mensaje para todos nosotros, ya que no importa cómo esté nuestro cuerpo al finalizar su actividad terrenal dada la trascendencia de nuestra vida espiritual, ni tampoco importa si este es cremado o incinerado. Lo que importa es el alma. No tenga miedo en cremar alguna persona, no es pecado y ni tiene que ver contradicciones con el pensamiento de la inmortalidad del alma humana, pues el cuerpo es polvo y al polvo regresa. Lo que sí vale es cuidar nuestro cuerpo de las obras de la carne en vida, que nos llevan a destruir nuestro propio cuerpo y nuestra alma. Ya la Iglesia tiene mucho recorrido en cuanto a la práctica de incinerar a sus fieles, es una costumbre antiquísima que no es propia de la cultura occidental, viene del lejano oriente y no exactamente del cristianismo; de todos modos es una sana costumbre. Por muchos motivos había la idea antes que los cuerpos no se debían incinerar dada la importancia del féretro y del funeral con el cuerpo entero, y por razones supuestamente teológicas según las cuales incinerar era una falta de respeto al cuerpo, pero hoy por hoy se acepta tranquilamente que las cenizas estén en Misa de funeral en lugar de un ataúd, que quizá para algunos pueda ser más impresionante que para otros. Entonces como pequeña conclusión, si está bien incinerar a los difuntos. Hay gente que dice que cuando muera le gustaría que sus cenizas se esparcieran por el mar y que no se le llorara a su muerte. A mí me parece esa una opinión muy ligera ya que el cuerpo tiene su lugar para que se le respete y es necesario promover la cultura de la vida, comprometiéndose con un Dios que ama la vida, pues es un Dios de vivos. Además no se puede ser indiferente al dolor por la muerte de un ser querido, es humano sufrir y llorar por lo que uno quiere y ha perdido.


Padre Jorge, estoy muy preocupado acerca de mi Párroco. Estoy enterado de que está haciendo algo que es inmoral e ilegal, pero no quiero hacer escándalo en la Iglesia reportando a las autoridades. El Padre es muy respetado y muy poderoso en mi diócesis, por eso no sé con quien dirigirme. No hay duda de que lo que está haciendo está mal, y que si es sorprendido algún día, va a dañarlo mucho a Él y a la Iglesia, a la cual yo amo mucho. ¿Qué puedo hacer al respecto?

El principio evangélico de Jesús respecto a estos casos me parece sea este: 'Si alguno de tus hermanos peca, ve con Él a solas y platica con Él'. Jesús nos enseña a ser misericordiosos con los demás y a no dejar que el afán de hacer justicia se convierta en una falta de respeto a la privacidad de las personas y a su honorabilidad. A veces nos imaginamos cosas pero no siempre son realidad, por desgracia tomamos ideas de lo que nos platican, pero pocas veces somos testigos oculares de situaciones adversas y chocantes. Si no te hace caso a ti, llévalo ante dos personas, pero si no hay resultado así entonces ve con sus superiores. Este principio es el que debería usted seguir: Aunque sea muy venerable y respetado, vaya con su Obispo y tranquilamente platíquele la situación; si no hay resultado entonces su trabajo habrá acabado, y le tocaría solamente orar e interceder por esa persona. No creo que sea conveniente que a la fuerza uno quiera hacer justicia, porque podríamos evitar el escándalo y sería lo mejor que pudiéramos hacer, al reconocer que a fin de cuentas los sacerdotes también seremos juzgados por Dios, y no somos inmunes al pecado y al error. Yo entiendo que es triste cuando el pecador se lleva entre sus errores a otras personas, pero no tenemos derecho a destruir a nadie ni a difamarlo. Lo mejor es con caridad hablar con Él, y externarle su preocupación. Pedirle a Nuestro Señor se apiade de Él y buscar que se haga justicia desde un vínculo de caridad fraterna. Hable con su Obispo y hágase acompañar por algunas personas que también sepan del asunto, tratando de ser muy cuidadosos y objetivos.


P. Jorge: Mi esposa y yo hemos vivido juntos por tres años sin estar casados por la Iglesia, aunque si lo estemos por el civil. Tenemos dos hijos, y viene un tercero. Nosotros dos estamos decididos regresar a la Iglesia, pero sabemos que no podemos recibir los sacramentos hasta que nos casemos; mi pregunta es: ¿hay un proceso que tengamos que seguir para reconciliarnos con la Iglesia, nosotros y nuestra pequeña familia?

En realidad los felicito y me enorgullece saber que han decidido estar en plena comunión con la Iglesia, a través de los sacramentos. Creo que no hay que hacer nada en especial más que prepararse y acercarse a su párroco. El proceso es muy sencillo; primero platiquen con el Padre de su comunidad, luego prepárense para recibir los sacramentos que les hagan falta y luego pidan ser bendecidos por Dios a través del sacramento del matrimonio y hagan otro tanto por sus hijos. La Paz de nuestro Señor está con ustedes y que María santísima los proteja de todo peligro. Dios está con ustedes.