"¿A QUIÉN IREMOS?"COLUMNAS DE 2000
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¿A Quién Iremos? de Abril 2000
La Nueva Evangelización y los medios de comunicaciónEl Papa Juan Pablo II nos ha invitado, muchas veces, a dar a conocer a Cristo mediante nuevas formas de expresar el evangelio, nuevos criterios y nuevas modalidades de cómo anunciar la Verdad revelada; nos ha mostrado el camino para poner en práctica el Concilio Vaticano II en cuanto se refiere a la apertura por parte de la Iglesia al Mundo y el uso de los medios de comunicación para la Nueva Evangelización. De hecho en la Iglesia existe una congregación religiosa que se dedica, de tiempo completo, al uso de todos lo medios modernos de comunicación y a la interacción entre medios, vida cristiana y valores humanos (Los Religiosos de San Pablo). La Iglesia ha avanzado muchísimo en materia del uso de los medios de comunicación, que según algunas personas del medio, el Vaticano es uno de los países más fuertes en cuanto a medios de información se refiere. Aquí en México no ha habido mucho avance, no hay periódicos católicos que puedan ser leídos por toda la ciudadanía, como en Italia o en Alemania, donde los católicos tienen bastantes medios para expresar el punto de vista de la Iglesia. A lo mucho nos conformamos con pequeños periódicos, que con mucho esfuerzo y sin quitarles mérito, buscan dar a conocer los lineamientos de la Iglesia, a través de folletitos, de revistas, o de periódicos semanales o mensuales. Pero alcanzan a muy poca gente tristemente. La gran mayoría de la población ni siquiera sabe que existen. Lo cual dice que a la gente muchas veces lo que le interesa es lo amarillista, lo sensacional, lo exótico y lo brutal. Y en cuanto la Iglesia opina sobre algo de la vida social, luego luego la tachan de entrometida, de metiche, etc. No es fácil utilizar los medios, porque cuando uno como sacerdote hace cualquier declaración, la mira se agudiza sobre uno y hasta puede que lo hagan pedazos, ya que el que tiene la pluma tiene el poder. En Tijuana, por ejemplo, vemos uno que otro periódico, siempre con la punta de lanza, lista para dañar a la Iglesia, menospreciándola, retándola, burlándose de ella y riéndose de lo que piensa y propone. Es muy lamentable que no sepan utilizar los medios de comunicación para ayudar a la comunidad, para dar soluciones a los problemas gravísimos de inseguridad, de violencia, para informar conscientemente de los hechos acaecidos en la entidad. Han surgido periódicos últimamente que si se han comprometido con los valores de honestidad y veracidad. Por desgracia, ya que existen las comisiones de los derechos humanos, se excusan en el fenómeno de tener que decir la Verdad, si, claro su "verdad", sus medias "verdades", se esconden detrás de la bandera de que la Iglesia tiene modales "muy finos" y que todo lo ve mal. Parece ser que hay medios de comunicación que están muy decididos a menospreciar la labor de la Iglesia y a dañarla en sus estructuras, cuando, sin fundamentos miente y calumnia a los sacerdotes, a los obispos, a los religiosos y seminaristas. A ellos y sus guías, a los directores de los medios les pedimos seriedad, les exigimos cordura y sensatez. Que hagan su trabajo sin mentiras y sin chismecitos. Me doy cuenta que en muchas ciudades de California, en E.U., quizá la Iglesia pasa desapercibida, como si no se oyese su voz en el medio ambiente, como si no opinara de los hechos de la vida real y material. Es quizá porque se le quiere relegada en la sacristía, metida en los confesionarios, y no en la opinión crítica hacia los problemas sociales que nos atañen. Así no se puede hacer una buena evangelización. La Iglesia requiere un medio, pide oxígeno para que la dejen ser y luchar por sus ideales; no se le puede mantener alejada de los problemas diarios, porque a ellos se comprometió Dios para construir el Reino en medio del mundo. Además la comunicación en la Iglesia se da, pero dentro de los marcos de la obediencia y el respeto al Obispo, y nunca usando a los medios para atacar a su propia Iglesia, o su propio pastor. Es Cristo que pasa y no podemos ser indiferentes a eso; requerimos entonces la fuerza de voluntades para luchar por nuestros derechos de libre expresión y nunca de libre calumnia, como lo hacen algunos periódicos. Se necesitan hombres y mujeres que se llenen del fervor de los santos para comprometerse con la Nueva Evangelización que quiere el santo Padre, llenos de optimismo, que aunque atacada sea, jamás será dominada por los enemigos, ya que le Iglesia es Cuerpo de Cristo, y los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Pensemos que la evangelización renueva su encuentro con el hombre, está unida al cambio generacional. Mientras pasan las generaciones que se han alejado de Cristo y de la Iglesia, que han aceptado el modelo laicista de pensar y de vivir, o a las que ese modelo les ha sido impuesto, la Iglesia mira siempre hacia el futuro; sale, sin detenerse nunca, al encuentro de las nuevas generaciones. Y se muestra con toda claridad que las nuevas generaciones acogen con entusiasmo lo que sus padres parecían rechazar. ¿Qué significa esto? Significa que Cristo es siempre joven. Significa que el Espíritu Santo obra incesantemente. ¡Qué elocuentes son las palabras de Cristo! : "¡Mi Padre obra siempre y yo también obro!" (Juan 5,17). La Iglesia, a pesar de todas las pérdidas que sufre, no cesa de mirar con esperanza hacia el futuro. Tal esperanza es un signo de la fuerza de Cristo. Y la potencia del espíritu siempre se mide con el metro de estas palabras apostólicas: "¡Ay de mí si no predicase el evangelio!" (I Corintios 9,16).
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