"¿A QUIÉN IREMOS?"COLUMNAS DE 2002
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¿A Quién Iremos? de Enero 2002
Querido Padre Jorge, si Dios es todopoderoso y amoroso, ¿Por qué Dios permite que sucedan cosas como las del 11 del septiembre, del ataque al "World Trade Center"? o bien, ¿Por qué la muerte de inocentes en Afganistán? Siempre que yo veo el mal y la injusticia en el mundo, me hace dudar de mi fe.Ante todo lo saludo en el Señor, y además lo invito a tener fe y a crecer con estos acontecimientos, en su vida, en su familia y en su religiosidad. A todos nos impactó lo que pasó el 11 de Septiembre, yo no podía creer ver que la gente se tiraba de las ventanas de los pisos altísimos. Yo también lloré al ver a las mujeres ejecutadas a sangre fría, en los estadios de Kabul. Pero no por esto le voy a echar la culpa a Dios. Si Jesús mismo sufre con usted y conmigo. El está a su lado. No se sienta abandonado. No vamos a poner a Dios en el banquillo de los acusados. Porque podríamos decir que cuando todo va bien tenemos fe, pero cuando nos suceden cosas malas o bien vemos la injusticia, entonces perdemos la esperanza y la confianza, como si Dios no hablara en la conciencia de cada uno de los hombres, a través de muchas maneras. No son pocos los que llegan a preguntarse: ¿Para qué sirve la fe? ¿Para qué creer? ¿Cómo puede ayudarme la fe en mi vida de cada día? El caso es que sea como sea la fe llega, por desgracia, a desvanecerse, se convierte en un sentimiento de insignificancia y de inutilidad. Si no se ha profundizado en el conocimiento y en el amor a Nuestro Señor Jesucristo, resulta muy difícil entender el gran amor que Dios nos tiene. Si pensamos que Dios está allá arriba despreocupado de nosotros, haciendo mil cosas, pero menos enterneciéndose con la vida de los hombres, estaríamos muy equivocados. Dios aumenta nuestra fe y propiamente por esa relación con el Señor nos encontramos con un Dios que se ha encarnado y que hace posible que nuestra cotidiana vida adquiera una dimensión enorme de potencialidad y de esperanza. Dios quiere nuestro bien y por ningún motivo dejará al hombre sólo, pero he aquí que viene el problema. El tema de la libertad, que en fin de cuentas está muy unido con la realidad del pecado y del mal. Esos temas que, desde el punto de vista ético y filosófico muchos han querido resolver, pero que se han topado con uno de los misterios más grandes de la humanidad, porque sigue estando en el misterio del mundo antidivino, ¿por qué esa falta de bien, si a todos nos gusta la libertad, la felicidad, la bondad y el gozo? Ahora bien, es obvio que Dios no quiera el mal, pero lo permite por la misma libertad que le ha dado al hombre. Y por cierto, hay un tipo de ateísmo que se auto-promulga ateísmo de protesta. Entre los tipos de ateísmo este es muy triste porque se da cuenta que Dios no puede existir, puesto que si estuviera con nosotros no permitiera tantas maldades; es más no hubiera permitido la muerte de su propio Hijo. En el caso del 11 de septiembre y de la muerte de los inocentes en Afganistán vemos muy grave la situación de la guerra entre intereses norteamericanos y los extremismos integralistas de los musulmanes. Los dos son posturas aniquiladoras y deshumanizante. Pero es claro que a nadie le gusta que se maten inocentes; es más estoy seguro que la mayoría de los hombres en la tierra no desearía ninguna guerra, en el fondo. Y si Dios lo permitió no es por su culpa, sino por el mismo hombre que ha sometido la tierra a sus caprichos y antojos. Yo creo que el problema más grave en los años que estamos viviendo no sea ya el terrorismo, ni el ateísmo como visión del mundo, sino un escepticismo difuso y generalizado, que en cierta medida sostiene el ateísmo teórico (negación de todos los valores trascendentes) y práctico (hedonismo). Fíjense, ¡qué curioso!, sólo hasta que pasó todos esto, mucha gente se puso a orar fervorosamente, y otros más, despistados, regresaron a Dios, buscando un refugio. Además que el mundo se dio cuenta de lo frágil que somos y las injusticias por las que pasan los hermanos de Afganistán, las mujeres y los niños. Dios está hablando, aún en las situaciones tan adversas, porque Dios escribe derecho con renglones torcidos. Pero recordemos que el ejercicio de la libertad humana es siempre, cooperación u oposición a la obra de Dios, aceptación o rechazo de Cristo y en el del Padre. La pregunta se parece mucho a la primera. Se trata del tema del mal en el mundo y muy en particular del pecado original de nuestros primeros padres. El mal, parece contradecir la idea de la providencia divina y del cuidado amoroso de Dios por sus hijos. ¿Cómo puede ser que se rechace el ofrecimiento de amor que puede causar la perdición eterna del hombre? Todo este tema y muchos otros relacionados, se encuentran en los manuales de antropología teológica, que a lo mejor no todos tenemos el acceso tan rápido como el los teólogos que se esfuerzan en explicar estas realidades, pero permítanme hacer algunas reflexiones: (1) El suelo está maldecido por la culpa de Adán y Eva, esto es una verdad de la teología del estado original en la antropología teológica, pero todo ha sido por su desobediencia y por salirse del estado de gracia en el cual el hombre estaba desde el principio. Pero cuando Dios expulsa al hombre del paraíso, no lo arroja a la desesperación, sino que de este modo se abre desde un principio la perspectiva de una posibilidad aún inimaginable de realizar a pesar de todo el destino original. Esa es la maldición de Adán, que no goce del camino de la realización, ampliación y eternización de lo que estaba fundamentado sino que con sus manos se ponga a trabajar con el sudor de su frente para ganarse el pan de cada día. (2) Por otra parte el Papa Juan Pablo II habla, en su encíclica Laborem Excercens, sobre la santificación del trabajo. Nadie puede ganarse el cielo sino trabaja por su salvación y se entrega a la Voluntad de Dios, en el trabajo diario que le de la posibilidad de ganarse su propio Pan. El trabajo es un forma de santificar el tiempo y además se va convirtiendo en lugar de desarrollo mental y físico. En el esfuerzo continuo para transformar la tierra y hacer que se haga justicia. El trabajo es bendecido por Dios. Si gusta ampliar el tema, lea el libro del Génesis, capítulos 2 y 3.
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