La Cruz de California

"¿A QUIÉN IREMOS?"

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¿A Quién Iremos? de Enero 2000

LA HOMOSEXUALIDAD COMO CONDUCTA DESVIADA

En la segunda semana de Octubre de 1999 se presentaron en Tijuana unos grupos de activistas a favor de la homosexualidad y el lesbianismo e hicieron un congreso latinoamericano que convocó varias personas de muchas partes del mundo, y los medios de comunicación investigaron cual había sido la reacción de la sociedad tijuanense. Esto llevó a que también nos preguntaran a nosotros sacerdotes, sobre la postura de la Iglesia, y ciertamente hubo bastante revuelo esos días, pues se hicieron declaraciones no muy buenas y otras menos malas, pero en realidad se atacó a la Iglesia directamente solo por un personaje que según esto es defensor de los Derechos Humanos, criticando a nuestra Institución, sin tener ninguna prueba, y sólo por hablar, como lo hacen los que no tienen nada nuevo que decir, poniendo en duda la integridad de tantos sacerdotes y seminaristas que han realizado en sus vidas el mensaje de Cristo, en la lucha diaria por ser mejores.

Surgió entonces una pregunta en los medios: ¿Cuál es la postura de la Iglesia ante el tema de la homosexualidad? Por eso quise tomar este tema esta ocasión para platicar con ustedes sobre la cuestión. Primero permítanme decirles esto; tenemos que diferenciar entre aquél que tiene una cierta inclinación hacia personas de su propio sexo (homo-mismo), y entre los que pugnan por los 'derechos' a elegir la forma de vida que a cada quien convenga. Yo creo, y hablo a título personal, que hay una enorme diferencia entre un caso y el otro. Aún con la no convicción de que nazcan así, porque según esto se dice por ahí que nacen algunos con ese defecto, (lo cual ya está superado por la ciencia médica y en caso que pasase algo así, los Papás deberían educar a sus hijos para que se realicen como lo que son), yo estoy seguro que la labor de ser hombre o mujer es una tarea moral que hay que realizar todos los días hasta la muerte de cada quien, porque el ser persona no es una añadidura a nuestro ser sino que es nuestra propia razón de individualidad, que nos caracteriza de los demás y nos permite ser yo y no tu, seres concretos con una sexualidad bien definida. Todo esto lo digo con caridad y sin buscar oficializar la postura del Vaticano, porque no soy yo vocero de esa Institución, sino simplemente un miembro más del clero mundial, que lucha para que nadie se sienta víctima de nada. Porque aquí no hay víctimas sino que se hacen, y pensando que ofrezco la visión de la Iglesia actual, ortodoxamente hablando.

¡No más dígame usted si es normal pensar que alguien pueda tener derecho a casarse por el civil o por la Iglesia (como en San Francisco, CA), y pensar en formar un hogar con hijos adoptados, en donde los 'cónyuges' juegan el papel de Papá y el otro de Mamá, siendo que los dos son del mismo sexo, (¡donde quieren que entienda esto!). Y mi importa poco si una parte de los artistas en Hollywood anden en esos pasos, puesto que yo no sigo a ningún artista, mas que el Evangelio de Jesucristo. Y eso que no estoy en contra de nadie ni tampoco condeno a nadie, sólo digo lo que pienso en este hermoso medio de comunicación, gracias a mis amigos que me permiten escribir en este periódico independiente y libre.

Segundo, permítame hacer esta aclaración bíblica: Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo presentan la homosexualidad como una de las perversiones más llamativas. La subcultura homosexual estuvo relacionada, frecuentemente, con un culto idolátrico a un dios varón. Cuando Pablo habla del fenómeno de la homosexualidad en las culturas paganas, no de los homosexuales, pronuncia este duro juicio: "Por eso Dios los entregó a las apetencias de su corazón hasta una impureza tal que deshonraron entre sí sus cuerpos; a ellos que cambiaron la verdad de Dios por la mentira... por eso, los entregó Dios a sus pasiones infames; pues sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por otras contra la naturaleza; igualmente los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se abrasaron en deseos los unos por los otros, cometiendo la infamia de hombre con hombre, recibiendo en sí mismos el pago merecido de su extravío" (Rom. 1,24-27).

La teología moral debe distinguir, como ya dijimos, entre personas con orientación homosexual exclusiva y otras que, con buena voluntad, podrían desarrollar plenamente la heterosexualidad. Colocarse libremente en la senda peligrosa y resbaladiza de la homosexualidad es un pecado serio contra uno mismo y contra otros. En el caso de los homosexuales que estaban desenfrenados, pero que ahora se han asentado en una amistad construida sobre ideales comunes y han disminuido abiertamente la actividad, se tendrá como criterio decisivo el del crecimiento en la castidad, en la totalidad de la vida y en las actitudes. La homosexualidad, a mi parecer, debe ser tratada por la ética médica, con la actitud cristiana de ser misericordiosos también, pero por el amor al Redentor, debemos desenmascarar aquellas teorías falsas que justifican estas formas de conducta apoyándose en errores graves sobre la significación de la sexualidad. La norma básica, creo yo, queridos lectores, es la de crecer en el amor verdadero, Pues la miseria de nuestro tiempo dice el gran teólogo alemán, el padre Häring, que no está en el crecimiento y exaltación de la sexualidad; radica, por el contrario, en su decadencia, consecuencia de su alejamiento del amor verdadero, el cual es entrega y sacrificio.