Por Alfredo Ortega-Trillo
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SIN AZÚCAR, POR FAVOR
Julio 2006
EL "EVANGELIO" "PROHIBIDO" DE "JUDAS"
Lo encontraron en la década de los setenta del siglo pasado en una cueva en la cuenca del Nilo. Circuló de mano en mano por el mundo ocultadizo de los anticuarios, luego pasó 16 años en una caja fuerte de Nueva York, hasta que lo adquirió la fundación suiza que junto con National Geographic financió la traducción. La interesante noticia se difundió los pasados domingo de Ramos y sábado de Gloria a través de canales de televisión de 160 países. Y es que no todos los días se rescatan testimonios del pasado de forma tan especta cu lar como ésta. Si ahora estoy aquí de aguafiestas es sólo por indignación ante la manipulación del hecho. ¿Pero qué podía esperarse de un título tan premeditadamente escandaloso? "El evangelio prohibido de Judas".
En esta modesta página me encuentro en desventaja frente al glamour del discurso televisivo, a menudo más convincente que el argumento lógico para el televidente común, pero usted se ha detenido a leer y será porque es persona de argumentos, lo cual me da una esperanza: que estaremos o no de acuerdo, pero no nos iremos indiferentes.
¿Evangelio? Del griego "evangelium", significa "buena nueva": la noticia de la salvación ganada para la humanidad por la muerte y resurrección de Jesucristo. Los libros que informan de esta noticia se llaman evangelios y en la Biblia hay cuatro: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Pero el manuscrito en cuestión no menciona nada sobre la muerte y resurrección de Jesús ni da cuenta de la Salvación. Así entonces no puede conside rarse evangelio.
¿Prohibido? Aunque permaneció durante siglos con paradero incierto, la Iglesia no desconocía la existencia del documento. No lo incluyó en la Biblia como tampoco incluyó muchos otros documentos considerados apócrifos, que habían sido escritos por sectas gnósticas ajenas a la religión recién nacida.
¿De Judas? El documento, distante en por lo menos doscientos años después de la muerte de Jesús, no pudo ser escrito por ningún contemporáneo suyo, como fue Judas, pero sí por la corriente gnóstica. La tradición gnóstica es oportunista y asimila a lo largo de la historia elementos de diversas religiones y creencias. Aunque ha tenido preferencia por las religiones orientales y el ocultismo, nunca se ha sustraído a la tentación de incorporar el prestigio de elementos cristianos a su mazacote sincrético de creencias y símbolos.
Conocer y ser constituyen los dos énfasis diversos en los que la gnosis y el cristianismo oponen sus actitudes ante la vida. La gnosis valora el conocimiento, el cristianismo la vida en santidad. Pero hay también una distinción más grande de fondo entre el cristia nismo y las sectas gnósticas: si Jesucristo es para el primero el hijo de Dios, para los segundos no es más que un gran iniciado.
El documento en cuestión no sólo no es un evangelio, sino que ni siquiera es un documento cristiano. Su lenguaje y simbolismo gnóstico saltan a la vista.
En uno de sus pasajes Jesucristo se dirige a Judas con la siguiente expresión: "El brillo de tu estrella se eclipsará para todos los demás". Esta frase no es de origen cristiano. Es práctica común del gnosticismo y de la astrología buscar el sino de las vidas personales en las estrellas, pero el cristianismo se confía únicamente a la providencia de Dios.
El manuscrito habla de "una chispa" dentro de nosotros como fuente de "elevación de la persona", lo que más se aviene a las artes que propalan hoy día los manuales o recetas para la felicidad que usted puede fácilmente encontrar bajo el rubro de superación perso nal en las actuales librerías. El cristianismo no habla de superación sino de salvación, y ésta no depende de las obras de cada uno, sino del valor salvífico de la sangre de Cristo vertida en el sacrificio supremo por todos nosotros.
La principal argumentación del documento se instala en la supuesta "buena" obra de Judas al entregar a Cristo. Y es que los gnósticos, para quienes cuerpo y materia son obstáculo para alcanzar la plena sabiduría, la entrega que hace Judas de Cristo, con la consecuente crucifixión, contribuye a ese fin.
Cuando los gnósticos de la secta de los cainitas escribieron el texto habían transcu rrido ya cuando menos dos siglos desde la muerte de Cristo, y podemos suponer que la especulación popular también había transformado la historia en leyendas más avenientes con las doctrinas en boga. Ni siquiera es cosas de mala intención. Es humano actuar así con un poco de convicción y otro de imaginación. Pero que un programa de televisión pretenda hoy desenterrar aquel error sepultado en las arenas de Egipto para frotárnoslo en la cara después de la transmisión del Código Da Vinci, y que mañana salgan con el morbo enfocado en María Magdalena, ya me hace pensar en una agenda de difamaciones bien orquestada en contra del cristianismo desde esa programación televisiva.
Sepa un poco de seis de los nueve investigadores, traductores, transcriptores y difusores que participaron en el programa: Elaine Pagels, judía anticristiana, autora de "Los evangelios gnósticos"; Amy Jill Levine, judía anticristiana, miembro de la organización judía denominada Liga Anti-Difamatoria en los Estados Unidos y, de paso, de organizaciones feministas pro-aborto; Craig Evans, con varios libros en su haber sobre sectas gnósticas en las que reiteradamente hace refe rencia al antisemitismo del cristianismo. Está también Bart Ehrman, con varios libros pu blicados en contra de Jesús. Por su parte, Stephen Emmel había fechado el documento inicialmente en el siglo V. Después dijo que era del siglo IV y al final lo cambió sin pruebas convincentes al siglo III, como se manejó en el guión del documental. Ciertamente hay también un sacerdote católico, el padre Donald Senior, presidente de la unión católica de Chicago, quien claramente reconoce que el documento es la expresión de la teología gnóstica, diferente a la de los evangelios aceptados por la Iglesia católica.
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