Por Alfredo Ortega-Trillo
SIN AZÚCAR DE 2006
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SIN AZÚCAR, POR FAVOR
Marzo 2006
EVA
No está muy claro cómo fue que Adán, cuando Dios le arrancó la costilla, ni siquiera se despertó. ¿Es que tenía el sueño tan pesado?
Lo cierto es que la soledad había llegado al primer hombre tan sigilosa como una serpiente. Reptando se le había ido subiendo al alma mientras él se zambullía en el río, recorría los prados, se aliviaba el calor y la sed en el agua clara; mientras él comía hasta saciarse de todos los frutos al alcance de su mano y poseía desde lo más alto del Edén, de sólo verlo, todo aquel paraíso que era suyo.
Un día, cuando el sol era un crepúsculo en sus manos, Adán sintió una mordida helada y cer tera en el corazón: el aguijón de la eterna ausencia, la mirada en el fondo de otros ojos, la otra respiración que le devolviera el alma cada vez que se le fuera, la voz que rompiera con su nombre el silencio de las estrellas, el oído que le abriera la palabra a un mar de peces plateados y otra boca, en fin, para poner la suya.
Entonces cerró los ojos por ver si se moría, pero se quedó dormido, profundamente dormido mientras Dios le quitaba la costi lla sin que se diera cuenta.
En las manos de Dios aquella costilla estaba predestinada a ser su obra maestra, pues hay que recordar que ya había estado practicando durante siete días. Así que reunió algo de luz que le había sobrado y confeccionó con ella algunas cosas que le parecieron buenas y que, además de otras cualidades comunes al hombre, debía tener su nueva criatura: amor, ternura, gracia, dulzura, sacrificio y entrega generosa.
Luego echó mano de unos moldes que le habían sobrado para las dunas del Sahara y comenzó a hacer proyectos. Cuando ya casi había terminado, reflexionó: "Vamos a dejarle algo a los poetas", entonces alzó una mano al universo y desprendió del firmamento el camino elíptico de las estrellas.
Al terminar, Dios la llamó: "Mujer". Luego se volvió a Adán que, como suponemos, tenía el sueño muy pesado, y le gritó: "¡Y tú, a ver si te despiertas!"
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