La Cruz de California

SIN AZÚCAR,
POR FAVOR

Por Alfredo Ortega-Trillo

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SIN AZÚCAR, POR FAVOR
Noviembre 2004

CUÁNTO VALE LA VIDA
El negocio más sucio

Tiempos y lugares

El otro día me enteré de un hombre que se ahogó en Hungría por salvar a un perro. La historia parece muy remota para creerse, pero me la contó su hijo en un café de la ciudad de México.

Qué ¿cuánto vale la vida? La canción dice que nada. A lo menos en León, Guanajuato. Hay la creencia de que la gente se mataba como chapulines. En diferentes momentos de la historia y en diferentes lugares la vida parece que tuviera distintos precios. También se habla del costo variable de la vida. Pero ese es otro cantar, un patrón de referencia que en realidad tiene que ver más con la canasta básica para niveles de subsistencia que con la vida misma. Y es que una cosa es el costo de la vida y muy otro su valor.

Hay lugares del país, apartados en la selva, donde una vida cuesta quinientos pesos. Es lo que revelan haber cobrado asesinos a sueldo. Parece que la vida hubiera estado de lo más barata en tiempos de la revolución mexicana, que mermó la población del país en un millón de habitantes. Una buena tajada si pensamos que entonces había en el país sólo diez. Dicen que decía don Porfirio Díaz que "los matáran en caliente y después viriguan [sic]".

En refacciones

La vida, como sucede con los automóviles, siempre saldrá mejor vendida en partes que entera. Un riñón en el mercado de órganos está saliendo en cien mil dólares por lo bajito según datos de la ONU publicados en Internet. De lejos ni lo que cuesta un sepelio. Y así he sabido de gente que se vende a pedacitos. En Internet un hombre de cincuenta años llamado Enrique vende su riñón por 150 mil Euros en España. Así que eso de que la vida no vale nada... deberíamos atribuirlo más a un derroche de lirismo de José Alfredo que a otra cosa. Un trozo de hígado como el que le hizo falta a la hora de morirse le andaría saliendo ahorita la friolera de 200 mil dólares, según la misma fuente de información. Con que... "¿no vale nada?"

Las fuerzas del mercado

Quienes tratan la vida como una mercancía, sin duda la tabulan con relación a las fuerzas del mercado: la oferta y la demanda, y su fórmula elemental: la abundancia abarata, la escasez encarece.

Otras alternativas

Pero esta veta del negocio más sucio del mundo, la de la venta de órganos, también se agota. El desarrollo de la ingeniería genética aplicada al desarrollo de las llamadas (a propósito) células madre, extraídas del cordón umbilical, esperemos contribuya a abaratar ese mercado y a acabar por desalentarlo.

Pero la pregunta sigue en el aire porque no la hemos contestado.

Nadie la puede fabricar

Hasta aquí nuestras reflexiones solo giran en torno a un sofisma engañoso: la vida vale lo que cuesta quitarla. Flagrante falacia. Aún podríamos especular en torno al costo de su "fabricación", pero tendríamos que reconocer que nadie ha podido llegar más lejos que Stanley Miller con su cámara de gases inspirada en las teorías de Oparin para reproducir el llamado "caldo primitivo" hace cincuenta años.

La vida no tiene precio

La vida entera no tiene precio. Si lo tuviera el más millonario la compraría. Pero está claro que aún el más emperifollado con sus millones se va a la caja.

La vida es un don, un regalo, una gracia. No hay costo de producción en que se sustente su valor de cambio; su valor de uso es tan grande como una vocación; y su valor intrínseco, inconmensurable.