ARTICULOS
ARTICULOS DE
|
"Sumamente irresponsable"La Iglesia católica pide a las fuerzas políticas "comportarse con madurez, generosidad y honestidad"POR RICARDO OLVERA La elección presidencial en México se ha convertido en un verdadero referéndum nacional sobre la vigencia o no del estado de derecho y el sistema democrático representativo en México: un gobierno basado en leyes e instituciones (Congreso, sistema electoral, tribunales), o la dictadura de la "voluntad popular" expresada directamente en las plazas, es decir, la voluntad autoritaria del caudillo. El domingo 6 de agosto en el zócalo, ante solo 23,000 de sus seguidores, Andrés Manuel López Obrador rechazó rotundamente la resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), que el sábado decidió no volver a hacer el conteo de los 42 millones de votos emitidos y contados el 2 de julio. La máxima autoridad electoral, descartó por completo la posibilidad de anular la elección presidencial, pues estimó que ésta cumplió a cabalidad todos los requisitos de certeza que exige el artículo 41 de la Constitución. Además, luego de un minucioso análisis de los 174 distritos electorales impugnados por López Obrador, decidió que solo había bases legales para hacer el recuento de votos en 11,839 casillas (de un total de 130,000), ubicadas en 149 distritos electorales en 26 entidades del país, lo cual equivale a unos 3 millones de votos. Pero esto no fue suficiente para AMLO, quien sin ningún argumento legal exigía el recuento total. Así que él seguirá la lucha en las calles, ahora en todo el país, con acciones crecientes de "resistencia civil", señalando como blanco ahora al mismo Tribunal Electoral y al Presidente de la República. Y por supuesto mantendrá los campamentos y el bloqueo de las principales avenidas del centro financiero y político de la capital del país, con el apoyo logístico de toda la estructura del gobierno del D.F., incluyendo la policía capitalina. Es el inicio de la "oaxaquización" de la capital del país. Si bien sus acciones cada vez más radicales le están haciendo perder gran parte de sus votantes, despilfarrando en pocos días el capital político que la izquierda había logrado acumular en décadas, en su nueva estrategia de acción directa no necesita millones de votos; le bastan unos cuantos miles de incondicionales dispuestos a todo. "Llegaré hasta donde el pueblo quiera", ha dicho desde el principio. Y eso es lo que está haciendo. Ya que no pudo forzar al Tribunal Electoral ni a un recuento total de votos ni a la anulación de la elección presidencial -- la cual en el fondo era su verdadera exigencia --, ahora va por su consigna de "solución o revolución", como se escucha cada vez con mayor frecuencia en sus "asambleas informativas". ¿Qué opina el "pueblo"? A pesar de que su campaña de desprestigio contra las autoridades electorales -- llamando "delincuentes electorales" a los consejeros del IFE y "un cochinero" a toda la elección -- ha logrado sembrar la duda y la furia en ciertos sectores de la población, según las encuestas la gran mayoría de los ciudadanos piensa que fueron elecciones limpias y que López Obrador las perdió. Según la encuesta BGC publicada el 24 de julio, 64% de los encuestados, incluidos 17% de quienes votaron por López Obrador, cree que Felipe Calderón fue el ganador, contra 26% que piensa que fue el tabasqueño. Además, según esta encuesta, 20% de los votantes de AMLO no están de acuerdo con que haya habido fraude ni con las movilizaciones para presionar al Tribunal Electoral. Según la encuesta ARCOP, publicada el 21 de julio, 56% de la población reconoce que Felipe Calderón ganó la elección presidencial, y 47% votaría por él si ésta se repitiera, contra solo 34% que lo haría por AMLO. Casi dos tercios de la población consideran que la elección fue limpia y está en desacuerdo con las movilizaciones contra el supuesto fraude electoral. Por su lado la encuesta GEA-ISA, en un sondeo en vivienda realizado entre el 8 y el 10 de julio encontró que entre el 17% y el 35% de quienes votaron por López Obrador se han desmarcado de la actitud postelectoral de su candidato y se arrepienten de haber votado por él. Esto es, que AMLO ha perdido entre 3 millones y 4 millones de votos en las últimas semanas. Y huelga decir que la inmensa mayoría de los ciudadanos entrevistados confía plenamente en el IFE y en el Tribunal Electoral. Por otro lado, la credibilidad de las instituciones electorales y la limpieza de la elección han sido plenamente avaladas por la totalidad de los 25,000 observadores nacionales e internacionales que participaron en la reciente jornada electoral, incluyendo los observadores de la ONU, la Unión Europea y ONGs de muchas partes del mundo, así como por la gran mayoría de los expertos electorales y analistas políticos e intelectuales independientes, con la excepción de un pequeño grupo de incondicionales del caudillo. Mientras que las "pruebas" del supuesto fraude, cada vez más descabelladas e inconsistentes, se cayeron una por una. ¿Fraude cibernético o a la antigüita? Primero salió personalmente el propio López Obrador en cadena nacional a decir -- con video en mano -- que en la elección había habido "embarazo de urnas" y otros viejos trucos de la época priísta, llegando al extremo de acusar a sus propios representantes de casilla de haberse corrompido. Pero ante la dificultad de documentar el supuesto fraude en las casillas, que los propios representantes del PRD no vieron por ningún lado, AMLO salió con que había sido un misterioso "fraude cibernético", mediante el cual los mapaches electrónicos del PAN, con la complicidad del propio IFE, habían deformado a su favor el curso del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) y después el conteo final en los 300 distritos electorales. Sin embargo, a los pocos días, ante el rechazo de los científicos de la UNAM que diseñaron el PREP, y ante el escepticismo y la burla de muchos otros expertos en la materia, el tabasqueño dijo que siempre no, que no había sido un fraude cibernético sino "a la antigüita", es decir, con todo el repertorio mapachil de la época en la que no existía ningún tribunal electoral independiente y el organismo encargado de hacer lo que hoy hace el IFE -- organizar las elecciones y contar los votos --, era un simple apéndice de la Secretaría de Gobernación. De acuerdo a un informe entregado por el IFE al Tribunal Electoral el pasado 14 de julio, con el aval de los más serios comentaristas y expertos en materia electoral, (notoriamente José Woldenberg, el primer presidente del IFE ciudadanizado, quien de acuerdo a su experiencia opina que con el actual sistema de cómputo "es imposible realizar un fraude maquinado"), "en la jornada del 2 de julio en todo momento se respetó la voluntad ciudadana, así como el voto universal, libre, secreto y directo". La coalición de partidos que apoyó a López Obrador "no demostró en los hechos sus argumentaciones respecto a 21 supuestos agravios cometidos en perjuicio de su candidato presidencial", dijo el IFE. Y sobre la supuesta inequidad en el uso de medios de comunicación, el IFE documentó que fue López Obrador el candidato que más dinero gastó en la promoción televisiva de su campaña: del 19 de enero al 15 de junio el IFE contabilizó 10,514 spots de televisión de López Obrador, con un gasto de poco más de 227 millones de pesos, contra ocho mil 491 spots de Felipe Calderón, con un gasto total de 217 millones 96,014 pesos. Por otro lado, la primera semana de agosto se publicó una carta firmada por 135 intelectuales y académicos respetados, algunos de ellos simpatizantes de López Obrador desde la época del desafuero, diciendo que "la jornada del 2 de julio fue ejemplar por la participación ordenada de 42 millones de votantes", y que "no encontramos evidencias firmes que permitan sostener la existencia de un fraude maquinado en contra o a favor de alguno de los candidatos". Entre los firmantes estuvo el propio Woldenberg, y figuras como Denise Dresser, Roger Bartra, Jorge Castañeda, José Luis Cuevas y Héctor Aguilar Camín. Unos días antes, cuatro intelectuales partidarios de AMLO, entre ellos Carlos Monsiváis y Rolando Cordera, habían publicado una carta expresando su firme desacuerdo con el bloqueo de avenidas en la capital. ¿La ley o el chantaje? A pesar de que López Obrador y sus principales estrategas saben perfectamente que no hubo ningún fraude y que ellos perdieron la elección presidencial -- aunque incrementaron en casi 70% su presencia en el Congreso y consolidaron la capital del país -- están dispuestos a seguir utilizando a sus seguidores como carne de cañón para sus ambiciones de poder: arrebatarle el triunfo a Felipe Calderón mediante la anulación de la elección, o declararlo "presidente espurio e ilegítimo", como ya lo han hecho, y no dejarlo gobernar durante los próximos 6 años. Para lo cual están dispuestos a llegar "hasta donde el pueblo quiera". "Como usted comprenderá, yo nunca podré decir que estas elecciones fueron equitativas, limpias y libres", le dijo López Obrador a Felipe Calderón en una carta en la que le pidió que le solicitara al Tribunal Electoral el recuento "voto por voto y casilla por casilla", pues esta demanda "surgió del pueblo y yo estoy comprometido con ese clamor ciudadano". A cambio de lo cual solo se comprometió a detener las movilizaciones pero nunca a reconocer la legitimidad de la elección en caso de que el recuento favoreciera de nuevo a Calderón. Y le advirtió que "en caso de que usted no acepte esta propuesta y si el Tribunal no cuenta de nuevo los sufragios y avala su triunfo, quedará para siempre la sospecha o la certidumbre de que usted no ganó en las urnas y que hubo fraude en la elección". Ante lo cual el candidato del PAN, Felipe Calderón, quien según los conteos oficiales ganó con un margen de 248,000 votos, simplemente le respondió que "la decisión de recontar los votos" no correspondía a los candidatos ni a los partidos sino al Tribunal: "No depende de lo que los candidatos opinemos sino de lo que la ley dispone"; se comprometió a "respetar escrupulosamente la resolución que el Tribunal determine" y lo invitó a dialogar en busca de la concordia, la paz y la unidad nacional. El mismo 30 de julio, Felipe Calderón acudió ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación a defender su caso, y les dijo a los siete magistrados que no se dejaran intimidar por marcha alguna y no permitieran "que manifestaciones y presiones callejeras remplacen el voto de 42 millones de mexicanos", pues lo que se debate en el fondo no es si hubo o no democracia en estas elecciones, sino "si las diferencias que tenemos los mexicanos al respecto se van a resolver con movilizaciones y presiones, o con razones y con la ley en la mano". Es claro que el Tribunal ya decidió, resistir el chantaje y caminar estrictamente por el camino de la legalidad, lo cual en un país como el nuestro, con un sistema y una cultura de la legalidad tan débil e incipiente, constituye el principal logro de toda la jornada electoral, aunque todavía tengamos que aguantar algunos exabruptos de quienes solo reconocen como ley su propia voluntad de poder. Jornada de oración por la concordia y la paz Por iniciativa de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), el domingo 31 de julio se inició la Jornada de Oración por la Reconciliación, la Concordia y la Paz Social, la cual culminó el domingo 6 de agosto. En la clausura, la CEM demandó a los actores políticos no fomentar la anarquía. "Aceptemos a México como un país de instituciones que nosotros mismos nos hemos dado, para que en su respeto podamos garantizar el afianzamiento de la democracia; lo contrario es sembrar la semilla de la discordia y de la anarquía", dijo el obispo José Guadalupe Martín Rábago, presidente de la CEM. El cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de México, pidió respetar el fallo del Tribunal Electoral. Y el semanario de la Arquidiócesis de México, Desde la fe, señaló que a nadie le es lícito incitar al encono para alcanzar sus fines. "El odio solo engendra intolerancia y por desgracia violencia. Es sumamente irresponsable e incendiario fomentar la rivalidad entre izquierda y derecha, entre ricos y pobres, entre pueblo y elites. Todos colaboramos en la construcción de este país". Aunque el voto de los católicos se repartió entre prácticamente todos los candidatos, y la Iglesia como institución tuvo estricto cuidado de no manifestarse a favor de ninguno de ellos, es reconocido que mucho del voto de Felipe Calderón provino de las regiones con mayor tradición y cultura católica. "Su victoria es el triunfo de la Virgen de Guadalupe, santa patrona de México", dijo en una entrevista el 6 de julio con la revista Global Viewpoint nada menos que Carlos Fuentes, a quien se podrá tildar de cualquier cosa menos de mocho o de miembro del "Yunque". "Ella es la única realidad verdadera en México. Ella es todo en lo que la gente realmente cree. La Virgen atrae personas de toda la escala social. Los mexicanos más pobres, electores naturales de López Obrador, confían principalmente en la Virgen". |