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La Casa de los PobresUn lugar donde los pobres ayudan a los pobresPOR ALFREDO ORTEGA TRILLO Detrás de treinta mil comidas al mes hay algo más que treinta mil estómagos satisfechos: la satisfacción de servir de las hermanas franciscanas de la Paz con su ejército de voluntarios y benefactores que las apoyan para sostener la Casa de los Pobres en la colonia Altamira de Tijuana desde hace ya casi medio siglo. La Casa de los Pobres no solamente ofrece un promedio de mil desayunos y mil almuerzos diarios, sino que también proporciona despensas, ropa, juguetes, atención médica y becas escolares. Como una extensión de sus obras de misericordia, la Casa de los Pobres cuenta también con un hospital psiquiátrico denominado Hospital de San Ignacio, que constituye el primero de cuatro proyectos de albergues en la autodenominada Ciudad Misericordia, en un entorno campestre a 39 kilómetros al sur de Tijuana. Cuando la hermana Armida, directora de la Casa, declara que "En la Casa de los Pobres las obras de misericordia se practican en el espíritu de San Francisco", pone de relieve el profundo espíritu cristiano de la institución, donde también se catequiza y agradece a Dios por todos la ayuda recibida por los benefactores. Cada mes las hermanas envían un reporte a sus benefactores. El reporte anual del año pasado revela cifras de gran impacto: Se prepararon a 107 personas para recibir sacramentos; se sirvieron 305,515 comidas en los comedores de la Casa; se atendieron 18,254 pacientes en la clínica de la Casa, que incluyeron visitas al dentista, rayos X y surtido de recetas farmacéuticas; se entregaron 46,371 bolsas de despensa; se atendieron a 3,590 personas en las oficinas de trabajo social y se administraron 30 becas escolares para niños de escasos recursos; se hicieron 126 viajes para llevar comida en la periferia de la ciudad; se beneficiaron 18,201 familias de ropa, zapatos, cobijas y enseres domésticos; colaboraron 28 grupos de voluntarios; se ayudó a 250 niños con útiles escolares. Todos los días desde las 7 de la mañana la Casa está abierta para ofrecer desayunos y los servicios médicos de la clínica, donde llama la atención este letrero: "Pobre de una de mis hijas que no ayude a un pobre; Hermana RM Catarina de Jesús MFP, fundadora de la Casa de los Pobres". Antes del almuerzo, que se sirve a las 2 p.m., la hermana Siria dirige el Ángelus en la capillita de la planta baja, donde destaca el mural que concibió en un sueño el cofundador de la Casa de los Pobres, el padre franciscano, Alfredo Boeddeker, y que luego pintó un pintor boliviano en 1974. El mural representa a la Virgen de Guadalupe dando de comer, asistida por el niño de Dios, que lleva en la mano una tortilla. El jueves es el día más activo de la semana, comenzando con la misa de las 7:30 a.m. que oficia, proveniente de San Diego, el capellán de la Casa, el padre jesuita Gilberto Gentile. Después de la misa el Santísimo queda expuesto todo el día, incluido el viernes. También el jueves se entrega ropa, cobijas, enseres domésticos y juguetes. Cientos de señoras, previo estudio socioeconómico, se alinean para recibir despensas frente a la puerta de la bodega, donde esperan su turno. Las latas que al irse llevan en las bolsas provienen muchas veces de las donaciones que organiza la parroquia de All Hallows de La Jolla, California donde, a la entrada de la nave las latas se apilan junto a un letrero que dice: "Food for our neighbors in need"; en las bolsas van también mazorcas, tomates, chiles y acelgas que en la granja de Ciudad Misericordia cultivó el señor Roberto Andrade a la media sombra de su sombrero vaquero. Contigua a la parroquia de All Hallows en La Jolla, está la academia bajo el mismo nombre, donde cada grupo de estudiantes patrocina la beca que administra la Casa de los Pobres para un niño. El pasado año escolar fueron 30 niños los beneficiados. Este año uno de los afortunados es Luis Ángel, de seis años, listo para entrar a la primaria. "Mi papá trabaja haciendo hoyos en los panteones para enterrar muertos..." dice la carta de petición de Luis Ángel "…para que nos ayuden a pagar nuestras inscripciones de la escuela de mi hermana al kinder y la mía porque no hemos tenido dinero. Muchas gracias les doy por el apoyo que me brindarán para que yo continúe realizando mis estudios, me gustaría mucho llegar a ser un policía". Aunque la Casa ayuda a mitigar el hambre y a aún a paliar los principales males que azotan a Tijuana: la inseguridad y el crimen, la institución no percibe ningún tipo de ayuda económica por parte de los gobiernos municipal ni estatal. Por su parte, los apoyos económicos que la Casa recibe de la sociedad tijuanense son bastante exiguos. Calimax aún apoya con bolonias, pero hace tiempo que suspendió sus envíos de pastas y galletas a la Casa. También hace tiempo que El Molino Harinero y el Mercado Hidalgo suprimieron los valiosos envíos en especie con que antes cooperaban. Lo cierto es que la Casa de los Pobres de Tijuana se mantiene de la caridad allende la frontera. Instituciones religiosas y humanitarias de los Estados Unidos, especialmente de California son el principal sostén de la Casa: All Hallows Church and Academy; los benedictinos de Oceanside; Casa de los Pobres, USA; Ferry Caster; Friends of the Poor; y Saint Anthony Foundation. Y si los gobiernos municipal y estatal no aportan a la Casa, la aduana mexicana, encima, obstaculiza el libre flujo de las donaciones procedentes de los Estados Unidos. Las hermanas han tenido que rentar un almacén del otro lado de la frontera para hacer la internación de las donaciones sujetas a las demoras que implican los trámites burocráticos y las restricciones, entre las que llama la atención la prohibición de ropa usada, arguyendo consideraciones de higiene. Si bien es cierto que la mayoría de los benefactores de la Casa de los Pobres son de Estados Unidos, la mano de obra de casi todos los voluntarios es cortesía de gente local y aún de muchas personas que en momentos de necesidad se vieron auxiliados por la Casa. Tal es el caso de la Sra. María Moreno, "doña Mary", la voluntaria que con 35 años de servicio puede considerarse la decana de la institución. Junto a la gran olla de donde saca soberbios cucharones de frijol hirviendo se le pregunta a doña Mary si no se cansa de estar trabajando allí. Y ella dice que no, "que el corazón no se cansa de servir". Hoy la Casa de los Pobres enfrenta dos serios problemas para sostener su gasto de 35 mil dólares al mes para su sostenimiento y la manutención de todas sus obras de misericordia. Cuando se estableció la Casa, hace ya casi medio siglo, Tijuana tenía 150 mil habitantes; hoy la ciudad linda los dos millones. A la multiplicación de las necedades se suma el problema de falta de liquidez, pues los benefactores iniciales se han ido muriendo. Que la obra continúe a la altura de las necesidades será cuestión de que nuevos cristianos comprometidos asuman su responsabilidad de vivir en el tiempo que les tocó y tomen la estafeta de los que impulsaron los inicios de la Casa de los Pobres. Las hermanas Armida y Maru ya no son las hermanas jovencitas que llegaron a principios de los años 70 a trabajar a la Casa de los Pobres, aunque trabajan infatigablemente, como entonces, mientras ofrecen en una mano el pan y extienden la otra en busca de nuevos benefactores. Para el próximo inicio a clases ya están pidiendo donaciones de útiles escolares. Si usted está dispuesto a colaborar como voluntario o goza de alguna solvencia económica y se siente atraído por el carisma de las obras de misericordia que las Hermanas Misioneras de San Francisco de la Paz realizan a través de la Casa de los Pobres le convendría hablar con la hermana Armida en Tijuana: (664) 687-2321. La fiesta mayor de la Casa de los Pobres es el 12 de diciembre. Por esas fechas se ofrecen las mejores viandas del año, que pueden incluir dos puercos o tres borregos traídos de los corrales de Ciudad Misericordia para alimentar a varios miles de personas. Por esas fechas hay también entregas de juguetes y juegos organizados. |