ARTICULOS
ARTICULOS DE
|
Mensaje del caso MacielLa reforma "anti-gay" de los seminarios va en serioPOR RICARDO OLVERA El 19 de mayo, la Congregación para la Doctrina de la Fe finalmente dio su veredicto sobre las acusaciones de abuso sexual que venían pesando sobre el fundador de los Legionarios de Cristo desde 1998, cuando un grupo de ex legionarios lo acusó formalmente de haber abusado sexualmente de ellos siendo jóvenes seminaristas bajo su cuidado hace más de cuatro décadas. Aunque la Santa Sede, "teniendo en cuenta la edad avanzada del padre Marcial Maciel y su delicada salud" decidió evitarle un proceso canónico, sí le pidió someterse a "una vida reservada de oración y penitencia, renunciando a todo ministerio público". Es decir, abstenerse de celebrar la santa misa, oír confesiones y desempeñar cualquier ministerio sacerdotal en forma pública, así como cualquier cargo de gobierno dentro de la Iglesia y dentro de la congregación religiosa por él fundada hace 65 años en México. Aunque esto no fue un veredicto formal de culpabilidad, pues no hubo juicio canónico, sí fue un reconocimiento inequívoco por parte de la Santa Sede de que las acusaciones presentadas tienen elementos suficientes de credibilidad, ante los cuales la Iglesia no puede permanecer indiferente. Una resolución a la vez justa y caritativa, que pone punto final al caso Maciel, pero manda un mensaje muy claro al resto de la Iglesia: la reforma de los seminarios, lanzada como respuesta a la crisis de abuso sexual clerical que ha cimbrado a la Iglesia a partir del 2002, particularmente en los Estados Unidos, irá a fondo caiga quien caiga. Primero un poco de historia. El "caso Maciel" se destapa en 1995, cuando en su lecho de muerte el ex legionario Juan Manuel Fernández Amenabar, ex rector de la Universidad Anáhuac, le confiesa al hoy ex sacerdote Alberto Athié Gallo que siendo adolescente en el seminario había sido abusado sexualmente por el padre Maciel, y le hace jurar que hará pública su denuncia. El padre Athié lo hace, y a través del obispo de Coatzacoalcos Carlos Talavera Ramírez lleva el caso ante la Congregación para la Doctrina de la Fe, a cargo del entonces cardenal Joseph Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI. Pero es hasta 1998 cuando se presenta la denuncia formal ante los tribunales eclesiásticos, por parte de ocho ex legionarios. El caso permanece semi-congelado durante algunos años y de hecho se declara cerrado en el 2001. Pero a fines del 2004, se anuncia que el cardenal Ratzinger ha ordenado reabrir el expediente, y en abril del 2005, poco después de las celebraciones del 60 aniversario sacerdotal del padre Maciel en Roma, llega a México un fiscal especial de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el padre Charles Scicluna, quien recaba el testimonio de 30 denunciantes. Para concluir, el 19 de mayo del presente año, "tras haber sometido los resultados de la investigación a un estudio atento", la Santa Sede da a conocer en un comunicado su decisión final. La reforma anti-gay de los seminarios ¿Por qué se decidió reabrir el caso Maciel en el 2004? Es difícil saberlo con exactitud, pero el hecho es que coincide con otras dos decisiones fundamentales de la Santa Sede frente a la grave crisis provocada por los escándalos de abuso sexual clerical denunciados a partir del 2002 en los Estados Unidos: la decisión de realizar visitas apostólicas por representantes de la Santa Sede a los 229 seminarios católicos de ese país, con el objetivo de detectar problemas de homosexualidad y desviaciones doctrinarias en este tema tan delicado; y la decisión de publicar, en noviembre del 2005, una Instrucción de la Congregación para la Educación Católica "sobre los criterios de discernimiento vocacional en relación a las personas de tendencias homosexuales antes de su admisión al seminario y a las órdenes sagradas". Es decir, la prohibición explícita de admitir al seminario y a la ordenación diaconal y sacerdotal "a quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la así llamada cultura gay", como dice el documento. Las visitas apostólicas se iniciaron en septiembre del año pasado y concluirán en este próximo mes de septiembre; mientras que la Instrucción se viene abriendo paso con dificultad en medio de fuertes resistencias clericales a su implementación, sobre todo en las diócesis de mayor influencia de los sectores liberales "pro-gay" del clero católico, de manera especial en California, como se documenta en un par de artículos de Christopher Zehnder publicados en el periódico católico San Francisco Faith en febrero y marzo del presente año. ¿Pedofilia u homosexualidad? ¿Qué tiene que ver el combate al homosexualismo en los seminarios con la crisis de abuso sexual clerical? Desde la irrupción de esta crisis, particularmente durante el periodo 2002-2003 en que se dieron la mayor parte de las más de 10,000 denuncias de abuso sexual en Estados Unidos, se ha querido hacer aparecer como un problema esencialmente de pedofilia, esto es, de abuso de niños y niñas pre-adolescentes. De hecho, algunos medios astutamente solo hablan de "niños" o "menores", sin especificar ni su edad ni su sexo. Esta versión camuflada del problema ha sido difundida insistentemente por los medios de comunicación liberales, en los que predomina la cultura gay, con el fin de evitar que se señale a los sacerdotes homosexuales como responsables de gran parte del problema de abuso sexual. Sin embargo, los datos duros hablan más bien de un problema de homosexualidad, esto es, de abuso sexual de clérigos sobre adolescentes de sexo masculino. Según el exhaustivo estudio realizado por el Colegio John Jay de Justicia Penal, pagado y asignado por la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, en más del 80% de los 10, 667 casos denunciados entre 1950 y 2002 en las 195 diócesis y 140 comunidades religiosas de los E. U., las víctimas de abuso sexual son adolescentes de sexo masculino y no niños preadolescentes. Esto es, más del 80% son casos de homosexualidad y no de pedofilia, como comúnmente se dice para confundir a la opinión pública. Según el estudio mencionado, el precio pagado hasta ahora por la Iglesia en ayuda profesional a las víctimas y a los victimarios, arreglos extrajudiciales y gastos de defensa legal sobrepasa con mucho los 500 millones de dólares. Pero muchísimo mayor ha sido el precio humano y moral que toda la comunidad católica se ha visto obligada a pagar por esta crisis. Y aunque la mayor parte de los casos de abuso sexual clerical se dio en décadas pasadas, sobre todo durante la gran crisis contra-cultural de los años 1970s que también alcanzó a los seminarios y demás instituciones eclesiales, hoy mismo el problema se sigue reproduciendo aunque sea a menor escala, pues la cultura homosexual que en gran parte originó el problema aún subsiste dentro del sacerdocio. De aquí la urgencia de una reforma a fondo del clero y los seminarios en el tema de la homosexualidad. ¿Por qué los Legionarios? La Legión de Cristo, congregación religiosa de derecho pontificio fundada en 1941 por el joven (aún seminarista) Marcial Maciel Degollado, forma parte de la nueva generación de congregaciones religiosas mexicanas que florecieron en una tierra recién regada con abundante sangre de mártires durante uno de los periodos más brutales de persecución religiosa en México, cuyos últimos fuegos no se apagaron sino hasta finales de los 1930s. Y en solo 65 años se ha convertido en una de las congregaciones religiosas más eficaces y fructíferas de la Iglesia, con una obra pastoral impresionante en más de 20 países de América Latina, Norteamérica y Europa, con más de 650 sacerdotes y 2,500 seminaristas; 150 colegios de élite, 21 institutos superiores y nueve universidades, incluyendo la prestigiada Universidad Anáhuac en la Ciudad de México, el Centro de Estudios Superiores en Nueva York, el Instituto Juan Pablo II para la Familia en Washington y el Pontificio Ateneo Regina Apostolorum en la Ciudad de Roma, así como la ya próxima Universidad de Sacramento, en la ciudad capital de California. Los "nuevos jesuitas", como se les ha llamado a los Legionarios por su especial obediencia al Papa -- característica que durante siglos distinguió a los hijos de San Ignacio de Loyola -- han sobresalido siempre por su fidelidad a la ortodoxia católica, en especial en los temas precisamente de moralidad sexual y familiar, como la lucha contra el aborto, la eutanasia y el "matrimonio" homosexual. Es decir, una verdadera legión católica a favor de los valores cristianos más tradicionales, cuya obra ha fructificado en abundancia no solo entre las élites, a las que ha puesto especial atención como antes lo hicieran los jesuitas, sino también entre sectores populares e indígenas de México y de los propios Estados Unidos. Pero ¿cómo es que el fundador y líder de esta magnífica obra de fe y caridad cristiana está ahora señalado por las propias autoridades eclesiales como responsable una falta tan grave como lo es sin duda el abuso sexual de menores? Como lo dice la reconocida escritora mexicana Paz Fernández Cueto en un artículo titulado "Por sus obras los conoceréis", publicado recientemente en el diario Reforma de la Ciudad de México, "aquí está precisamente el prodigio que realiza el Artífice divino: usando la materia pobre y defectuosa que la humanidad pone a su disposición, consigue modelar en cada época obras maestras de resplandeciente belleza". Como quiera que sea, si la Santa Sede ha procedido de esta manera con el fundador de una de las congregaciones religiosas más fieles y ortodoxas de la Iglesia, ¿qué pueden esperar los sectores liberales e izquierdistas del clero, que abiertamente defienden o solapan posiciones contrarias a las enseñanzas católicas en materias tan graves y delicadas como el homosexualismo? Parece que la reforma en los seminarios y el clero católico viene en serio, caiga quien caiga. |