La Cruz de California

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DICIEMBRE 2005




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Esquela Del Padre Luis


POR ALFREDO ORTEGA TRILLO

Porque quiso vivir su ministerio tan pegado a la tierra, el 24 de octubre de 2005 el padre Luis Velázquez Romero no dormía plácidamente en su cama. Mucho menos plácidamente presenciaba una riña entre dos grupos de personas que peleaban al interior de un antro de la Plaza Fiesta en Tijuana.

El grupo perdedor se retiró del lugar dejando al grupo vencedor celebrando con choques de botella el frenesí del triunfo. El padre Luis entendió que bajo aquellas condiciones no iba a ser lo mismo predicar el evangelio que desde el púlpito, pero se levantó de la mesa en que leía a solas un periódico, y se dirigió al grupo. Trató de hacerle recapacitar con los únicos argumentos que él conocía: el amor, la paz, el perdón; cuando el aventón que recibió le aventó también, en su fuero interno, el desafío de responder por esos argumentos con su vida. Volvió a su sitio, donde permaneció los últimos momentos que pasaría conversando con Dios en una mesa. Al salir lo siguieron. A punto de subir a su carro fue interceptado, esposado por detrás y obligado a sentarse al volante. Tres compinches apostados en la periferia protegieron el atraco de las miradas mientras el que lo había aventado en el antro le soltó en la cara la descarga de su pistola.

Al momento del crimen los asesinos no supieron que mataban a un sacerdote ni el padre Luis supo que había intentado predicar las enseñanzas del evangelio al jefe de una célula criminal del cártel Arellano Félix.

El 26 de octubre se ofreció la misa de exequias del padre Luis en la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, Zona Río.

Bajo una salva de campanas que tocaban a luto desfilaron en silencio cerca de 200 sacerdotes encabezados por el obispo Rafael Romo por el pasillo central de la nave.

Al pie del altar el féretro del padre Luis, flanqueado por una bandera de la parroquia de San Miguel Arcángel, era honrado con un velo y un evangeliario que le fueron colocados encima.

Al inicio de la ceremonia el obispo encendió el cirio pascual sobre el fondo del coro de música sacra. Se leyó del libro de la sabiduría el pasaje de la re compensa de los justos, y en su homilía el padre Eduardo Martínez se refirió al P. Luis en segunda persona: "Querido padre Luis, le pido a Dios que te conceda el premio de tu sacerdocio".

Monseñor Romo recordó las palabras de Pablo VI, reconociendo la voluntad de Dios en toda muerte: "Acepto de buena gana la clase de muerte que me quieras dar", poniendo el énfasis con sus propias palabras: "Como sea, por que sea, de donde venga, porque es tu voluntad".

Monseñor Romo agradeció a la fami lia del padre Luis la aportación de un hijo para la Iglesia y junto con ella lo ofreció ahora al cielo.

El padre Luis Velázquez Romero, de palabra jocosa y rápida, también tenía la voz fuerte, y así la usaba para jalonear las conciencias de los fieles en las homilías de de la iglesia de las que fue párroco: por varios años de la de San Miguel Arcángel y recientemente la de Santa María Reina. Tenía 52 años de edad y 20 como sacerdote.