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Iconos de oriente: teología y símboloPOR LEONARDO LOBO (Entrevista con Fraile Valerio Maccagnan Gianello, perteneciente a la Orden de los Siervos de María, Doctor en Teología Dogmática con especialización en Mariología en la Pontificia Facultad Teológica Marianum de Roma, Italia. Actualmente es profesor de Mariología en el Seminario Filosófico y en el Centro Mariano O.S.M. en Guadalajara, Jalisco. Es miembro activo del Centro de Estudios Guadalupanos y de la Pontificia Academia Mariana Internacional.) Para el hombre de nuestros días, resulta muy difícil entender el significado de "contemplación". Quizás, esto se deba al hecho de que es una vivencia o experiencia ajena completamente a la vida cotidia na de nuestra vida. Es decir, vivimos volcados hacia el exterior, envueltos en la materialidad, tratando de llenar nuestro vacío a través del dinero, la gloria, el sexo, el poder, en un mundo individua lista y violento. ¿Cómo pasar de un mundo desacralizado que perdió el sentido de lo sagrado, del misterio, a un mundo cristiano, fraternal, a una mejor y nueva humanidad? En un estudio e investigación que tomó 10 años aproximadamente, Fraile Valerio Maccagnan Gianello propone en su libro Iconos de Oriente: Teología y Símbolo, una iniciación a la contemplación del icono y descubrir en él la teología de la belleza y de la fe. "Ciertamente el icono nos ayuda a descubrir nuestra fe, a sentir que en nuestro caminar, Dios está con nosotros. Dios nos lo afirma: Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo. Yo propongo algunas pistas para hacer una lectura del icono: En primer lugar, descubrir la teología del icono. Esto significa que hay que vivenciar en cada icono, un lugar de presencia. Existe también la estética del icono: analizar las formas, las estructuras, pero sobro todo descubrir, la presencia de la Virgen María, la presencia de Cristo, la de los santos", inició Fraile Valerio. "Escribí este libro, como un estudio de Mariología, tomando en cuenta la experiencia, la liturgia, la veneración que tienen a la Virgen María, los Ortodoxos. Con un sentido de ecumenismo, estamos en proceso, sobre todo a partir del Concilio Vaticano II, de un acercamiento con ellos, de un diálogo, de comprendernos mejor. El Papa Juan Pablo II decía que la Iglesia necesitaba 'respirar con los dos pulmones', Oriente y Occidente. Y él luchó muchísimo para lograr la unidad. Todavía no se logra pero hay mucho más acercamiento, sobre todo a partir del Papa Paulo VI. Con el Papa Juan Pablo II, se dieron pasos importantes, de apreciación, de descubrir su liturgia, su amor, digamos a la Virgen, pero también, como ellos viven la fe", comentó Fraile Valerio. "En este volumen, quiero ayudar al lector a la contemplación. Hoy en día se está perdiendo el sentido de la contemplación. Se pasa, por ejemplo, visitando un museo, la obra de un artista, puede ser que conoz cámos algo del autor o del valor artístico de la obra, pero puede ser que nuestro conocimiento no vaya al fondo de los va lores, digamos de ese arte, porque en muchas ocasiones el ir a un museo fue como ir de paseo. En el caso de los iconos, no se trata de ir a un museo, se trata de hacer una experiencia de fe. Ante un icono, hay que arrodillarse, hay que hacer oración, y entrar en una comunión personal", afirmó. "Si se descuida la componente teológica, el icono sería solo un documento histórico en un museo, y así se pierde su valor espiritual. Su lugar privilegiado, es el templo, la liturgia. Descuidando el elemento científico, se cae en subjetivismo; cada quien aprecia lo que más le gusta, y esto impide distinguir lo esencial de lo accesorio, alterando la verdad trascendental", dijo. "Bien, vamos a hablar sobre iconografía de oriente: Su esencia, un icono de oriente, es una arte religioso, también de fe, un arte teológico, pero más que alimentar la inteligencia, la belleza de los rasgos de la imagen, debe alimentar la fe y el corazón, y siempre frente a una imagen, debe provocar la oración. Las imágenes de oriente no están ahí para ser expuestas en un museo, admirar sus colores o el arte de un pintor. Están ahí, como expresión de una presencia, sin embargo, para nosotros de occidente, representan una imagen; ya sea de la Virgen de los Santos, o de algún santo. Para ellos, no es sólo una representación -- es una presencia", explicó. "Cuando la imagen está bendecida, ya no es un objeto sagrado, sino una presencia", reiteró. "Claro que hay que distinguir lo que es una presencia sacramental, como por ejemplo, Jesús presente en la eucaristía, de una presencia y una imagen. Para ellos es una presencia viva. La imagen representada por ejemplo de María gloriosa, evidentemente, la Virgen está en el cielo, pero a los que la invocan aquí en la tierra a través de la liturgia de la oración, ella se hace presente también con nosotros. Esto es un aspecto muy importante en Oriente. Como todas las obras de carácter simbólico, no resulta fácil comprenderlas, se supone por lo tanto, una auténtica iniciación, un estudio profundo sobre el valor, el simbolismo de los colores, y también los trazos de una imagen", comentó Fraile Valerio. "Una imagen o icono de oriente, no puede ser pintada por un artista; debe ser pintada por un monje, de vida muy religiosa, de mucha fe. Inclusive antes de pintar, como va a tener contacto con lo divino, con el misterio, tiene que hacer por lo menos unos quince días de oración y penitencia, de manera tal que más que el arte digamos, de la mano del artista, al que ellos llaman iconógrafo, ahí se trata de transmitir en colores, el misterio de Dios", explicó. "Estas imágenes vienen como purificadas y salvadas de la lucha Iconoclasta. En el siglo octavo, se trató de destruir todas las imágenes, y algunas se salvaron, otras fueron repintadas. Entonces el icono pertenece a la tradición, manifiesta la vida interior, y prolonga de alguna manera la encarnación de Cristo, porque Cristo se encarna como imagen visible del Padre, como imagen salvadora y misericordiosa, se encarna para cambiar nuestra historia de pecado, en una historia de gracia, se encarna para salvarnos", continuó explicando. "Los ortodoxos le dan mucha importancia a la Teología de la Encarnación, mientras nosotros, de occidente, le damos más importancia al misterio pascual, o sea, muerte y resurrección del Señor, pero los dos aspectos son importantes. El icono está íntimamente ligado al evangelio y la liturgia, y debe estar en un templo, para la liturgia, para la vene ración del pueblo, aunque ellos también los tienen en sus casas. Inclusive frente al altar está el iconostasio, que son varias imágenes, como paredes, que se cierran al momento después del ofertorio y durante el tiempo de la consagración, y después se abre en el momento de la comunión. Eso significa que el misterio va más allá de lo que puede ser una visión humana, una comprensión puramente humana, o sea, pasa más allá de lo que es una comprensión intelectual. Hay que entrar en el misterio, en el silencio interior, en la fe. Entonces más que mirar un icono, con los ojos de una mirada artística, di gamos, hay que mirarlo con una mirada de fe", comentó reflexivamente Fraile Valerio. "A través de la contemplación del icono, los creyentes penetran en el misterio divino, iluminadas no por un estudio, una reflexión, sino por la Luz Tabórica", afirmó "¿Porqué en el icono de oriente, el fondo es color oro? que se llama Luz Tabórica? Cristo cuando estuvo en el Monte Tabor, se transfiguró frente a los apóstoles, demostró su divinidad, o sea, su personalidad divina. Entonces el icono, tiene siempre este fondo color oro, que sería el Cristo que se encarna con sus dos naturalezas, humana y di vina. Entonces, la luz, la fuerza, el miste rio, viene derramada a través de Cristo; por eso se llama Luz Tabórica", explicó. "Todo este misterio presente en el icono, como que recorre la historia de la salvación y que se consuma en la eternidad. Aquí necesitamos de símbolos, de colores, de imágenes, pero en el cielo veremos a Dios y sus misterios cara a cara. Es como una preparación para contemplar el misterio divino en el cielo. También podemos decir que en el icono a través de la liturgia, la oración y la fe, el cristiano encuentra su lugar en el mundo y su destino, o sea, un lugar de su existencia renovada", siguió comentando. "Si la arquitectura sagrada de un templo, ordena el espacio y el memorial litúrgico, el tiempo, el icono experimenta lo invisible, la forma interior del ser. Esa interioridad surge de la luz divina, y de la categoría tabórica. O sea, Cristo que manifestó su divinidad. En el texto evangélico dice que sus vestiduras eran más blancas, más luminosas que el sol. Esto significa que esa luz divina viene proyectada hacia los creyentes y aparece justamente con Moisés y el profeta Elías. Moisés representa la Ley y el profeta Elías el profetismo", explicó. "Para finalizar, el icono de oriente representa la vida interior, o sea, esta presencia misteriosa de Dios, y Dios la revela a todos, como oración, una oración que purifica, que transfigura, no solo la imagen, sino al creyente, a aquel que está haciendo oración frente a un icono. Entonces, como un misterio nos enseña que allí está el silencio habitado, el gozo del cielo sobre la tierra, o el esplendor del más allá", concluyó Fraile Valerio. (Nota: Dirección actual del Fraile Valerio: Centro Mariano O.S.M., Av. Manuel Clouthier n. 1233, Col. Mirador del Sol, CP 45050, Zapopan, Jalisco, México. Teléfono: (33) 3620-1171; Fax. (33) 3125-1107.) |