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La Iglesia Católica y las iglesias protestantes

Los protestantes representan en México un grupo minoritario pero creciente


POR ALFREDO ORTEGA TRILLO

En México el 92% es católico; en Baja California, el 81.4%. Los protestantes representan en el país un grupo minoritario pero creciente. Su tasa de crecimiento es del 3.7 %, en tanto que la tasa de crecimiento de los católicos es del 1.7%.

Según el censo de población y vivienda de 2000 en Baja California, el 7.9% es protestante y, junto con los estados del sureste, tiene una de las tasas de crecimiento de religiones no católicas más elevadas del país.

El protestantismo es un movimiento de revisión y reforma dentro de la iglesia, encabezado por el sacerdote disidente, Martín Lutero. Alrededor de 1500, Lutero se pronuncia contra una serie de principios de la Iglesia Católica, así como contra la infalibilidad del Papa y las indulgencias que el Papa ofrecía a cambio de limosnas y donaciones para terminar la construcción de la Basílica de San Pedro del Vaticano.

La Reforma alentaría el desconocimiento a la autoridad del Papa y la libre interpretación de la Biblia como única fuente doctrinal. En esta corriente surgen las iglesias luterana, calvinista, anglicana, bautista, episcopal, pentecostal, y metodista.

Otro aspecto fundamental de las iglesias protestantes surgidas de la Reforma frente a la Iglesia Católica es que adoptan la tesis de Lutero sobre la justificación por la fe, la que no reconoce ningún sentido a la santificación ni a las obras meritorias.

En 1535 surge en Francia la iglesia encabezada por Juan Calvino, la que se caracteriza por su marcado rigor y fundamentalismo.

En 1534, como respuesta a la negativa del Papa de negarle el divorcio de Catalina de Aragón para volverse a casar con Ana Bolena, el rey Enrique VIII separa la iglesia de Inglaterra o anglicana de la iglesia de Roma.

En un gesto de reconciliación, la iglesia anglicana reconoce en 1985 al papa como cabeza suprema de las dos iglesias.

Para la iglesia anglicana, el pan y el vino consagrados no son una realidad de la presencia del cuerpo y de la sangre de Cristo, como lo son para la Iglesia Católica, sino solamente un símbolo.

En 1560 en Escocia, Juan Knox funda la iglesia presbiteriana, la que introduce el principio democrático de la elección de los presbíteros por parte de la comunidad.

En 1611 John Smith en Inglaterra funda la iglesia bautista, que sólo reconoce como sacramentos a la comunión y el bautismo por inmersión.

En 1729 sale de la iglesia anglicana la rígida y severa iglesia metodista.

En 1901, de la iglesia metodista surge, a su vez, la iglesia pentecostal, la que exalta la actuación del Espíritu Santo a través de sus regalos o carismas a los fieles. Esta iglesia privilegia la emotividad sobre la razón, de ahí que las asambleas de pentecostales consistan en gran medida de cantos y las alabanzas. De esta iglesia surge a mediados de los 50 el movimiento carismático de la renovación en el Espíritu Santo, que se propagaría a otras iglesias evangélicas (llamadas así por su apego al Evangelio como única fuente de verdad), lo mismo que a la Iglesia Católica.

La iglesia pentecostal, a través de sus muchas denominaciones apostólicas, es la iglesia cristiana de mayor propagación en el mundo.

Las iglesias neopentecostales se basan en la teología de la prosperidad, que desestima el valor salvífico del sufrimiento y pregona más bien que la felicidad y la prosperidad pueden ser alcanzadas en esta vida. Un típico ejemplo de este tipo de iglesias es la llamada Iglesia Universal del Reino de Dios, fundada en Brasil, y que en años recientes se ha extendido profusamente en Latinoamérica bajo el lema: "Pare de sufrir".

Existen otras iglesias importantes en occidente, que no se pueden considerar cristianas, por no reconocer la divinidad de Jesucristo, a quien toman por profeta. Estas iglesias se basan en revelaciones divinas especiales otorgadas a sus fundadores: Joseph Smith es el profeta fundador de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días, cuyos miembros son más conocidos como mormones, debido al Libro de Mormón, en que se supone se encuentra la revelación recibida por Smith en unas tablas encontradas en 1930.

En 1830 William Miller funda la iglesia adventista al profetizar la segunda venida de Jesucristo para 1944. A pesar del fracaso en el pronóstico, los adventistas siguen anunciando el fin del mundo hasta nuestros días.

Los Testigos de Jehová, son fundados en 1890 por Charles Russel, quien había pasado brevemente por la iglesia adventista. Obsesionado por las profecías sobre el fin del mundo, interpreta la Biblia bajo una especie de terror apocalíptico, tan característico de esta secta.

Después de varias interpretaciones equivocadas sobre el fin del mundo, que había profetizado para el año 1914, después para el 1915, y después para 1918, se divorcia de su esposa, que también se reconocía profeta y con la que no concordaban en materia de predicciones.

La iglesia de los Testigos de Jehová tiene un gobierno centralizado con cede en Brooklyn, New York. Constituye la secta de más rápido crecimiento en el mundo.

A la Iglesia Católica la funda Jesucristo en el año 33, cuando llama a Simón, Pedro: "Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia". Cuando en la Biblia Dios cambia el nombre de alguien es porque esta mutación es efectiva de lo que el nuevo nombre significa.

La designación de Pedro directamente por Jesucristo estatuye el principio jerárquico que viene desde lo alto, a diferencia de las iglesias protestantes cuyas organizaciones son más bien locales y de índole democrática. La Iglesia Católica no es ni local ni democrática. Católico significa: "universal". La autoridad de los jerarcas de la Iglesia no proviene de los fieles, como sucede en las repúblicas sino de Dios. Así la elección de los papas por los cardenales no se interpreta como un ejercicio de suma de voluntades, sino como un reconocimiento que hace el cónclave de la voluntad de Dios mediante la inspiración del Espíritu Santo. Mientras en la autoridad civil todo es opinable y discutible, en la Iglesia las verdades fundamentales no están sujetas a opinión, sino a la doctrina revelada.

Hay una razón por la que el centro de la catolicidad está en Roma: allí se encuentra la tumba de Pedro. De hecho la Basílica de San Pedro se erige sobre la tumba de Pedro, siguiendo el principio de que "Donde esté Pedro, allí está la iglesia de Cristo".

El Credo de la Iglesia Católica la define como una, santa, católica y apostólica.

Una: "Un solo pastor y un solo rebaño". Jesucristo funda sólo una Iglesia cuando declara: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia".

Santa: La Iglesia Católica cree en la santificación como camino de la salvación. Ayuda a esa santificación por medio de los sacramentos.

Católica: La Iglesia fundada por Cristo es universal, para todos y por todos los tiempos.

Apostólica: Para que su obra redentora continuara después de su venida, Cristo fundó su Iglesia. Y para que su Iglesia durara hasta el fin de los tiempos tenía que haber sucesores.

La Iglesia de Cristo perdurará hasta el fin de los siglos (Mt. 28:20).

La autoridad de la Iglesia conferida por Jesucristo a Pedro se ha transmitido por sucesión ininterrumpida hasta el Papa Benedicto XVI.

A Pedro, Cristo le da autoridad suprema cuando le dice: "Lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo (Mt. 18:18). Otro signo de poder y autoridad lo encontramos en "Yo te daré las llaves del Cielo" (Mt. 16:19).

La autoridad le da cohesión y unidad a la Iglesia. La Iglesia Católica no está sometida al arbitrio del signo de los tiempos. Por eso no importa el Papa que se encuentre en turno. Su misión no es imponer a la Iglesia cambios de ninguna naturaleza, sino que su deber es apegarse a la doctrina y velar y proteger los principios fundamentales de la fe, establecidos desde el principio por Cristo y la doctrina revelada.

La Biblia y la tradición están íntimamente unidas. La Biblia nos transmite la palabra de Dios de manera escrita; la tradición nos transmite las enseñanzas orales transmitidas de viva voz.

Jesús no escribió, predicó, y ordenó a sus apóstoles a predicar, no a escribir. Por eso hay mucha de esa enseñanza que no está escrita y está en la tradición oral. San Pablo dice a Timoteo: "Conserva viva la doctrina que has oído de mí" (Segunda Carta a Timoteo, 1:13).

La Iglesia se encarga de la interpretación y vigilancia de la Sagrada Escritura y de la Tradición, para evitar interpretaciones dispersas y equivocadas.

La verdad es dogmática, invariable, no depende de la voluntad de nadie; en cambio, el error es libre. Dos más dos es cuatro, y no depende de nuestra voluntad. Para encontrar la verdad hay un solo camino; para extraviarse hay muchos, declara el padre Jorge Loring, S.J. Es por eso que la verdad objetiva no se puede someter a la opinión personal.

La fe cristiana se basa en parte en la verdad revelada, pero no acepta revelaciones que pretendan corregir la revelación de Cristo, como sucede con el Libro de Mormón. Para la Iglesia Católica la revelación terminó con la muerte del último apóstol, y no puede crecer el número de verdades. Ninguna verdad puede añadirse, que no esté ya contenida en la revelación dada.

Los dogmas de fe declarados por la Iglesia no son verdaderos por "capricho" de la Iglesia. Son verdades que siempre han existido. La Iglesia lo único que hace es reconocerlos al declararlos tales.

El Papa es infalible sólo cuando pretende enseñar, por virtud de su autoridad suprema, sobre materia de fe y moral, a toda la Iglesia, porque entonces lo hace no como doctor de la ley o teólogo, sino como auténtico maestro.

La Iglesia Católica se compone del pueblo de Dios y de la jerarquía. Quien desobedece a la jerarquía eclesiástica desobedece a Jesucristo: "El que a vosotros escucha a mí me escucha; el que a vosotros desprecia, a Mí me desprecia; y el que me desprecie a Mí, desprecia a Aquél que me ha enviado" (Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, No. 2050).

La plenitud de los medios salvíficos se encuentra en la Iglesia Católica, pero algunos actos de los hermanos separados pueden producir también la gracia, según lo estableció el Concilio Vaticano II. La bondad de Dios salva, por Cristo, a todas las almas generosas y de buena fe que, sin pertenecer a la Iglesia Católica siguen lealmente los dictados de su conciencia, según lo establece el Secretariado Pontificio para los no cristianos.

Sobre el ecumenismo declaró Juan XXIII: "La unión de los protestantes no puede venir del sacrificio de parte de la verdad, sino de un profundizar más en el conocimiento de la verdad".