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"En el templo, Dios quiere hablarte al corazón, no al celular"Las experiencias del sacristán de la Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe en MexicaliPOR MIGUEL VÁZQUEZ "Una vez sucedió que se acercó a comulgar un joven de buena presentación, comulgó y se hincó cerca del sagrario, sin embargo yo me sentía muy intranquilo con respecto a el", dijo Carlos Alberto Rubio Torres, Sacristán de la Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe en Mexicali. "Mi corazón no estaba en paz y me le acerqué para intercambiar algunas palabras con el pretexto de sugerirle unas oraciones. Me di cuenta que había incoherencia en su modo de hablar. Por las cosas que me respondió supe que no estaba preparado para comulgar y le di una pequeña catequésis, pero al despedirme le ofrecí mi mano y noté que tenía la Hostia consagrada en su mano derecha. Tuve un rápido impulso y le quité la Hostia sin pensarlo siquiera. La apreté contra mi pecho por que me dolió lo que había sucedido. Le dije al joven que lo que había hecho era algo grave y que jamás lo volviera hacer. "Inmediatamente le entregué la Hostia al sacerdote celebrante. Más tarde el padre me motivó a seguir pendiente en las misas, me pidió hablar de nuevo con este joven y que estuviera bien alerta por si se presentaba en otra celebración". Y agregó: "Uno aprende a ver a la gente, con la ayuda de Dios se intuyen las intenciones. "Llegué a Catedral hace 21 años a un grupo de niños de Renovación. La primera responsabilidad que tuve fue la de ser acólito. Por 1995 el Padre Horacio León me ofreció trabajar los domingos como guardia de seguridad. En ese entonces era indispensable tener guardias por que estaba muy fuerte el problema de las deportaciones masivas de indocumentados en Estados Unidos y había mucha población flotante en Mexicali". Explicó Carlos: "Había que cuidar de los feligreses, que no les fuera a suceder algo inconveniente. Por desgracia mucha gente que es buena, por estar sin trabajo puede verse presionada a hacer algo ilícito para resolver su problema económico. También teníamos que vigilar a quienes aprovechando la situación se hacían pasar por migrantes y venían a Catedral a pedir dinero. Constantemente había que decirles a los que estaban pidiendo limosna que se alejaran de las puertas de acceso al templo. Por que las puertas deben estar siempre despejadas para cualquier caso de emergencia. "El trabajo aquí no consiste únicamente en prevenir problemas sino en ayudar también. A los verdaderos migrantes había que orientarlos en lo que podían hacer. Hacia donde debían dirigirse para conseguir alimentos y refugio. Les regalábamos sopas instantáneas, que por lo general tenemos los fines de semana en Catedral. Y en ocasiones, cuando se veía claro que había que ayudarles con algo de dinero, lo hacíamos. "Poco después dejé de estudiar mi carrera por razones personales y el Padre Horacio me ofreció el trabajo de Sacristán. El Sacristán se encarga del cuidado de los objetos y libros sagrados. De la limpieza y mantenimiento de la sacristía y presbiterio. Todo los que abarque las celebraciones litúrgicas y de los sacramentos. Es un trabajo de mucho respeto a lo sagrado y servicio a la gente. Poco a poco fui aprendiendo mi trabajo, cada Rector de Catedral, cada Obispo, me ha enseñando cosas nuevas. Yo he trabajado ya con tres rectores y dos obispos", comentó Carlos. "He conocido infinidad de gente. Algunos vienen con necesidad de que alguien los escuche y terminan platicándole al guardia o sacristán sus problemas. Es el caso de Benito que andaba rondando en la calle por que en su casa no lo querían por su problema de homosexualidad. El era muy respetuoso, pero cuando tomaba se volvía muy violento, aquí llegaba arrastrándose por el pasillo central hasta la imagen de La Virgen pidiéndole que lo ayudara. Entonces hay que saber tratar estas situaciones tan delicadas, por que así como el tenía el derecho de venir a ver a su Madre, también hay que considerar a las otras personas que están en el templo". Continuó: "Benito venía con frecuencia hasta que un día no volvió más y supimos por boca de algunos limosneros que había muerto. Nunca supe que pasó en el interior de Benito, lo que yo vi fue que cuando andaba en sus cinco sentidos asistía a misa y también se confesaba. El estimaba mucho a los padres y a todos en catedral. "Catedral, por estar en el centro de la ciudad, no está lejos de la zona de bares y cantinas. Puede pasar que alguna persona que anda con las copas encima le entre el fervor Guadalupano y vengan en mal estado. No es fácil pedirles que estén tranquilos y que de preferencia que se vayan a descansar a su casa y que regresen cuando estén en mejores condiciones. "También en esta zona de la ciudad deambulan personas con deficiencias mentales a los que hay que controlar y auxiliar. Hemos tenido que conseguir ropa y ayudar a vestir a más de una persona que sin darse cuenta andan desnudos en plena calle", dijo. Prosiguió Carlos: "Nos han criticado por que platicamos o convivimos con personas con aspecto de malvivientes, pero hay una sincera intención de ayudarlos. También son hijos de Dios, está Cristo presente en ellos y están llamados a ser felices con Dios como todos". Ahondó: "Como sacristán hay que estar al pendiente de las celebraciones de la Eucaristía. De las personas presentes. Que estén escuchando sin distracciones y en paz, para poder recibir el mensaje de Dios. El Padre Juan Méndez, rector anterior, nos hizo mucho énfasis en que estuviéramos atentos a las necesidades de las personas. Que el sonido esté bien modulado, que en verano los ventiladores estén funcionando y hacer reparaciones en caso necesario. "En época de calor no es raro que alguien se desmaye, en particular en misa de 11 que viene tanta gente que le gusta la misa con mariachi. Me ha tocado ayudar a personas con dificultades médicas mas graves. En todos los casos hay que valorar la condición de la persona, moverlos del área si se puede, hablarle al servicio de emergencia si es necesario y avisarle a los familiares donde quiera que estén. "Como en todo lugar donde se junta mucha gente puede haber alguien que tenga intenciones de tomar algo que no es suyo. Estos casos son aislados y no queremos asustar a nadie", enfatizó, y añadió: "Con los años y la experiencia llegas a conocer a estas personas que sólo andan buscando llevarse algo. Se quieren llevar alguna veladora o un ramo de flores. Y esto lo puede hacer la persona que menos te imaginas, como una viejita que parecía que no quebraba un plato", recordó sonriendo. "Mucha gente piensa que por ser una iglesia estamos nadando en dinero, que las alcancías están llenas de billetes, cosa que está muy lejos de ser verdad. En una ocasión intentaron llevarse una alcancía, ya iban con ella para afuera con un carrito cuando los sorprendimos. "De todo hay que estar pendiente. Hace poco me dijo una señora, Vengo por agua bendita. Yo le pregunté: ¿A sí, y para que la quiere? Y me dijo emocionada: ¡Quiero darme un baño con yerbas y agua bendita para hacerme una limpia! Ahí es donde hay que hacerla de catequista", dijo. Aclaró Carlos: "La inmensa mayoría de las personas que visitan Catedral son muy piadosas y respetuosas. Sin embargo, como se trata de la casa de Dios es necesario que todos lo sean sin excepción. "Yo recomendaría a quien lo requiera a tomar conciencia de que el templo es para hacer oración. Es un lugar para encontrarse íntimamente con Dios. Y si estamos conscientes de esta realidad, cada quien sabrá en su corazón lo que se debe hacer, como debe comportarse y como debe venir vestido. "Yo nunca le he dicho nada a nadie por su manera de vestir. Pienso que al vestir indecorosamente están ignorando la voz de su conciencia. Lo que si he hecho es pedirles a algunas personas, regularmente a mujeres, que corrijan su manera de estar sentadas. Esto pasa sobretodo en bodas o quinceañeras a las que asisten personas que no demuestran la más mínima cultura religiosa", aseguró. "También he tenido que pedirles que se arrodillen en el momento de la consagración a personas que no profesan nuestra religión. A veces prefieren esperar a que se acabe la ceremonia afuera del templo que arrodillarse, y se respeta. Igual hay que llamarle la atención a personas que están hablando o riéndose en misa". "Se debe estar atento de los hijos, hay papás que dejan que los niños se acaben la Catedral". Comentó: "Ahora estamos poniendo bancas nuevas. Tenemos que cuidarlas, hay gente que las raya, les pegan chicles, les dan pataditas nerviosas y se van acabando". "Para finalizar y muy importante: Apagar los teléfonos", dijo Carlos. "Tener en cuenta que en el templo Dios quiere hablarte al corazón, no al celular".
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