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DICIEMBRE 2004




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La historia de Leticia

"El aborto no solucionó nada. Un bebé es un regalo de Dios, un regalo que jamás se puede olvidar".


POR MIGUEL VÁZQUEZ

"Nos la vimos muy negras desde que estábamos chiquitos", dijo Leticia. "A pesar de que mis papás nunca se divorciaron, nosotros nunca funcionamos como una familia. Mi papá es alcohólico y siempre estuvimos llenos de problemas. Nunca pudimos lograr nada. No trascendimos por que mi papá se gastaba todo en tomar o regalaba el dinero. Nunca tuvimos un buen carro, nunca tuvimos una casa bien por que mi papá quebraba todo. Mi papá golpeaba al que se le ponía enfrente. Golpeaba a mi mamá, golpeaba a mis hermanos. A mi casi nunca me golpeó, aunque si lo hizo. Me acuerdo de gritos, de pleitos. De salirnos de la casa porque mi papá agarraba la pistola y era muy violento. Atentó contra la vida de mi hermano. Una vida de perros".

Leticia continuó: "Todos sobrevivimos y salimos más o menos normales por que mi papá tuvo un trabajo en el que entraba a las dos de la tarde y salía hasta a las once de la noche. Yo salía de la escuela a medio día y no lo veía mucho. Apenas una hora y él se iba a trabajar. Pero el problema era los viernes y todo el fin de semana o algún día festivo.

"A los 20 años decido casarme para formar mi propia familia. Una familia que nunca tuve. Uno piensa que se va a casar y la va a ir bien".

Prosiguió Leticia: "Saúl y yo vivimos dos años perfectos, lo emigré para que pudiera trabajar en San Diego. El no tenía muy buen trabajo pero le ponía muchas ganas. Yo estaba contenta, sólo había algo que no me gustaba. Que salíamos mucho los fines de semana en plan de fiesta. Yo me había casado para estar en mi casa y no para andar tanto en la calle, pero le seguí el rollo.

"Mi idea de formar una familia se completó cuando tuvimos a Luisito. Desgraciadamente Saúl ya no quería más hijos. Nos separamos por seis meses y volvimos, pero el seguía en la actitud de no querer más hijos. Entonces nos divorciamos. Me divorcié de él por que yo si quería tener otro hijo", aclaró.

"Recuerdo que en ese tiempo me invitaron al grupo de la iglesia pero no les hice caso. Yo tenía un afán de conocer al alguien para casarme de nuevo, formar una familia y tener otro hijo", confesó.

"Fue entonces cuando conocía a Esteban. Según yo estaba muy enamorada de él. La relación fue creciendo. Habíamos hablado de casarnos y tener hijos", dijo Leticia y agregó: "En ese tiempo, cuando andaba con Esteban dejé mi departamento en San Diego y me fui vivir a casa de mis papás en Tijuana.

"Al tiempo salí embarazada de Esteban. A pesar de que él no quería ese hijo y desde el principio me quiso convencer de que abortara, nunca pasó por mi mente hacerlo. ¡Jamás! Yo estaba muy contenta de estar embarazada. Eso era lo que yo quería. Otro hijo. Le dije a Esteban que no quería abortar y si él prefería dejarme, pues que me dejara".

Continuó Leticia, "Como estaba en casa de mis papás, sentí la obligación de notificarles que estaba embarazada. Mi papá se enfureció. Me quiso golpear, ¡me quiso ahorcar! Para defenderme le pegué en la cara, con mi golpe se le rompieron los lentes y se le abrió la frente. Salí huyendo de ahí.

"Embarazada y cargando con Luisito de cuatro años, anduve de casa en casa. Finalmente me hospedé en casa de mi hermano. En realidad no era casa de mi hermano. El vivía con su suegra y para empeorar las cosas, su esposa, es decir mi cuñada, estaba embarazada de su cuarto hijo. Apenas cabíamos en la casa y no había un lugar para mí. Dormía en el piso", dijo.

Y prosiguió: "Tampoco tenía un centavo. Mi hermano nos traía de comer. Éramos una gran carga para mi hermano. En ese tiempo Esteban me buscó para decirme que le diera tiempo, que tal vez el niño que estaba esperando no era su hijo. Me propuso que cuando el niño naciera quizá podíamos hacer algo".

Y siguió diciendo Leticia: "Cuando Esteban me dijo que el niño que estaba esperando "quizá no era su hijo" le dije que se olvidara de mí. Que no me interesaba su plan. Desconecté mi celular rompí con el.

"Al igual que en mi primer embarazo cuando tuve a Luisito, en el segundo embarazo me la pasaba vomitando. Era una cosa exagerada, me la vivía en el baño. Perdí mucho peso. Tuve que internarme en el hospital varias veces por que no retenía nada de alimento, me la pasaba vomitando. El doctor me recomendó reposo absoluto pues tenía amenaza de aborto"

"Un día cuando había salido del hospital apareció Saúl mi ex-esposo en casa de mi hermano. Cuando me vio tan flaca, débil y amarilla hasta lloró. Entonces me dijo: '¡Mírate como estás! ¡No lo puedo creer! ¿Qué vas a hacer? Te faltan como siete meses de embarazo. Además, ¿cómo vas a cuidar a Luisito?' El empezó a decirme que abortara y yo le dije que no podía abortar. Que no quería abortar. Saúl me presionaba: '¿Pues entonces que vas a hacer?' Me vino a poner el aborto como la única solución.

"En esos días sentí que se me cerraron todas las puertas. No encontraba nada bueno en toda la situación. Estaba muy mal, necesitaba cualquier ayuda", dijo Leticia y agregó: "Si las vacaciones de verano no se hubieran atravesado, estoy segura de que con el apoyo de mis compañeros de trabajo de la escuela hubiera salido adelante con los problemas. Ellos me ayudaban cuando me deprimía, cuando me sentía en un hoyo. Por que cuando tienes el apoyo de alguien estás feliz, estás contenta. Pero en esta ocasión se me juntó todo y empecé a pensar en la posibilidad del aborto.

"Recuerdo muy bien una mañana en que me habló mi mamá por teléfono para decirme que iba a regalar la bicicleta de Luisito por que ya le estorbaba en su casa. Me dolió mucho esa indiferencia a mi situación. Ese día pensé que quizá el aborto era la solución. No vi más allá de mis narices", comentó.

"Antes del aborto fui a ver a mi ginecólogo en San Diego. Un doctor muy recto. Le expliqué que estaba en una situación muy difícil y que estaba considerando un aborto. El me regañó muy fuerte. Se enojó muchísimo por lo que le dije. Después de eso yo no quise volver a verlo.

"Saúl fue quien me consiguió la cita en la clínica de abortos en el centro de San Diego. El me llevó. Yo iba con mucho miedo. Saúl me seguía diciendo: '¡Eso es lo que tienes que hacer! Todavía te faltan siete meses. ¿Qué vas a hacer? Mírate como estás' ".

Continuó: "Llegamos al lugar. Yo estaba callada. Sin preguntar nada. En tu ignorancia te encomiendas a Dios. Saúl dijo que se iba a quedar conmigo en la clínica pero no se quedó. Se fue y me dejó sola. Me pasaron a un privado. Empezaron el procedimiento. Una parte de mí no quería hacerlo, pero ya estaba ahí. ¡Oí el ruido como de una aspiradora! Le pregunté a la enfermera que cuanto tiempo faltaba para hacerlo y me respondió que ya lo habían hecho. Que ya habían terminado. Me sorprendió que no lo sintiera y no duró ni dos minutos. Salí y me sentaron en otro cuarto para que reposara. No lo podía creer. ¿Cómo era posible? Entré embarazada y ya no estaba embarazada. En eso llegó Saúl y me solté llorando.

"Ahí empezó la carga de conciencia. Empecé a sentir como si alguien me estuviera persiguiendo día y noche. No podía dormir. Me sentía muy mal. Todo me recordaba el embarazo y el aborto que tuve. Si veía el calendario, pensaba en las semanas que cumpliría el bebé. Me imaginaba que ya se me notaría lo embarazada. No podía ver un bebé sin acordarme del aborto que tuve.

"Dos meses después del aborto Saúl y yo volvimos a vivir juntos pero empecé a tener problemas fuertes con el. Yo no pensaba en otra cosa más que en el aborto y el no quería tocar el tema. Yo quería hablar de eso y quería sacar el tema a cada rato. El me decía: '¡Que quieres que te diga! Yo no quiero hablar de eso. ¿Qué crees que no me siento culpable?'

"Saúl y yo volvimos a separarnos finalmente. Por mi parte estoy segura de que si él no hubiera aparecido, yo no lo hubiera hecho por mi misma. Y si mi hermano se hubiera enterado, me hubiera detenido", aseguró Leticia.

"Llena de coraje también le hablaba por teléfono a Esteban, el papá del bebé, para reclamarle por no haberme apoyado cuando lo necesitaba. Yo le decía: ¡Si tú supieras en lo que me metiste! No sabes el infierno en que vivo. ¿Por qué me hiciste eso? Y le repetía: ¿Por qué lo haces? Le preguntaba con coraje por que tengo entendido que Esteban ha hecho lo mismo con otras dos mujeres. Me refiero a que han abortado un niño de él.

"Ahora veo las cosas diferentes. En verdad mi salud iba de mal en peor pero yo no me iba a morir. Tampoco mi hermano me hubiera corrido de la casa aunque éramos una carga. El aborto no solucionó nada. Un bebé es un regalo de Dios. Un regalo que jamás se puede olvidar.

"Hace dos años de esto y Luisito todavía está esperando a que nazca su hermanito y me pregunta por él. Si Luisito se acuerda, como no voy a acordarme yo", finalizó Leticia.