ARTICULOS
ARTICULOS DE
|
"Moralmente inaceptable"En Tijuana los médicos no recurren ni alientan la eutanasiaPOR FABIOLA DELGADO En Tijuana los médicos y el personal de enfermería, por convicción y por profesionalismo, no recurren ni alientan la eutanasia. De acuerdo al Catecismo de la Iglesia Católica la eutanasia la define como: "Cualesquiera que sean los motivos y los medios, la eutanasia directa consiste en poner fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas. Es moralmente inaceptable". Y sigue el Catecismo: "Por tanto, una acción o una omisión que, de suyo o en la intención, provoca la muerte para suprimir el dolor, constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo, su Creador. El error de juicio en el que se pude haber caído de buena fe no cambia la naturaleza de este acto homicida, que se ha de rechazar y excluir siempre". El diagnóstico médico para determinar que un enfermo pasa a fase terminal, "es por un padecimiento crónico, incurable y cuando ya se han agotado todos los recursos de tratamiento", dice el Dr. Carlos Jiménez, Subdirector Médico Vespertino de la C20 del Instituto Mexicano de Seguro Social. Agrega la Dra. Cinthia González Flores del Hospital de los Ángeles: "Diagnóstico exacto no hay, son varios según sea la causa o enfermedad, por ejemplo cáncer, hepatitis crónica, muerte neuronal o cerebral por accidente, o sea cuando la calidad de vida se ha debilitado". Considerando uno de los aspectos generales de la ética de la muerte es responsabilidad de los médicos y su iniciativa para informar al paciente moribundo sobre la seriedad de su situación. Responsabilidad que atañe también al personal sanitario y asistencial, así como a los familiares del enfermo. Los doctores Jiménez, González Flores y, Rafael Cruz E., Jefe Médico de turno Cruz Roja delegación Tijuana, coinciden en que los médicos se apegan a las normas mexicanas aprobadas para el tratamiento específico según cada caso. En entrevista sostenida con el Dr. Carlos Jiménez, le preguntamos: ¿Cómo atienden la petición voluntaria de un paciente de acortar su sufrimiento? Responde: "La población mexicana no lo pide". A esta misma pregunta el Dr. Rafael Cruz dice, "No se ve, no se da en la población latina. Nosotros tenemos que mantener lo más que sea pueda la vida del paciente hasta que deje de respirar o su corazón se pare". También la Dra. Cinthia González opinó, "No podemos hacer eutanasia. Lo que podemos hacer según el caso es no reanimar". No es eutanasia el rechazo del encarnizamiento terapéutico. La interrupción de tratamientos médicos onerosos, peligrosos, extraordinarios o desproporcionados a los resultados puede ser legítima. Interrumpir estos tratamientos es rechazar el "encarnizamiento terapéutico". Con esto no se pretende provocar la muerte; se acepta no poder impedirla. Las decisiones deben ser tomadas por el paciente, si para ello tiene competencia y capacidad, o si no por los que tienen los derechos legales, respetando siempre la voluntad razonable y los intereses legítimos del paciente (Catecismo de la Iglesia Católica: 2278). Cuando un paciente terminal sufre pero esta inconsciente "los familiares de él no piden se practique eutanasia, mantienen la esperanza de que sane, de que se haya equivocado el doctor en el diagnóstico médico", dice el Dr. Cruz. La doctora Cinthia González Flores contesta, "Los familiares no piden la eutanasia". También el doctor Carlos Jiménez comenta, "Los familiares piden no se comunique al enfermo el padecimiento incurable". Nos comparte este conocimiento José Roman Flecha, teólogo español: Creer en un Dios Creador y amigo de la vida, creer en el Cristo resucitado y creer en el Espíritu, que es "Señor y dador de vida", implica una actitud positiva y responsable ante la vida humana, con independencia de sus calificaciones adjetivales. "En México no existe la eutanasia, no está permitido por la ley", dice el Dr. Rafael Cruz, y lo secunda la Dra. González Flores y comenta que los casos de enfermos terminales no suceden con frecuencia en hospitales privados. "Siempre es impío suicidarse; pero es muy laudable, muchas veces de consejo y otras de precepto, sufrir con paciencia la muerte o voluntariamente exponerse a ella y tolerarla", dice Francisco de Vitoria, teólogo español. La muerte es una aventura que ser realiza en compañía. "Ayudar a morir" no puede ser sinónimo de "dar la muerte". Pero tampoco puede reducirse a una fase vacía de contenido. Los hombres mueren "su muerte" cuando la asumen desde el amor a los suyos. Pero los hombres ayudan al hombre a morir "su" muerte cuando le ofrecen razones para la confianza y la serenidad, para la entrega y la esperanza. Desde la Cercanía humana o desde la caridad cristiana. Para el cristiano, morir significa encontrarse con Alguien. Rudolph Schnackenburg, un bien conocido experto de las sagradas escrituras, nos recuerda que en la literatura joánica se evoca el recuerdo de Caín y Abel para afirmar con rotundidad que "todo el que aborrece a su hermano es un asesino" y que "ningún asesino tiene vida permanente en él" (1 Jn 3,15). Los seguidores de Jesús no deben quitar la vida a nadie, sino dar su propia vida por los hermanos. En eso habrán conocido lo que es el amor, al recordar que el Señor dio la vida por los demás (1 Jn 3, 16). "Con todo es mejor vivir; que en los casos desiguales el mayor mal de los males se sabe que es el morir" (M.de Cervantes, El rufián dichoso).
Las tres grandes religiones monoteístas (Judaísmo, Cristianismo, Islamismo) se remiten a Abrahán como padre y modelo de la fe. Para Abrahán la vida es un don gratuito y ya inseparable, sorprendente y hasta festivo, a juzgar por la risa de Sara (Gén 18,12). Pero la vida es también para él responsabilidad y compromiso, como nos muestran los relatos etiológicos que evocan tanto el nacimiento de Ismael como la protección de Dios dispensa a su vida en medio de los peligros del desierto (Gén 16;21, 9-21).
|