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"Aquí recibimos amor"Un refugio para la vida en la ciudad de MéxicoPOR ALFREDO ORTEGA-TRILLO Se llama Sara. También quiere una foto, pero no anónima como las fotos de este artículo, sino por el gusto de mirarse desde el futuro y recordarse así: la cabeza ligeramente inclinada hacia un lado, ligeramente hacia abajo, y la tibieza de su sonrisa desplegada hacia la cámara, como si nada pudiera el mundo contra una mujer que supiera sonreír así. Entre los dedos se le han quedado enredadas unas florecitas azules cortadas del jardín mientras sus manos abrazan delicadamente toda la redondez de la vida que lleva en el vientre como si cargara a un niño. "Llegó desesperada, dice Dolores Sánchez, "Loly", como la llaman las chicas embarazadas que allí se encuentran a la encargada de la casa (una verdadera "mamá" que Dios les puso a estas mujeres llegadas en desamparo total a refugiarse del abandono, del rechazo, del desprecio de la sociedad, a la casa Yoliguani). No comía", sigue diciendo Dolores. Sara sonríe a la cámara ciertamente con más paz que alegría. Al filo de las incertidumbres sabe que afuera tendrá que volver a enfrentar el mundo. No sola, con un niño en brazos. Como ocurre con la mayoría de las mujeres que en condiciones similares se refugian en Yoliguani, el mismo niño que recién nacido en sus entrañas la atormentaba , es ahora, en su vientre de ocho meses, fuente de sus fuerzas para abrirse paso por el mundo. Aunque la casa Yoliguani sólo se propone en principio evitar abortos y ofrecer incluso servicios de adopción, lo que más a menudo ocurre es que "la mayoría de ellas se los quedan", dice Dolores Sánchez. Desde el extremo de la angustia con que llegan estas mujeres a Yoliguani hasta el extremo del amor con que muchas de ellas se acarician la hinchada panza cuando están ya allí, media un abismo. El salto que lo remonta no se puede indagar revisando en los documentos y folletos de Yoliguani. Los reportes de esta institución de asistencia privada tampoco revelan la causa que obra en el ánimo de estas mujeres para mudar la angustia por fortaleza y paz interiores. Ninguna enumeración de inventario institucional explica el cambio en ellas desde la consideración de un aborto hasta la decisión final de no sólo tener al hijo sino de quedarse con él. Como lo supimos más tarde, la razón no estaba en las magníficas instalaciones que, de hecho, Yoliguani tiene; ni en la excelente calidad de sus servicios, a toda prueba. De manera que la pregunta se hizo inevitable: "¿Cómo haces para irradiar tanta paz?" Las compañeras de Sara y ella entre ellas, como sabiéndose descubiertas con un secreto, no pueden contener un reguero de risas que de pronto se les escapan. La atmósfera se vuelve más obsequiosa a la confidencia, y al final una de ellas apura: "Aquí recibimos amor". Yoliguani es una palabra náhuatl que, haciendo honor a su nombre en la institución que hoy lo lleva, significa justamente: "el don de la vida". Yoliguani se funda en 1993 por un grupo de mujeres sensibles a las necesidades de otras mujeres que se encuentran embarazadas en estado de desamparo total. El resultado: una institución de asistencia privada en la ciudad de México sin fines de lucro cuya misión es salvar vidas a través de la prevención de abortos. Para cumplir su misión, Yoliguani se enfoca fundamentalmente en mujeres embarazadas que se encuentran desamparadas para protegerlas a ellas y a sus hijos en proceso de gestación. "Nos llegan con la estima muy baja". Se queja Dolores Sánchez. Uno de los principales objetivos de Yoliguani es levantar justamente la autoestima atropellada de las mujeres que les llegan, e impulsar su desarrollo personal a través de cursos varios que diversas voluntarias ofrecen en la Casa. Yoliguani también ofrece la integración de familias a través del esquema de niños en adopción. Paralelamente, a través de quince formadoras voluntarias, Yoliguani ofrece pláticas preventivas de orientación sexual para escolares en diferentes escuelas de la ciudad y muchas veces en coordinación con instituciones gubernamentales. La Casa Yoliguani cuenta con doce camas en cubículos a manera de pequeñas habitaciones individuales. Prolijamente limpias, como el resto de toda la casa, cada una cuenta con una cama y su mesita de cabecera con lámpara. "Un lugar digno", remata Dolores Sánchez. Digno y funcional: al rededor de cada futura mamá Yoliguani ofrece el servicio de 22 distintos especialistas atentos a los diferentes aspectos de la salud, alimentación; atención psicológica, educativa, legal, etc. En el piso más alto, profusamente iluminado y entibiado por el trasluz de las cortinas que cubren anchos ventanales, se encuentra el cunero con quince cunas de población variable, que son atendidas en turnos por seis enfermeras, tomando en cuenta que el promedio de atención por bebé es de 120 días las 24 horas del día. A un extremo y aislado está un cuarto pequeño para bebés en observación, donde también hay una incubadora. Las instalaciones de la Casa cuentan además con comedor, sala de estar con televisión, talleres donde se imparten diversos cursos: costura, manualidades y cocina. En este momento está por integrarse un taller de cómputo con una donación de computadoras que recientemente ha recibido la Casa en donación. Un sistema de vigilancia de circuito cerrado monitorea los accesos de la casa, y otro equipo similar permite el monitoreo permanente del cuarto de cunas desde Internet. Las chicas que llegan a la Casa Yoliguani generalmente lo hacen después de leer un aviso en algún medio impreso o por alguna referencia personal. Consiguen la concertación de una cita por teléfono, tienen una entrevista, presentan su documentación y firman de ingreso. Posteriormente se les da la bienvenida y se integran al grupo. Se les dan las instrucciones de horario y actividades de la casa, y reciben la ropa y objetos de higiene personal que usarán durante su estancia, la que se puede prolongar hasta dos semanas después del parto. Alguien ha descrito la casa albergue de Yoliguani como un oasis. Ciertamente lo es por lo que representa para las chicas que a él se acogen para vivir su embarazo. Pero también lo es su enclave de paraje en retiro. De hecho, se trata de un ex-convento en comodato, donde se hacían oraciones, galletas y panes; un lugar lleno de árboles y plantas y de música de pájaros, asentado en una de las zonas más exclusivas de la ciudad de México, con el mejor aire de la ciudad, la mejor luz y el mejor silencio; una atmósfera propicia a la reflexión y el planteamiento de decisiones importantes. Yoliguani podrá ser un oasis mientras el periodista se valga de analogías. Pero mejor y, con la venia del lector y perdón del editor, rescatamos aquí la voz limpia de sus protagonistas: "Yo, al menos, no sabía cocinar, pero ya he aprendido un poquito. La señora Mirna viene y nos da su tiempo, aparte de que ella trae todo el material". "La otra vez la señora Teresita nos regaló una costura. Trajo madejas para cada una". "La Sra. Loly es una persona muy amorosa. Se preocupa también por los bebés, no nomás por nosotras. Si prendemos la licuadora dice que nos agarremos la pancita porque es un ruido extraño para el bebé". "Yo me siento muy agradecida con todas las personas que mantienen esta casa porque realmente sí es un refugio". "Ayudamos un poco con los quehaceres para el mantenimiento de la limpieza, pero realmente es muy poco, por lo mismo del embarazo. De hecho es nada más por las mañanas en que hacemos alguna labor de la casa. Pero ya por las tardes podemos bajar al taller o venir a ver la televisión o leer". Yoliguani se mantiene gracias al apoyo filantrópico de voluntarios: trabajadoras sociales, enfermeras, psicólogas, formadoras, médicos, y muchas otras personas e instituciones, así como la donación económica de diversos benefactores y organizaciones. Eventualmente, Yoliguani se hace de recursos a través de fondos ganados en concursos convocados por organizaciones diversas. Recientemente gracias a una aportación del Deutsche Bank, Yoliguani consiguió ampliar los dormitorios al doble de su capacidad. Sara, con la fotografía que pidió ahora en sus manos, finalmente contesta aquella pregunta que al principio de este artículo calificamos de "inevitable": "¿Cómo haces para irradiar tanta paz?".
"Ahora me siento muy tranquila gracias a todas estas personas que hacen todo esto posible. Yo me pongo a pensar en tantas otras chicas que se encuentran en la misma situación que yo, y la ayuda tan grande que se nos da en este lugar". Entonces se le quiebra la voz por un instante. Como para darse valor se agarra la panza: "Es que me emociono. Que Dios los siga bendiciendo".
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