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Llega la peregrinación de Baja California a la Basílica de GuadalupePOR ALFREDO ORTEGA-TRILLO A tambor batiente y trompetas de carrillos hinchados, la peregrinación veracruzana viene acompañada de su banda, acercándose por la avenida central al santuario de la Basílica de Guadalupe. A los flancos del camino, sobre los braceros, el maíz apelmazado a mano se hincha. ¡Gorditas!, grita la torteadora sin levantar la vista. Las peregrinaciones a la Basílica de Guadalupe llegan de todos los rincones del país a visitar a la Virgen, haciendo de este templo el segundo santuario más importante del mundo católico. En sus cerca de 500 años de historia lo han visitado muchas generaciones de peregrinos de a pie lo mismo que Papas. Alfonso Sánchez, responsable de comunicación social de la Basílica indica que este importante santuario es visitado durante todo el año por peregrinaciones organizadas en gremios, cofradías y diócesis de todo el país y aún del extranjero. Si tú vieras nuestro calendario te darías cuenta que está prácticamente lleno con visitas de peregrinaciones agendadas durante todo el año. La peregrinación anual más grande es la de Querétaro con cerca de 85 mil personas. Una de las peregrinaciones que llama más la atención es la de la colonia china, que se realiza el último domingo de octubre. El atrio de la Basílica se convierte entonces en un grandioso escaparate de tradiciones chinas milenarias, como la vistosa danza del dragón, entre otras, con las que los fieles chinos demuestran su devoción a la morenita del Tepeyac. En los registros del año pasado destaca una peregrinación de devotos japoneses que ocuparon la capilla central para honrar a la Virgen con su tradicional ceremonia del té. Dejaron la tasa en el santuario como ofrenda, observa Sánchez. Entre los días del 9 al 12 de diciembre, las fechas más concurridas, cuando se conmemoran las apariciones, se calcula que visitan a la Virgen de Guadalupe alrededor de siete millones de personas. Aunque la mayoría de los peregrinos llegan caminando se dan algunos casos de personas que, por su cuenta y riesgo, llegan al templo de rodillas en condiciones lastimosas. Desde la teología de nuestra propia fe pudiera parecer esto un exceso innecesario, pues sabemos que ya Jesucristo hizo el sacrificio mayor ofrendando su vida por nosotros. Sin embargo, no existe consenso entre los sacerdotes de la Basílica para tratar el asunto con los peregrinos que llegan en ese trance. Algunos sacerdotes reprenden a los que así se martirizan: Levántate, porque ya Cristo hizo el sacrificio y murió por nosotros. Mejor tú arrepiéntete y deja de tomar, deja de drogarte, deja de golpear a tu mujer.... Sin embargo, la mayoría de ellos, como el padre Juan Ortiz Magos, profundo conocedor del náhuatl y de la tradición indígena expresa: Yo los dejo. Y se explica remitiéndose a las costumbres, creencias y tradiciones indígenas ancestrales: Si regresamos al contexto prehispánico, los indígenas mexicanos se sacrificaban tres veces al día: se perforaban con puntas de maguey las piernas, las orejas, los brazos y la lengua para ofrecer su sangre a la tierra. Si eso lo ofrecían a la tierra, ¿por qué no ofrecer lo mismo a la Virgen? Son conocidas las costumbres de martirizarse sangrándose en otras expresiones religiosas como en Guerrero durante la Semana Santa, en que los penitentes se sangran con las varas de rosas; en Chalma caminan descalzos con los pies ensangrentados entre piedras, como si esto tuviera un sentido de purificación para ellos. Un señor venía de rodillas, comenta el padre Ortiz, ya las rodillas raspadas, sangrando, cuando alguien como tú se le acercó: ¿por qué viene de rodillas? ¿por qué se viene martirizando?, le dijo. Y el otro le contestó desde el suelo: Si usted hubiera recibido lo que yo he recibido de Dios haría esto y más. El padre Juan Ortiz Magos es el secretario de la vicaría episcopal y coordinador de la pastoral de la caridad y de la pastoral indígena de la Basílica de Guadalupe. Además del gesto en sí de lo que implica para cada persona hacer la peregrinación a la Basílica, la devoción a la Virgen de Guadalupe se expresa en este lugar también de otra manera: en la capilla del cerrito instalada en lo alto del Tepeyac, lugar donde ocurrió la primera aparición de la Virgen de Guadalupe, hay un tablero próximo a un Cristo crucificado. Decenas de cartas dejadas allí por los peregrinos imploran la intercesión de la Virgen o agradecen sus favores. Ésta junto a la figurita de un pie que lleva prendida con un alfiler termina así: ...yo te boy a yevar la ofrenda que te ofrecí y el piecito de oro para que me bendigas con tus limpias manos [sic]. La figurita en cuestión, de unos dos milímetros de espesor, mide un centímetro por cuatro de largo. El pasado 25 de julio, fecha en que se cumplieron exactamente 250 años de la jura del patronato guadalupano, cuando las autoridades civiles y religiosas acogieron como patrona de México a la Virgen de Guadalupe (sin que existiera entonces la división de poderes Iglesia-Estado) llegó a la Basílica, como todos los segundos jueves de julio, la peregrinación de las tres diócesis de la península de Baja California: Tijuana, Mexicali y La Paz, encabezadas por sus respectivos obispos y sacerdotes. A la entrada del templo uno de los canónigos de la Basílica, el padre Armando Colín, recibió a los tres obispos: José Isidro Guerrero Macías, de Mexicali; Miguel Ángel Alba Díaz, de La Paz; y Rafael Romo Muñoz, de la diócesis de Tijuana. Con el canto de La Guadalupana de fondo, entró la peregrinación de la península, anunciada por sus respectivos estandartes: Tijuana, Mexicali, La Paz. Es la peregrinación que más nos conmueve porque vienen de muy lejos, dijo el canónigo desde el presbiterio y la nutrida concurrencia que llenaba el templo en la Misa de las once rompió en un aplauso. Tras recorrer el pasillo central las diócesis de la Baja California tomaron posesión de la Basílica de Guadalupe. Los peregrinos se acomodaron en las bancas del centro y sus obispos y sacerdotes subieron al presbiterio. Previamente a la Liturgia, el obispo de La Paz tomó la palabra: Hemos venido de lejos, de la península de Baja California para rendir nuestra devoción a la Virgen de Guadalupe que ha venido a México para quedarse en la tilma de San Juan Diego. El prelado se volvió en ese momento hacia la imagen plasmada en la tilma sobre el fondo del altar. Por su parte, el obispo de Tijuana, Rafael Romo Muñoz, durante su intervención expresó: Venimos por nuestro propio pie y en representación de aquellos que queriendo, no pudieron venir. Traemos sus saludos, y aprovechó la ocasión, que ya se le va haciendo costumbre desde hace dos años, de consagrar a la Virgen María a los neo-sacerdotes de su diócesis. En esta ocasión fueron seis: Ramón Ricardo Sánchez Cárdenas, José Ramón González Ponce, Francisco Javier Martínez Santisbáis, Antonio Castro Archila, Sergio Murat Camarillo, y Rodrigo Salinas Rosales, para que vivan con alegría y entusiasmo su ministerio. Al terminar la Misa, todos los clérigos de Baja California en el altar se volvieron hacia la imagen de la Virgen y el obispo de La Paz entonó el Ave María de Shubert. Luego se bendijeron los objetos religiosos que llevaban los peregrinos consigo, y a la salida se cantó: Adiós reina del cielo... mientras una señora a la puerta con un hisopo muy grande literalmente bañaba a todos con agua bendita.
La peregrinación de Baja California es de las más pequeñas. A la Basílica este año llegaron de Mexicali unas 30 personas; de Tijuana, entre 70 y 80, que viajaron en tres autobuses durante dos días. Para el señor Héctor Mercado, de la parroquia de Corpus Christi en la colonia Herrera, ésta es su cuarta peregrinación al templo de la Basílica, mismo que, no obstante ser un santuario tan importante y tan concurrido principalmente por personas mayores, no cuenta con reclinatorios para arrodillarse.
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