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'Como el equivalente a los trabajadores indocumentados'

Sacerdotes no incardinados en los Estados Unidos pasan por humillaciones, abusos y discriminación cultural


POR JOSÉ MADERO

Son minoría. Ministran a los que nadie más quiere, le administran los sacramentos a los más necesitados y hacen el trabajo pesado de las grandes diócesis de los Estados Unidos.

Pero los sacerdotes no incardinados, aquellos quienes legalmente no pertenecen permanentemente a una diócesis y suelen ser inmigrantes, son también los que están en las esferas más bajas de la jerarquía clerical del país, dicen expertos y observadores religiosos. Agregan que a menudo pasan por humillaciones, abusos y discriminación cultural y racial a manos de sus pastores o párrocos, quienes pueden deshacerse de ellos dado a que no cuentan con muchos derechos frente a las diócesis que sirven.

Los sacerdotes no incardinados, quienes suelen ser en su mayoría de países del tercer mundo y Latinoamérica, son en la Iglesia de California como el equivalente a los trabajadores indocumentados, dice Felipe Agredano, un profesor de religión de la Universidad de Cal-State de Los Ángeles. Hacen los trabajos mas duros, tienen menos beneficios y pueden ser despedidos en el acto.

Agredano dice que el modus operandi de las diócesis es más mundano que lo que se piensa. Y cómo el resto de la sociedad, la jerarquía católica a veces suele tratar con poca compasión a sus sacerdotes no incardinados.

"[Las diócesis] se han vuelto muy formales, y han establecido contratos formales", dice Agredano. "No es el tipo de medio ambiente que imaginaríamos que es un monasterio o un convento que admite a quien sea que pasa por las puertas y te da de comer. Y si eres un sacerdote no te dicen 'pues sólo únete a nosotros y trabaja'. No es el mismo medio ambiente que había hace cien años".

Sin embargo, Agredano dice que los sacerdotes que no están incardinados cumplen con un trabajo muy necesario, especialmente entre las comunidades inmigrantes cómo la latina. Agrega que son mucho más sus virtudes que sus defectos.

"Desde entender la fe [de los feligreses inmigrantes] hasta las idiosincrasias, estos sacerdotes hacen una gran labor", dice Agredano. "Ya sea en cosas cómo las quinceañeras -- las cuales no son católicas -- hasta formando muchas de las cosas culturales de los inmigrantes, estos sacerdotes que están cómo indocumentados en sus propias diócesis, llenan muchas de las necesidades de sus feligreses".

Un sacerdote oriundo de México que fue incardinado a la arquidiócesis de Los Ángeles que pidió no ser identificado, dice que a menudo los sacerdotes que vienen de México y Latinoamérica, chocan con sus párrocos y pastores en cuestiones culturales, doctrinales y pastorales. Agrega que los sacerdotes inmigrantes, quienes suelen ser más ortodoxos en sus creencias, son maniatados por sus párrocos.

Añade que cómo es de esperarse, los religiosos que no están incardinados suelen salir perdiendo. "Es como ponerse con Sansón a las patadas", dice el sacerdote. "Si te le pones bronco, te corre o te escribe un reporte malo y ya quedas mal con la diócesis".

Por cuestiones de poder, los párrocos a menudo prefieren estar solos en sus parroquias a tener ayuda de otros sacerdotes no incardinados, dice el sacerdote de Los Ángeles. Agrega que la envidia, el tener control sobre todo y tal vez incluso el ocultar algo, hace que muchos pastores no quieran tener a otros sacerdotes en sus iglesias.

"Para los pastores, sus parroquias son como su reino", dice el sacerdote. "Y ellos son los reyes, donde hacen lo que quieren. Aunque tengan que trabajar más, muchos [párrocos] prefieren estar solos".

Un sacerdote al que un grupo de sus feligreses dicen que prefirió estar sólo es el padre Thomas Baker, de Nuestra Señora de Guadalupe, en Los Ángeles. Baker acusó al padre Gustavo Lara, un cura oriundo de Guatemala que no estaba incardinado a la arquidiócesis, de robar 760 dólares de un fondo de la parroquia.

Lara, un hombre de 76 años de edad que llevaba más de ocho años sirviendo en Nuestra Señora de Guadalupe, niega las acusaciones de Baker. Aún así, Lara, quien sufre de diabetes y del corazón, fue despedido por su pastor.

"El padre Lara es un buen sacerdote. No creemos que robó nada", dice Carlos López, uno de los feligreses que se opuso a que Lara fuese despedido. "Creemos que el padre Tom ya no lo quería en la parroquia".

Baker no comentó al respecto, pero Carolina Guevara, portavoz de la arquidiócesis de Los Ángeles, dijo que Baker estaba en su derecho de despedir al padre Lara. Añadió que era lamentable ese caso, pero que Lara no estaba incardinado a Los Ángeles y que estaba bajo la responsabilidad de su diócesis en Guatemala.

Por ahora, el padre Lara sólo recibe los cuidados de su sobrina, Miriam Alpídez. Sin seguro médico o un salario fijo, el sacerdote se gana la vida celebrando misas a domicilio que le piden sus antiguos feligreses.

Por su parte Lara dijo no estar enojado con la Iglesia. Pero su sobrina dijo que era una injusticia lo que se le hizo a su tío.

"Resulta que después de 50 años de sacerdocio, ¡es ladrón de 760 dólares!", dice Alpídez.

Agredano, el profesor de religión que ha estudiado los casos de sacerdotes que no están incardinados, dice que padres como Lara quedan tanto sin la ayuda de diócesis norteamericanas cómo las de sus países natales.

"Desafortunadamente, cómo cualquier otro empleador, los padres que quedan fuera de esta formalización, que no se preocupan por sus beneficios o su tiempo de retiro, quedan fuera de este contrato formalizado", dice Agredano. "Cómo ancianos, quedan realmente bajo la misericordia de Dios y bajo la misericordia de la congregación que han servido. Porque no tienen esposas ni hijos ni nadie que los va a cuidar".

De acuerdo a un reporte del comité de Asuntos Hispanos de los Obispos, de entre sus 1,818 sacerdotes latinos que sirven en los Estados Unidos, 519 son sacerdotes que han sido incardinados, o sea un 43.7 por ciento todo el clero hispano. Es decir, que estos curas vinieron de otras diócesis y congregaciones religiosas y tuvieron que pasar por años de prueba antes de ser aceptados por sus diócesis actuales.

Dado a que se ordenan muy pocos seminaristas latinos en los Estados Unidos, las diócesis con una gran población de hispano parlantes suelen contratar sacerdotes de países hispanos, según el reporte de los obispos de 1999. Pero el reporte revela que tanto obispos como sacerdotes norteamericanos no están del todo contentos con los sacerdotes que vienen de países latinos.

"Muchos sacerdotes latinoamericanos traen modelos de trabajos pastorales y entendimientos que están en contra de la vida parroquial y las experiencias de los latinos en los Estados Unidos", dice el reporte. "Estas diferencias pueden llevar a los sacerdotes a tomar posturas insensibles hacia las poblaciones locales".

De acuerdo al Código de Derecho Canónico de la Iglesia, un sacerdote debe de tener tanto la aprobación del obispo de su diócesis original, como la de la nueva diócesis en la que quiere servir, para poder ser incardinado en otro lugar. Además, debe de cumplir por lo menos cinco años de servicio en su diócesis antigua, así cómo otros cinco en su diócesis nueva, para poderse llevar a cabo ese procedimiento.

Sin embargo, dice el sacerdote de Los Ángeles que fue incardinado, la mayoría de los sacerdotes que vienen de Latinoamérica rara vez son incardinados a los cinco años. El mismo fue incardinado después de ocho años de servir en varias parroquias de Los Ángeles.

El sacerdote admite que no todos los religiosos que vienen de Latinoamérica son buenos. Agrega que algunos a veces salen huyendo de sus países.

"Por algo se salen de sus diócesis y se vienen para acá", dice el sacerdote. "Si están aquí es por algo".

A la vez, algunos sacerdotes de países latinos acostumbran tratar de colarse en diócesis norteamericanas cuando llegan de visita. Suelen pedir oficiar algunas misas y poco a poco se quedan cómo ayudantes.

"Es el procedimiento típico", dice el sacerdote. "Se van quedando. Por eso a veces lo que mal empieza, mal acaba".

El sacerdote incardinado dice que el siempre aconseja a los sacerdotes de Latinoamérica que traten de congraciarse con los párrocos; qué usen la astucia. Agrega que primero está el párroco, y después los feligreses.

"Aunque el párroco diga que tal costumbre como el día de la Virgen tiene que ser cambiado en contra de las tradiciones de los feligreses, es mejor apoyarlo", dice el sacerdote. "Ya después de que te lo ganas, puedes hacer que haga lo que tu quieras".