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Al servicio de la educación de la feEntrevista con la Sra. María Hilda Borboa Coronado de LinaresPOR GUSTAVO VAZQUEZ Hacia las primeras décadas del siglo veinte, Mexicali empezaba a desarrollarse como población y por consiguiente carecía de parroquias donde se pudiera oficiar el culto religioso, aunque no de servicios ni de auxilios evangélicos, ya que estos eran proporcionados de manera irregular por algunos sacerdotes pertenecientes a otras comunidades como las de San Francisco California, o bien radicados en alguna otra localidad de la Baja California. El 18 de Mayo de 1918 llegó a la naciente población de Mexicali, el reverendo padre superior de las Misiones en la Península, don Juan Rossi, quien venía procedente del puerto de Ensenada. Este sacerdote pertenecía a la congregación de San Pedro y San Pablo y había llegado a estas tierras desde 1914 para residir en el puerto de La Paz. El Padre Rossi optó por formar un comité pro-construcción de un templo y el 18 de Julio del mismo año, fue bendecida la primera capilla donde hoy se levanta la catedral de Nuestra Señora de Guadalupe. Ese mismo día después de la bendición se oficio la primera misa por parte del reverendo Padre Rossi quien dirigiéndose a sus fieles en el sermón expreso: "Esta fecha debe ser memorable en los anales de la historia de Mexicali, por llevarse a cabo la celebración de la Santa Misa en esta capilla que apenas hace unos meses era como un sueño, y ahora es una bella realidad. Damos gracias Señor por este beneficio tan grande". Allá por el año de 1946, en un terreno ubicado en la colonia Nueva, el padre Ibarrola Grande, Misionero del Espíritu Santo, comenzó la construcción de la capilla de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro... La Sra. María Hilda Borboa Coronado de Linares ha dedicado gran parte de su tiempo en su extensa vida al servicio de la educación de la fe en diversos colegios y movimientos católicos de la ciudad de Mexicali, inspirada por los contundentes testimonios de hombres y mujeres de la Iglesia a quien les debe su formación humana, moral y espiritual tan valorada por ella misma. "Nací en los Algodones Baja California", comentó la Sra. María Hilda. "Cuando estaba chica fui a la escuela primaria Leona Vicario, porque era la que me quedaba cerca y una de las escuelas mas reconocidas, había muy pocas; estaba también la Cuauhtémoc, la Benito Juárez y entré en contacto con la iglesia del Perpetuo Socorro porque el día 10 de Mayo se hizo un té para todas las mamás, en ese entonces la que era directora de la escuela Leona Vicario, la señorita María Castro Valenzuela. Estuvo en la mesa donde estábamos mi madre y yo en la reunión, y le preguntó a mi madre que si pensaba continuar mis estudios en la escuela dieciocho y ella le respondió que no porque yo deseaba ir a la academia del Perpetuo Socorro. Ya tenía referencias de la academia porque asistía ahí al catecismo y me quedaba muy cerca pues vivíamos por la calle J. En aquel entonces era muy curioso el hecho de que de sexto año, tenía la posibilidad de estudiar contabilidad en dicha academia, es decir después de la primaria, era el siguiente paso. "Me gustaba esta academia en particular porque tenía una formación integral, a diferencia de otras que ha mi juicio no eran tan completas como esta. Después de varias pláticas de mi madre con la directora que se llamaba María Inés de Villalobos, me aceptó junto con otras niñas algunas de ellas compañeras mías de la Leona Vicario. El nuevo uniforme nos pareció fabuloso pues vestíamos formalmente ya como señoritas. Yo soy de la tercera generación de Comercio que se impartía en la academia que inició actividades en Septiembre de 1947 con un programa de estudios de tres años. Era una escuela particular que nunca estuvo incorporada ya que no se veía la necesidad; eran otros tiempos. La escuela dependía de las Misioneras Eucarísticas de la Santísima Trinidad, siendo ellas mismas las maestras a excepción del maestro de música que era el profesor Jaso, ética y moral nos la impartió el padre José Ibarrola Grande, Misionero del Espíritu Santo y la materia de inglés por varios maestros. De la primera generación salieron siete: Cecilia Araiza, Luz María Gaspar, Mercedes Fregozo, Cecilia y Evangelina Fernández, Yolanda C y Margarita Iturbide; de la segunda creo fueron dieciséis y de la tercera fuimos veintidós o veintitrés; el año pasado cumplimos cincuenta años que salimos de la academia, no todas las 'muchachas' pudieron venir al festejo pero seguimos en contacto y hasta la actualidad recordamos con mucho cariño toda la enseñanza que nos dieron pues también nos enseñaron a ser mujeres, responsables, con una formación de valores muy importante", siguió comentando. "Ahora vemos que todo lo que nos enseñaron nos ha seguido sirviendo para la familia, para formar a nuestros hijos, ayudar a nuestro esposo y en todos los aspectos de nuestra vida. Nuestras maestras eran unas verdaderas catedráticas y quienes las formaron a ellas fueron los fundadores de la orden a quienes tuvimos el privilegio de conocer. El padre fundador de las misioneras fue el padre Pablo de María Guzmán, Misionero del Espíritu Santo. Fue tan buena nuestra formación académica, humana y espiritual, que al concluir nuestros estudios, las alumnas con calificaciones sobresalientes ya teníamos trabajo", expresó la Sra. Borboa. "Tengo muy vivo un recuerdo, de mis estudios en la academia; fue en una ocasión que estábamos todas las alumnas con nuestra maestra para iniciar el rezo del rosario, una de mis compañeras no traía el velo que cubre la cabeza y era un requisito para poder rezar esta oración y la madre que era nuestra maestra le pidió que fuera a conseguir uno para que pudiera integrarse al grupo; entonces esta compañera se retiró y regresó ya casi cuando terminábamos de rezar y cual fue la sorpresa de todas que al no poder conseguir el velo se puso la red en la cabeza que se usaba para jugar volley ball y así entró a rezar con todas nosotras. Recuerdo que al terminar el rosario la madre se levantó a platicar con ella. Esto nos da una idea de la seriedad con que se tomaban las responsabilidades", platicó con una sonrisa la Sra. Maria Hilda. "Mi primer trabajo fue en la lechera que estaba en la calle J y Miguel Negrete de la Colonia Nueva, yo vivía en la calle J, así que me iba a pie, otras compañeras se fueron a trabajar a la jabonera, otra al consulado etc. Después me llamaron de una zapatería que se llamaba Calzado de León, donde empecé a llevar la contabilidad. En aquel tiempo tuve la inquietud por la vida religiosa, pero uno de los requisitos era la de tener 21 años de edad como mínimo, así que no podía, al pasar el tiempo tenía una relación de noviazgo sin embargo también seguía pensando en la vida religiosa. Mi decisión fue la del matrimonio y pienso que Dios me quería para esta vida, de familia, con mis hijos, mis nietos, etc.", siguió platicando. "En la generación de mis hijos, después de los años cincuentas, para cursar la secundaria existían pocas escuelas particulares y religiosas, estaba el colegio México, el colegio Frontera, Villafontana, Salvatierra, después el colegio Valle de Mexicali, donde hasta la fecha se ha impartido una formación humana, moral y espiritual importante que ha formado generaciones de alumnos y alumnas", dijo. "Siempre los obispos que hemos tenido, se han preocupado por la educación de su pueblo, sobre todo en la edificación de los valores morales y espirituales de las personas, como cabezas de los movimientos católicos tendiendo a promover estos valores; así mismo el papel tan importante que han jugado las distintas órdenes religiosas como pilares fundamentales que han inspirado la creación de distintos colegios y movimientos católicos aquí en Mexicali", concluyó la Sra. María Hilda.
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