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OCTUBRE 2003




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Las tradiciones católicas son su vida

Simón Hernández: "una figura quijotesca luchando contra titanes que han abandonado las tradiciones católicas"


POR JOSÉ MADERO

Es un maestro.

Con su sotana negra, su suplicio blanco, de lino bordado, Simón Hernández se mueve con gracia y seguridad entre un grupo de siete monaguillos. Los niños, en su mayoría entre los 10 y 13 años de edad, apenas saben lo que hacen durante su primer misa.

Pero ahí esta Hernández, quien se asegura de enseñarle a un monaguillo que lleve la pesada bola del incensario, como incensar al sacerdote y luego al pueblo. Después, lo prepara para que inciense con tres carbones y varias cucharas de incienso -- método con el que se asegura que habrá borbotones de humo aromático -- la hostia durante la consagración.

Dos monaguillos por poco y chocan antes de recibir las vinajeras, pero Hernández los salva de una pequeña catástrofe, agarrando a los dos por los hombros con gentileza pero firme, los encamina a sus posiciones. Algunos de los adultos que observan la misa desde las bancas, lloran de alegría, admirando el trabajo que Hernández hace con los pequeños monaguillos.

"Fue tan precioso", dice la madre de uno de los monaguillos, después de la misa.

Lo que hizo Hernández en esta parroquia del este de Los Ángeles, es un arte perdido. Pocos monaguillos inciensan al estilo antiguo, besan las vinajeras antes de entregárselas al sacerdote o muestran la reverencia de antaño.

"Es el mejor para servir en la misa", dice un sacerdote que ha trabajado con Hernández en el pasado, pero que dado a que Hernández tuvo un reciente altercado con una orden religiosa, pidió no ser identificado por temor a represalias. "Le decíamos el monaguillo mayor".

Por esa misma riña con la orden, Hernández pide que no se revele el nombre de la parroquia. Teme represalias.

Para algunos, Hernández y sus enseñanzas pertenecen al pasado. Pero para este sacristán de 66 años de edad, de baja estatura, modales corteses y acento de su natal Michoacán, las tradiciones católicas son su vida.

Tanto, que el pasado mes de enero se paso tres días en huelga de hambre a la merced del frio de las noches invernales, para que las tradiciones y costumbres religiosas latinas permanecieran en la iglesia de Nuestra Señora Reina de Los Ángeles, mejor conocida como "La Placita". Hernández se enfrento al nuevo párroco, diciendo que bajo su administración se estaban quitando las devociones, para ser reemplazadas con literatura e instrucciones al estilo de la Teología de la Liberación, una corriente social y religiosa que fue condenada formalmente por el Papa Juan Pablo II a fines de la década de los ochenta.

Desde entonces, Hernández fundó el Comité de Defensa de la Fe, Costumbres y Tradiciones Religiosas, un pequeño pero activo grupo que se dedica a defender y propagar las devociones a los santos, el servir con reverencia en la misa y el promover las posadas y el Día de Reyes. El grupo dice que cada vez hay más y más parroquias en la parte hispano-parlante de los Estados Unidos que están desvalorizando las costumbres religiosas de los latinos.

El comité, el cual incluye a algunos ex miembros de La Placita, incluyendo a José Cohen, quien también fue un sacristán ahí, le envió una carta formal a la cancillería de Los Ángeles, quejándose del supuesto intento por quitar las costumbres mexicanas. La carta también fue enviada a la mayoría de las parroquias de Los Ángeles, así como también al Vaticano.

"Ha habido muchos mártires y santos que murieron por nuestras tradiciones", dice Hernández. "No es justo que nos traten de quitar nuestras costumbres religiosas, solo por que algunos clérigos quieran hacerlo".

Algunos de sus detractores dicen que Hernández solo está empecinado en el pasado. Dicen que es la terquedad de no adaptarse al progreso.

Pero Leonardo Marín Saavedra, un obispo anglicano que conoce a Hernández, dice que el sacristán esta luchando por una causa justa, pese a la oposición entre algunos del clero y la jerarquía. Agrega que Hernández esta haciendo algo heroico.

"Simón esta haciendo lo correcto. Las tradiciones y costumbres católicas de la Iglesia son una parte muy importante de nuestra espiritualidad", dice Marín-Saavedra. "La mayoría de sacerdotes no quieren continuar con las tradiciones dado a que estas requieren de un esfuerzo. Lo que estos sacerdotes quieren es ser unos administradores que trabajan de nueve a cinco de la tarde, sin tener que esforzarse; no quieren cumplir con sus deberes de misioneros".

Como muchos inmigrantes de México, Hernández vio que su deber era emigrar a los Estados Unidos hace 31 años. Procedente de Michoacán, Hernández, quien una noche de 1972 se introdujo en un túnel oscuro de Tijuana, lleno de heces y basura, ya había estado en una orden de monjes, sintiendo un fuerte llamado a servir en la misa y a las tareas propias de un sacristán.

Tres días. Pasó tres calurosos días dentro del túnel, esperando que los guardias fronterizos no dieran con el, para poder pasar ilegalmente a los Estados Unidos.

Al llegar a Los Ángeles, alguien le dijo que fuera a la Placita, la iglesia más antigua de la ciudad, donde Felipe de Neve en 1781 estableció la ciudad de Los Ángeles. Ahí le dieron comida y le consiguieron albergue.

Rápidamente consiguió empleo en una funeraria, lugar donde trabaja hasta el día de hoy. Inmediatamente se puso a servir a la orden de los Claretianos -- quienes dirigen la Placita -- tanto en otras parroquias como en la Placita, donde millones de latinos y peregrinos de todo el mundo llegan a adorar al Santísimo, el cual está expuesto las 24 horas del día.

Bajo la dirección del padre Alberto Vázquez, Hernández se convirtió en el sacristán de La Placita en 1976. Hernández ayudaba en la más mexicana de las parroquias, donde se administraban hasta 800 bautismos cada semana.

Y a diferencia de la mayoría de las parroquias de California en las que solo hay una hora para el sacramento de la confesión por semana, en La Placita se escuchaban confesiones durante cada misa. Vázquez ordenó la construcción de una gruta dedicada al Santo Niño de Atocha, a la que miles acuden cada semana a depositar sus oraciones y peticiones.

Tras casi tres décadas bajo la administración del Padre Vázquez, este fue retirado por los claretianos a un seminario en Compton en julio del año pasado. Fue reemplazado por Dennis Gallo, un sacerdote italo-americano.

Y lo primero que hizo Gallo -- quien no contestó las llamadas de La Cruz de California para una entrevista -- fue cambiar las costumbres religiosas que no tenían décadas, sino siglos de llevarse a cabo en la Placita, dice Hernández. Abolió el grupo de Acción Católica Juvenil Mexicana, o sea la ACJM, grupo que dio 22 mártires durante la guerra cristera.

Quito las confesiones durantes las misas. Reemplazo los libros devocionarios que había en la librería por otros tomos orientados por la Teología de la Liberación.

Y a los medios de comunicación, con quienes Hernández tenia muy buena relación, les fue prohibida la entrada a fiestas como Las Posadas o para el día de La Virgen de Guadalupe. Esto rompió con una costumbre de mas de 50 años, en la que la naciente radio en español había transmitido en vivo la misa de la Virgen a una comunidad inmigrante mas inocente.

"En poco tiempo acabó con el trabajo de años y años", dice Hernández.

Sin poder soportar más, la segunda semana de enero pasado, Hernández sostuvo una huelga de tres días. La mayoría de los medios de comunicación en español de la ciudad cubrieron el desenlace.

Varias estaciones locales donde había locutores y programadores que simpatizaban con Hernández, transmitían en directo desde las afueras de la Placita, donde Hernández esperaba que el Padre Gallo cavilara. No fue así.

Según Bertha Hernández (quien no es pariente del sacristán), quien pertenecía al equipo pastoral de la Placita, el en aquel entonces diácono Arnold Abelardo, le imploró llorando al sacristán que se reuniera con Gallo. Ya desvariando, enfermo y hambriento, los sacerdotes coaccionaron a Hernández a que firmara un documento que el creía que era uno en el que indicaba que iba a concluir la huelga.

En cambio, dice Hernández, el sacristán, fue un documento en el que el admitía que iba dejar su puesto como sacristán.

"¡Lo engañaron!", dice Bertha Hernández. "¿Cómo se atrevieron a abusar de un hombre que estaba enfermo y sin saber lo que hacia?"

Siete meses después de la huelga, Hernández sigue empecinado en luchar por que regresen las tradiciones de su amada Placita. Pero su caminar va cuesta arriba.

La mayoría de los que el creía que eran sus amigos lo han abandonado. Sus amistades en los medios de comunicación le han vuelto la espalda, diciendo que no quieren saber nada de él.

Hernández dice que por el momento, no trabaja como sacristán, dado a que la mayoría de las parroquias le niegan una oportunidad, por temor a ponerse en contra de lo que el describe como la larga mano de Gallo y los claretianos.

"Me pase 31 años sirviendo a los claretianos", dice Hernández, en un cuarto que alquila en un vecindario de Lincoln Heights.

Todas las tardes, después de salir de su trabajo, Hernández ora en la penumbra de su cuarto. Le reza en particular a la Virgen Reina de Los Ángeles, a quien el mandó comisionar una pintura, una bella obra maestra a la que le construyó una capilla en su pueblo natal.

Rubén Bermejo, un activista católico que pertenece al comité de Hernández, dice que el sacristán es un soñador. Es una figura quijotesca, que se ve como un caballero del antaño, luchando contra titanes compuestos por sacerdotes y religiosas que han abandonado las tradiciones católicas y las han reemplazado con el paganismo, la Nueva Era y la seudo-brujería.

Bermejo dice que las devociones y tradiciones de Hernández son la esencia del catolicismo. Agrega que no ve con mucha frecuencia estos elementos en la Iglesia.

"Tal como están las cosas ahora, pregúntate ¿qué tanto por ciento de los sacerdotes y monjas son en verdad devotos a Dios? ¿Qué tanto por ciento son burócratas, que tanto por ciento son pederastas y que tanto por ciento son de verdad seguidores fieles de Dios?" dice Bermejo. "Hoy ves a monjas con bigotes y barba que caminan como Schwarzenegger".

Pese a su ministerio, el cual todos le dicen que es una causa perdida, Hernández dice que ayudará a todo aquel que quiera promover las tradiciones y costumbres de la Iglesia. Formará monaguillos, enseñará como hacer procesiones y defenderá las devociones.

Dice: "Lucharé hasta el fin".