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AGOSTO 2003




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'Se manifieste la gloria de Dios'

El proyecto "En las Manos de Dios; Niños especiales, Padres especiales"

POR ALFREDO ORTEGA-TRILLO


A la orilla de la carretera Transpeninsular, sobre el kilómetro 20.5 en Maneadero, Baja California, el 24 de mayo pasado el templo de la Inmaculada Concepción de María fue el escenario de un acontecimiento sin precedentes en la historia católica de la península.

Quince niños con parálisis cerebral, síndrome de Down, epilepsia y algunos otros trastornos, conocidos como "niños especiales" o angelitos (sin las comillas), acompañados de sus padres, padrinos y familiares recibieron la Primera Comunión del padre Raymundo Lujano, pastor espiritual de esa comunidad y quien justo ese día y de esa manera celebraba el regalo de su séptimo aniversario de ordenación sacerdotal.

Pero el padre Raymundo todavía recibiría un regalo más en esa su Misa, cuando la Sra. Guadalupe de Rascón tomara el micrófono frente a la comunidad que llenaba el templo y contara la historia de un angelito que a los tres meses había tenido meningitis e hidrocefalia. Concluyó su intervención conmovida hasta el asomo de las lágrimas: "Y ese angelito lo tiene a un lado el padre".

Además de la sorpresa ante el niño tan recuperado que tenía al lado, aquello fue para el padre Raymundo como un guiño desde el Cielo que le confirmaba su llamado al apostolado por los niños con capacidades disminuidas que hacía seis años había sentido frente a su acólito de entonces, Luisito, un niño de 35 años con síndrome de Down.

Su razonamiento había sido que si Luisito demostraba reconocer la diferencia entre el bien y el mal -- como lo hacía -- era porque tenía conciencia. Y para comenzar a madurar su proyecto, se apoyó en la noción de que la Iglesia define la conciencia como la voz de Dios que resuena en lo profundo del corazón humano, según lo marca el Concilio Vaticano II.

Mientras tanto, la ovación que irrumpió en la nave de la iglesia después del primer testimonio, sirvió de marco a otros más, dentro de una conmovedora celebración Eucarística donde la solemnidad del acto se fundió con los cantos, el rasgar de las guitarras y la emotividad del sentimiento de una comunidad muy participativa y desprejuiciada para darse el saludo de abrazo de Paz, mientras una plaga cariñosa de niños de los que tienen más de diablillos que de angelitos llenaban sentaditos los bordes del proscenio y los escalones que dan al altar.

¿Por qué: "En las manos de Dios; niños especiales, padres especiales?"

"Porque en las manos de Dios está la creación, está la vida, está su Providencia. Y porque una vez un señor se acercó y me dijo: Si hay niños especiales ¿no le parece que también hay padres especiales?", explicó el padre Raymundo en su oficina del Tecnológico de Baja California en Tijuana, donde da clases de ética.

"El Proyecto surge como una necesidad ante la gran desatención espiritual hacia estos niños", agregó. "Pueden existir algunas asociaciones para ayudar a estos niños de muchas maneras, pero sigue faltando el acompañamiento espiritual, y esto es lo que este proyecto intenta hacer, comenzando por la administración de los sacramentos".

El padre Raymundo parte del modelo de referencia en Cristo, quien acepta al hombre tal y como es. "¿Por qué nosotros no los vamos a aceptar también?". Y esperé a que él mismo se respondiera: "No sólo los tenemos que aceptar, sino que tenemos que ver por ellos, como hicieron aquellos hombres de fe cuando se las ingeniaron para subir al paralítico por el techo para que Jesús lo sanara. Son esos hombres el ejemplo para nosotros de la sociedad que debemos ser para nuestros niños especiales".

¿Cómo empezó su vocación por este servicio?

"Mi primer encuentro fue ver a un niño con síndrome de Down vestido de acólito. Vino a mi mente la barrera de decir, puede tirar el cáliz, puede tirar la hostia que se va a consagrar, puede estar distrayendo a la gente en mi sermón, pero sentí que negarle la oportunidad y no conocerlo era negarme y no conocerme a mí mismo, que negarle la oportunidad era negarle esa oportunidad al Jesús que hay en esos niños y que a veces no alcanzamos a ver".

El padre hizo notar de paso las necesidades de infraestructura en las iglesias como son la falta de rampas en los accesos y adecuación de los baños, antes de rematar con un clarividente: "Falta una cultura de la caridad, con el que atravesó magistralmente la superficie del problema para situarlo en el terreno fundamental del amor: la caridad".

Una segunda experiencia empujó más al padre Raymundo hacia este apostolado cuando se vio a sí mismo con el micrófono en la mano delante de una niña de quince años dormida en una silla de ruedas.

"Por supuesto que no me irigí a ella en el sermón", recuerda el sacerdote. "¿Pero qué le podía decir yo a aquel padre que me decía todo con su orgulloso semblante junto a su hija vestida de quinceañera en aquella silla de ruedas? Le dije simplemente lo que ya estaba viendo: Lo que tiene usted en esa niña es un angelito, una bendición de Dios. Hay un pasaje en la Biblia cuando le preguntan a Jesús: Para que éste naciera ciego, ¿quién pecó, él o sus padres? Y Jesús respondió: Ninguno, es para que se manifieste la gloria de Dios".

El párroco de la Iglesia de la Inmaculada Concepción de María en Maneadero tiene este pasaje muy presente cuando en sus catequesis a los papás de estos niños les explica que sus hijos especiales no son un castigo de Dios, ni el producto de un pecado, sino una bendición. "Porque no hay mejor obra en que Dios se manifieste", explica el padre Raymundo, "que a través de la caridad, y estos niños son una formidable ocasión permanente de caridad para sus padres y todos los que los rodean".

Pero no siempre son los padres quienes aprovechan esta formidable ocasión que les plantea la vida a través de los así llamados niños especiales. "Usted lo que tiene en su hijo es un Angelito", le dijo una vez el padre Raymundo a una señora con un niño de parálisis cerebral en brazos. "No es mi hijo, es mi nieto", contestó aquella señora. Como ella, la Sra. Catalina en esa ceremonia inusual de Primeras Comuniones para niños especiales, es también una abuelita con un angelito que su mamá le dejo en los brazos hace nueve años para seguir ella haciendo su vida aparte.

Cuando el padre Raymundo todavía no se convencía o no quería convencerse de una vocación con aparentemente tan poco lustre, se apareció Pepe en la fila de los que iban a comulgar. Pepe es un niño disminuido en sus capacidades. Podría tener catorce, pero igual tiene once años de edad. Aunque nadie sabe dónde vive, es el caso que todos los domingos se las arregla para estar en la Misa de los niños.

El P. Raymundo se quedó con la hostia en la mano y comenzó a investigar abriendo páginas en Internet para indagar sobre normas, reglas y servicios de catequesis especial. No encontró mucho, pero su conclusión fue irrefutable y el obispo lo animó por medio del padre Carlos Poma, encargado de la pastoral especial, a que siguiera aportando experiencias, organización y proyectos en atención a los niños especiales.

El proyecto "En las manos de Dios; niños especiales, padres especiales" que dirige el padre Lujano está en pañales y comienza a fortalecerse con el apoyo de personal capacitado como la psicóloga Alma Teresa Bárcena Gaitán, especialista en problemas del lenguaje, quien ha comenzado espontáneamente a ofrecer orientación a los padres de familia de niños especiales a la salida de Misa en la Inmaculada Concepción de María, y tiene la intención de formar un grupo interdisciplinario de profesionistas para apoyar el Proyecto. Como ella, el Dr. Cisneros se va encargando de esclarecer dudas en torno al manejo de estos niños.

La prueba de fuego que tuvo que contestarse el Proyecto mismo desde un principio se encierra en esta pregunta: "¿Cómo se enfrenta la tarea de catequizar a niños que no pueden entender una clase de catecismo?". La respuesta del padre Raymundo se fundamenta en el sentido de responsabilidad que la Iglesia reconoce en los padres mientras sus hijos no tienen uso de razón. "Bajo el entendido de esta responsabilidad la catequesis se imparte a los padres, para que sean ellos quienes se encarguen de formar a sus hijos en la doctrina de nuestra fe, hasta donde estos niños lo puedan entender", explica el padre Raymundo.

El proyecto "En las manos de Dios; niños especiales, padres especiales" funciona bajo la autorización del obispo Rafael Romo Muñoz y la vigilancia de los padres Carlos Poma, encargado de la pastoral especial, y Eduardo Ortiz, del seminario diocesano de Tijuana.

El 15 de junio pasado se realizó la segunda celebración de bautizos y primeras comuniones para niños especiales en la parroquia de la Inmaculada Concepción de María en Maneadero.

Si usted desea mayor información para acercarse al Proyecto porque tiene uno de estos angelitos o porque desea colaborar en la formación de grupos de apoyo espiritual para familias con niños especiales, comuníquese directamente con el padre Raymundo Lujano al 044 664 703 6129 o a su correo electrónico:

inmacma@hotmail.com.