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"Le da alegría a cualquier evento"Guillermo Valencia, el mas popular de los cantantes católicos popPOR JOSEPH TREVIÑO Es un ciclón. Gustosos, los miles de jóvenes que bailan, cantan y forman filas de danzantes en medio de las butacas de este multitudinario evento católico al compás de los ritmos de un delirante sonido tropical, se dejan llevar por el vendaval. Todo huracán tiene nombre y este no podría ser la excepción; se llama Guillermo Valencia. Delgado, luciendo una camisa manga corta amarilla sobre una playera y pantalones de vestir oscuros, Valencia canta uno tras otro furioso merengue sobre el entarimado del Colegio del Este de Los Ángeles California, desde donde las sonoras trompetas y su voz resuenan a través del auditorio. Y como le diría cualquiera de los jóvenes que se dieron cita hace unos meses en el Encuentro Latino de Jóvenes, absolutamente todos se mueven ante los acordes de su contagiosa música. Todos. Tras tres canciones, Valencia se despide, dejando a los jóvenes al borde del frenesí. Roberto Arredondo, el animador del evento, intenta, calmar a la muchedumbre. Pero es inútil. Valencia regresa para cantar Remolineando, una cumbia sabrosona que habla sobre el darle una alabanza a Dios mediante el baile. Tras crear un masivo "remolineo", el cantante se despide. Considerado por los organizadores de eventos masivos católicos como el animador por excelencia, Valencia es algo así como el alma de cada fiesta espiritual. Si, dicen los organizadores, es Jesucristo el centro de sus eventos, pero le toca a Valencia ser su mas gozoso seguidor. "Guillermo le da alegría a cualquier evento", dice Bulmaro Tapia, un joven que trabajo coordinando el Encuentro de Jóvenes. "Trae con él el poder de Dios". Ya sea dado a su jocosa personalidad o que tiene el poder del Altísimo, lo cierto es que Guillermo Valencia es hoy por hoy el mas popular de los cantantes católicos pop. Con un itinerario tan atestado que haría la envidia de muchos de las estrellas del mundo del espectáculo, Valencia es el intérprete de alabanzas mas requerido desde Alaska hasta la Patagonia. Una típica semana de Valencia durante el mes de mayo corre así: martes, un concierto en Washington; miércoles, una predicación en Oregon; jueves, alabanzas y predicación en Los Ángeles. De viernes a domingo una gira por Guatemala; el lunes esta de vuelta a su casa de Los Ángeles, desde donde partirá el martes a Fresno. Los organizadores de los grandes eventos lo llaman "El levanta muertos". En Guatemala, donde cuenta con miles de fieles seguidores, le llaman el "grillo de Cristo". Pero sea cuál sea el apodo que le ponen, para los miles, tal vez millones, de católicos que han comprado sus discos o han bailado con el en incontables eventos, Guillermo Valencia significa una cosa: alegría católica. Marina Carrión, la directora de la renovación carismática de San Bernardino, dice que el dinamismo con el que Valencia infunde a las masas va mas allá del sentimentalismo. Asegura que las alabanzas (canciones) del cantante tienen un poder de sanación. "El tiene ese dinamismo, esa alegría que va exaltando el nombre poderoso de Dios en medio de sus cantos y mueve el cuerpo para acá y el mueve el cuerpo para allá," dice Carrión. "En medio de todo eso se dan sanaciones. Gente enferma de los músculos ha recibido mucha sanación". Todos los que lo conocen dicen que Valencia tiene una "unción" del Espíritu Santo. Agregan que su devoción a Dios, su vida católica y el apego al magisterio de la Iglesia y a los sacramentos esta fuera de toda duda. Pero también admiten que lo ayuda mucho su prodigiosa creatividad interpretando música tropical, predicando o montando obras de teatro experimental cristiano. Con la destreza reminiscente de una Olga Tañon, Valencia anima a las masas con sus sudorosos merengues; es lo que en inglés llaman un "performer", o sea un animador nato. Lideres católicos como Carrión dicen que con su prodigiosa creatividad, Valencia es todo un "Renaissance Man", o sea un renacentista. Interprete. Bailarín. Dramaturgo. Valencia hace de todo. Y lo hace a la perfección. Pese a que tiene 45 años de edad, Valencia es todo jovialidad, a menudo luciendo su cabello corto y suéteres o playeras con cuello alto. Algunos dicen que su porte juvenil se asemeja a una versión cristiana de Miguel Bosé, la estrella de la música pop que es algo así como el eterno adolescente que siempre esta a la vanguardia. Tal parece que Valencia siempre fue un vanguardista. Incluso en su niñez, en Bogotá, donde se crió, el pequeño Guillermo hacia de las suyas para esparcir la palabra de Dios. A la edad de nueve años, Valencia se convirtió en seguidor del padre Rafael García Herreros, quien fue el creador de El Minuto de Dios, un programa de radio. Como a mediados de la década de los sesenta, Herreros se convirtió en uno de los líderes de un nuevo movimiento que se asemejaba a lo que después se conocería como la renovación carismática. Pero contrario a la Teología de la Liberación, la cual en aquella época comenzaba a tener auge en Latinoamérica y proponía una Iglesia progresista y orientada mas a los trabajos sociales que a lo espiritual, Herreros tomó el rumbo opuesto. Enfocándose en lo místico y propagando el evangelio de una forma radical, Herreros es considero por Valencia como un santo. "Era como la versión masculina de la madre Teresa de Calcutta", dice Valencia, durante una entrevista en un restaurante mexicano de Los Ángeles. Pero el seguir a Cristo cuesta, dice Valencia. A los nueve años pudo comprobarlo, cuando el Padre Herreros lo envió a un grupo de niños -- incluyéndolo a él -- de dos en dos, por los caminos de Colombia. Equipados con tan solo un morral lleno de Nuevos Testamentos, un cambio de ropa y la bendición de Dios, Valencia y el pequeño grupo de niños y adolescentes se lanzaron a las calles por una semana. Su misión: propagar el evangelio. Durante el día, los niños predicaban la palabra de Dios; durante la noche buscaban albergue y de no encontrarlo, dormían en los parques. En plazas publicas, en camiones, de casa en casa y hasta en algunas parroquias, Valencia y sus compañeritos predicaban y distribuían Nuevos Testamentos. "Fue algo muy difícil, pero muy lindo a la vez", dice Valencia. "Recuerdo que se me quedo grabado el versículo de San Juan que dice 'por que tanto amo Dios al mundo, que entrego Su Hijo Único, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna' ". Fue ahí donde aprendió a tocar la guitarra. Se dio cuenta de que con la ayuda de ese instrumento, podía atraer la atención. "La gente es muy chismosa y se acercaba a ver que estaba pasando", dice Valencia. El pequeño Guillermo creció. Mientras seguía ayudándole al Padre Herreros, curso estudios de Filosofía -- tanto cristiana como clásica -- llegando a impartir clases sobre los grandes filósofos griegos en varias universidades de Bogotá. Y rompiendo el estereotipo del adherente de la renovación carismática al que se ve como alguien con pocos estudios, fundamentalista y recio a no admitir nada que no este en la Biblia, Valencia dice que deriva mucha influencia de los filósofos griegos y de Jean-Paul Sartre y Nietzche. Aunque estos últimos por lo general no son ligados con la vida cristiana, Valencia encuentra en ellos algunas verdades que son compatibles con el catolicismo. Pero a la edad de 22 años, Valencia se vio una encrucijada. Quería irse a estudiar a Londres, pero el Padre Herreros le sugirió que se fuera a Los Ángeles, donde tal vez lo aceptaría una familia que conocía bien: los Kramar. Fue Marilynn Kramar, quien hasta la fecha encabeza Carisma en Misiones, la cuna latina de la renovación carismática católica en los Estados Unidos, la que aceptó a Valencia. Y así, el mozalbete llegó a Los Ángeles un ocho de marzo de 1980. "Entonces me preguntaba ¿qué hago yo aquí?", evoca Valencia. El joven se quedó en los hogares de varias familias de la Misión (como se le llama a Carisma en Misiones), quienes le brindaron refugio. Inicialmente no formó parte de la mesa directiva de Carisma, pero esto no fue impedimento para que Valencia formara dos grupos de oración; uno en La Puente y otro en Hacienda Heights. Al poco tiempo, Valencia comenzó a formar parte del selecto grupo de predicadores de Carisma en Misiones, la cuál entonces estaba en todo su apogeo. Pronto le dio por grabar un cassete de alabanzas. Valencia ya había grabado en Colombia con sus hermanos, quienes pertenecían al mundo del espectáculo y tenían un contrato con la antigua disquera, CBS. Mas nunca había grabado algo con música cristiana. Sin embargo, con la ayuda de Martha Reyes, entonces una de las pocas cantantes católicas cristianas, quien con sus hermanos encabezaba el ministerio de música de la Misión, Valencia grabó su primer casete: Rinde Todo a Cristo. Diez familias le hicieron un préstamo de cien dólares cada una, con los que se recaudaron los mil dólares necesarios para su grabación de baladas cristianas. Las siguientes producciones musicales las ha hecho con José Carrillo, el arreglista del Grupo La Fe. A mediados de los ochenta, Valencia se fue de la balada a lo tropical, siendo el primer cantante católico que incluyó coreografías en sus presentaciones. Aun así, Valencia por muchos años llego a ser conocido como uno de los mas queridos predicadores de Carisma, haciendo viajes misioneros por todo Latinoamérica. Llegó a ser el líder del coro de la Misión, así como el autor que montaba algunas de la grandes obras teatrales para los grandes eventos. Finalmente, en 1996, después de 16 años, Valencia dejo Carisma en Misiones. El Encuentro de Jóvenes de ese año fue la última vez que se presentó como parte del equipo de la Misión. "Recordaba lo que me había enseñado el Padre Herreros, que tenía que seguir mi camino como misionero, solo", recuerda Valencia. "Pero fue una época muy bella con la Misión". Ahora, Valencia alquila un apartamento estudio, llano, con pocos muebles en el sector Wilshire de Los Ángeles. Su mesa tiene dos sillas; conduce un Ford Escort color blanco, con varios años a cuestas. Paga renta, pero realmente vive en una constante gira. México. Guatemala. Alaska. Los aeropuertos son su hogar. Por estos días, Valencia es mejor conocido como el cantante. Mas, coordinadores como los de Carisma y Carrión, la de San Bernardino, también lo llaman para que imparta sus explosivas predicaciones, capaces de despabilar zombis. Como uno de los vanguardistas de la Renovación Carismática, Valencia la defiende de sus críticos, los cuáles suelen conectar este movimiento con sus influencias evangélicas y la "protestantización" de la Iglesia Católica. Otros señalan que los carismáticos dan mas importancia a fenómenos sobrenaturales como hablar en lenguas y sanaciones que a la Santísima Eucaristía. Valencia niega esto vehementemente. Se defiende, diciendo que los de la Renovación le dan una reverencia mística al Santísimo Sacramento. Agrega que basta con ver una de sus horas santas, a las que suelen acudir miles, para convencer hasta el crítico mas férreo del apego carismático a la Eucaristía. Valencia dice que el no impone tarifas por presentarse. Acepta donaciones, especialmente de los ministerios mas grandes, pero asegura que jamás se niega a visitar una comunidad, por mas humilde que sea. "Yo no soy nadie para ponerle precio a un lugar", dice Valencia. "Si hay lugares donde me dicen honestamente 'hermano, no tenemos nada que darle'. Ese es el lugar que tengo que visitar". Hace unos meses, Valencia se volvió a meter en los Estudios Kyrios con Carrillo. El resultado sera Vitamina A (Alabanzas), CD que esta previsto a ser lanzado este mes. Hay planes para hacer un video de aeróbicos católicos. También esta trabajando en un libro autobiográfico y en una próxima obra teatral. Pese a su popularidad, Valencia suele sentirse solo. Su contestador esta repleto de llamadas de trabajo, pero pocas son de amistades cercanas. "Es raro que reciba una llamada en la que me pregunten 'Guillermo ¿existes?' ", rie Valencia. "La gente cree que no nos hace falta nada, siendo que tenemos que ser tan humanos". Hace dos años, Valencia recibió un duro golpe: su padre falleció. Aun así, tuvo que presentarse en varios lugares, para animar a miles con sus alabanzas. "Por esos días, escribí con mi guitarra, a media luz en mi recámara, Remolineando, recuerda Valencia. "Me di cuenta de que Dios me decía que tenía que superar las cosas". Hoy por hoy, Valencia suele llevar a su madre, quien vive en Colombia, por sus giras, dice Carrión, quien ha estado con él en varias giras. Se mantiene en contacto con su hermana en Miami y el resto de su familia. "Está llamando a su mamá todo el tiempo", dice Carrión. "Se asegura que su mamá se tome sus pastillas". Todos los fines de semana, es un concierto o una presentación en algún lugar de Latinoamérica. Cada Lunes, regresa a Los Ángeles donde vuelve otra vez a la carga. La lectura diaria de la Biblia, una vez por la mañana y otra en la noche, es lo que lo mantiene en pie, dice Valencia. La Eucaristía y la oración son su pan de cada día. "Como la vez en que Pablo fue sacado de la cárcel con alabanzas y un terremoto, yo creo que la alabanza debe de ser un terremoto que no puede dejar las cosas en un mismo sitio", dice Valencia. "Yo reclamo todo lo que pueda, para que tarde o temprano, la persona caiga rendida a los pies de Jesucristo".
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