La Cruz de California

ARTICULOS

ARTICULOS DE
JULIO 2003




BREVES

CARTAS AL EDITOR

SIN AZÚCAR,
POR FAVOR


¿A QUIÉN IREMOS?




Contents © 2003
by Jim Holman.
All rights reserved.






"¡Yo quería salir de ese hoyo negro!"

La Casa de la Esperanza en Mexicali, un centro católico de rehabilitación para adictos

POR GUSTAVO VAZQUEZ


"Nací en Culiacán, Sinaloa. Era un muchacho muy tímido y con muchos complejos. Cuando tenía 17 años mis padres se fueron a vivir a Estados Unidos y me quedé con mis abuelos. Un día, paseando con mi hermano y amigos, me tomé unas cervezas y como magia, mi timidez desapareció; sucedió una transformación de mi personalidad.¡Fuera complejos!, a partir de ese momento el alcohol se convirtió en la magia que me daba la alegría, seguridad y el valor para expresar mis sentimientos; para bailar, para decirle a una muchacha lo que sentía por ella y pedirle que fuera mi novia, etc. Así, poco a poco fui cayendo en las redes del alcoholismo, hasta que empecé a tomar compulsivamente", explicó Javier Giovanni, joven de 26 años interno en proceso de rehabilitación en la Casa de la Esperanza en Mexicali.

"A los 23 años, con una esposa y un hijo, ya era un bebedor problema y esto me llevó a consumir drogas; como consecuencia empecé a perder mi memoria, dejó de importarme mi casa y dejaba a mi esposa sola, no atendía las necesidades de mi hijo y dejé la universidad. Por tantos sustos y preocupaciones que le di a mi madre, contribuí para que se enfermara de diabetes. Ya con 26 años, pensaba que cuando quisiera podía dejar de consumir drogas, pero la realidad era muy diferente, mi consumo iba en aumento y así fui perdiendo el interés por mi persona, por mi familia... poco me faltaba para andar rodando en las calles, sucio, robando para comprar dosis.

"Mi recuperación empezó gracias a que mi padre Dios se manifestó a través de mi esposa y mis padres. Con su apoyo llegué a Casa de la Esperanza. Aquí me di cuenta que mis problemas de personalidad de mi niñez y adolescencia me fueron llevando a convertirme en un adicto, que la drogadicción es síntoma de una enfermedad y por lo tanto estoy aprendiendo a cuidarme como un enfermo que soy para no perder mi vida.

"El día de hoy puedo decirles que estoy disfrutando la vida, que no necesito droga porque he encontrado una esperanza para vivir. Mi padre Dios me está dando la oportunidad de vivir en sobriedad para poder reunirme y ser feliz con mi familia", concluyó Javier Giovanni.

Al oeste de la ciudad de Mexicali, en la colonia Santa Isabel, se encuentra la Casa de la Esperanza; centro católico de rehabilitación para adictos a las drogas. Muy próximo, se erige, orgulloso, el cerro de El Centinela; testigo silencioso de la lucha diaria que realizan los internos de ésta casa por su rehabilitación y que por su propia voluntad se han internado temporalmente, ante las exigencias de su conciencia y de su corazón, por reencontrarle un sentido a sus vidas.

"La Casa de la Esperanza fue fundada en el año de 1998 por el padre Juan Faus Pujol, perteneciendo a la Diócesis de Mexicali", explicó el padre Ricardo Campos, director general del centro de rehabilitación. "El padre Juan ya tenía varios años queriendo abrir un centro de rehabilitación y junto con un equipo de voluntarios estaba dando pláticas para familias; ésta era realmente la única ayuda que se le daba a las familias de adictos por parte de la Diócesis de Mexicali; consistían en pláticas para familias una vez por semana en diferentes parroquias, pero siempre estaba la necesidad de internar a jóvenes y él tuvo la inquietud de abrir un centro; entonces se consiguió éste terreno, este lugar, por medio de la Diócesis, y el padre Juan Faus se comunicó con nosotros a Tijuana, ya que nosotros estábamos trabajando en un centro de esa ciudad. Nos invitó a participar en ésta misión y venimos en un principio tres misioneros a iniciar la fundación de este centro de rehabilitación, inaugurándose en Marzo de 1998.

"La tarea en un principio fue abrirlo, buscar el equipo de gente, formar todo el ambiente necesario, instalar la casa con todo lo que se requería y prácticamente iniciamos con el primer programa en Marzo del 1998, con ocho jóvenes. Actualmente llevamos diez generaciones y hacemos dos programas por año. Los programas tienen una duración de tres meses y medio, sin embargo, hay un mes y medio de preparación previa que se llama pre rehabilitación antes de entrar al programa", continuó.

"En cada programa de rehabilitación tenemos capacidad para treintaidós personas, ya que el lugar no es muy grande y la atención es personalizada. Para esta atención contamos con dos psicólogos, dos sacerdotes, tres misioneros, cocineros, secretaria, y contadora, aquí, en Casa de la Esperanza.

"El nombre oficial de la institución es Dale la Mano al Hermano. Esta institución es una sombrilla bajo la cual operan diferentes programas: (1) Casa de la Esperanza (rehabilitación); (2) Brazos Abiertos (grupos de apoyo externo); (3) Casa de Medio Camino, cuando los muchachos no tienen los medios adecuados para llegar a su hogar después del programa de rehabilitación, por diferentes razones, donde pueden permanecer en esta casa de tres meses a un año, como una preparación para seguir adelante en su vida. Esta casa está a cargo del padre Jesús Pérez; (4) El área familiar; está a cargo la psicóloga Rosa María Estrada junto con un equipo de trabajo; (5) Centro de Orientación Familiar (pre-rehabilitación), donde acuden las familias que requieren información; y por último el programa de (6) Prevención, donde se imparten pláticas a escuelas, planteles y diferentes instituciones para concientizar a los jóvenes en relación al problema de drogas. Un apoyo muy importante es el que nos brinda nuestro obispo Isidro Guerrero, quien nos visita con frecuencia; por lo general el celebra la misa de clausura de los programas", comentó el padre Campos.

"La pre-rehabilitación inicia en el mes de enero de cada año y el internado inicia a finales de febrero terminando en junio", siguió el padre Ricardo. "Una vez que se internan los muchachos ya no entra nadie. Cuando alguien nos busca y tiene que esperarse al próximo ciclo lo mandamos a los grupos de apoyo externo para que se vayan preparando para el siguiente ciclo que empieza en el mes de julio con la pre rehabilitación y a finales de agosto se ingresan las personas al internado terminando en diciembre; es decir que se imparten dos programas al año.

"Esta pre-rehabilitación es un proceso de preparación donde los jóvenes asisten a pláticas durante un mes y medio para enseñarles en que consiste el programa de rehabilitación y explicarles que el programa tiene cinco áreas: la física, psicológica, familiar, social y espiritual, siendo éstas áreas las que comprenden el programa de rehabilitación, ya que la recuperación de un joven tiene que ser integral, en virtud de que la adicción genera problemas en todas las áreas de su persona.

"El régimen del programa es de internado y es requisito que la persona venga con el verdadero deseo de dejar la droga por su propia voluntad, que asista a las pláticas y que cumpla con algunos requisitos de análisis clínicos, ver si no tiene problemas legales ya que se van a internar durante los cuatro meses y no pueden salir sin autorización, sin embargo, los llevamos a lugares donde puedan socializar y restablecer una verdadera comunicación con su entorno y no se sientan rechazados o marginados, pues lo que se busca es que puedan integrarse de nuevo a la sociedad como personas sanas. En ocasiones los llevamos al cine o a museos y nadie sabe que son adictos y se sienten contentos de no ser señalados o marcados", continuó.

"Dentro del proceso de internado los muchachos presentan al principio barreras, como la negación de su enfermedad, de repente no aceptan el tener que estar internados; es un proceso difícil, es un choque, están acostumbrados a andar en la calle haciendo lo que ellos quieren tanto en sus trabajos como con su familia, aunque en la realidad no estén con ella, sin embargo al estar concientes de que se van a apartar por un tiempo, les causa un conflicto la pérdida de su relativa libertad, sin embargo nadie está forzado a permanecer en el centro contra su voluntad, tienen la libertad de irse, si así lo desean, por eso son las pláticas preparatorias, ya que tienen que venir bien convencidos. Otro aspecto que les afecta es la crisis familiar, durante el primer mes empiezan a extrañar mucho a la familia. Las razones principales por las que algunos abandonan el centro al principio, es porque se dan cuenta de que el programa va en serio ya que los va hacer pensar, meditar y no solamente vienen a dejar la droga sino a trabajar toda una vida, a prepararse para una vida nueva. Otros abandonan el centro por los pequeños malestares físicos que sienten al principio de la desintoxicación; tristemente en ocasiones se brincan la barda para no enfrentar un diálogo con nosotros, ya que sienten el temor de ser convencidos de permanecer en la casa. Por lo general siempre terminan el setenta por ciento de los que ingresan. Los que se quedan, son los que han entendido el valor y significado de su rehabilitación", prosiguió el padre.

"Una vez que se interna, iniciamos el programa con el área física, que es la desintoxicación a base de medicinas naturales; sueros, vitaminas, barros, vapor, deporte, ejercicio, alimentación balanceada, con el fin de que el cuerpo se restablezca más rápidamente; este proceso de desintoxicación dura cinco días máximo. En las primeras semanas entran pequeños grupos cada seis días, esto nos da tiempo para desintoxicar al primer grupo, luego al segundo y después al tercero", siguió el padre.

"Enseguida y en forma inmediata empieza a trabajarse el área psicológica, con la comprensión de la enfermedad y las adicciones, las terapias, algunas pruebas psicológicas, empezando también con la terapia grupal y de alguna manera iniciando con los pasos de lo que llamamos el programa de 'renacer', donde se integran todas las áreas en forma sincronizada. Cada área tiene su peso dentro del programa de rehabilitación. En lo que respecta al área espiritual, tenemos la oración de la noche, la oración de la mañana, algunas frases importantes que les ayudan a reflexionar, la lectura de la Biblia, ya que los integrantes vienen enfermos de todas las áreas de su persona", dijo el padre.

"La experiencia espiritual es muy importante para ellos; a nosotros nos buscan porque no han tenido esa experiencia en otros programas; vienen buscando a Dios, con hambre de Dios y las experiencias espirituales que tienen aquí son muy fuertes, descubren a un Dios diferente, ya no como un Dios juez, castigador; empiezan a entender que muchos de sus problemas dependen de su grado de responsabilidad y descubren que este programa es un medio de Dios; que lo necesitan para poder sanar. Empiezan a conocer un Dios de amor, de perdón, de misericordia. Comienzan a experimentar con profundidad la fuerza de los sacramentos, especialmente la confesión y la eucaristía, en la santa misa. Aquí lo trascendente es que al terminar su programa continúen su crecimiento espiritual en el mundo exterior", puntualizó.

Así lo atestiguó el joven interno Ernesto Alonso, de 23 años: "Por pura diversión probé la droga y fui cayendo más y más hondo. Yo sentía que mis padres me hacían menos y sentía que querían más a mi hermano mas grande y ese era mi pretexto para drogarme. Mi adicción se hizo crónica, me hizo aislarme de la realidad.

"Como consecuencia de mi adicción me perdí a mi mismo; estaba muerto en vida, sin autoconfianza ni la de mi familia. Con el tiempo estaba sin trabajo, perdí a mi novia y todo aquello que era importante como mis ganas de sobresalir y sobre todo mi fe en Cristo... pasó el tiempo y mi autoestima estaba por los suelos y empecé a robar y a faltarle el respeto a todos. ¡Yo quería salir de ese hoyo negro, solo me faltaba perder mi vida!".

"Mi recuperación empezó cuando fui a las pláticas del programa Brazos Abiertos; me subía a la tribuna a sacar los sentimientos y espinas de mi alma y mi corazón empezaba a latir con más tranquilidad. Comencé a recuperar la confianza en mi mismo y decidí internarme en La Casa de la Esperanza; lo más importante es que he encontrado la paz y he podido abrirle mi corazón a Dios para que le quite lo endurecido y me lleve a la recuperación, que es una esperanza de vida para mi y para todos mis seres queridos que ahora amo con todo mi corazón".

"Un programa de rehabilitación debe estar sustentado por una pre-rehabilitación y una post-rehabilitación, es decir, tiene que haber un seguimiento de tres a cinco años para una verdadera recuperación, para que se pueda dar una verdadera estabilidad en la persona, ya que es una lucha continua que durará toda la vida," prosiguió el padre Ricardo. "Entonces nosotros les ofrecemos un grupo de apoyo externo donde ellos se reúnen de cuatro a cinco veces por semana, donde tienen terapia individual; se les ofrecen diferentes talleres, terapia grupal, algunos retiros durante el año a nivel espiritual y hemos visto muy buenos resultados; aproximadamente un 65 por ciento de las personas continúan en los grupos externos y se mantienen fuertes afuera. Algunos de ellos nos ayudan en los grupos, sin olvidar que su seguimiento es ya una responsabilidad personal. Actualmente contamos con tres grupos de apoyo, dos en la ciudad y uno en el Valle de Mexicali, así que ellos ya saben a donde acudir, sus familiares también saben que cuentan con programas externos dedicados a las familias de los mismos.

"Nosotros somos una Institución de Beneficencia Privada (IBP), auspiciados por el DIF. No perseguimos fines de lucro, entonces esto implica vivir de alguna manera de donativos, de buscar apoyos económicos. Las necesidades más importantes son para gastos de operación, me refiero a los gastos comunes de la vida diaria: alimentación, medicamentos, se requiere mucho la verdura, la fruta, pagar algunos sueldos, también pagamos impuestos. Los gobiernos nos apoyan en cierta medida, sin embargo en ocasiones nuestros egresos son mayores a nuestros ingresos y las familias de los internos también nos apoyan con cuotas de recuperación, sin embargo no son suficientes. "Nuestros teléfonos en caso de que quieran ayudar es el (686) 563-8441 con su servidor, padre Ricardo Campos o con el psicólogo Roberto Jiménez. Para información de los programas y de lo que ofrecemos es el (686) 564-6900, y 564-3964", señaló el padre.