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El más culto de los misionerosPor Francisco Panduro Quiénes vivimos en Tijuana o la visitamos, muchas veces hemos pasado por la confluencia de la Avenida Independencia y Avenida Padre Kino, donde se encuentra la estatua de Eusebio Francisco Kino con su vestimenta Jesuita y sosteniendo un arado en una mano. Esta obra es del escultor mexicano Federico Canesi. Es una de las estatuas más grandes e importantes que se colocaron en la zona del Río Tijuana durante el proyecto de urbanización del mismo. El Sr. Gilberto Ríos de la Sociedad de Historia de Tijuana comentó que "donde se encuentra localizada esta estatua es el preciso lugar donde funcionó el primer hipódromo de esta ciudad". El Padre Kino es considerado el más culto de los misioneros. Dependiendo a quien se consulte, nació en 1644 o 1645 en Segno, Italia. Realizó sus estudios en la Universidad de Friburgo, se incorporó en las filas de la Compañía de Jesús en Landsberg y en la Universidad de Ingolstadt se capacitó en teología, filosofía, matemáticas y geografía, todo esto en Alemania. Laboró como catedrático en la Universidad de su tierra natal. En 1683 fue nombrado Cosmógrafo Real y misionero en la expedición de Atondo y Antillón para la colonización de la Californias. En ese mismo año fundó la primera misión en San Bruno de las Californias, aunque al poco tiempo tuvo que regresar a Sonora. Fue en l687 cuando por órdenes del Virrey de la Nueva España Antonio Sebastián de Toledo, Marqués de Mancera, que inició sus exploraciones en los actuales territorios de Sonora, Sinaloa y Arizona, en 24 años realizó más de 40 viajes, y entre estos viajes debido a sus observaciones geográficas, determinó que la Baja California no era una isla como suponían los navegantes y misioneros de la época. Fue considerado un gran jinete puesto que se tiene información de que cabalgaba hasta 30 leguas en un día. Cuando se encontró el 15 de Marzo de 1711 su cuerpo sin vida en el interior de la Misión de Magdalena, Sonora, tenía puestas sus botas de montar. Se le conoció como una persona muy trabajadora que convirtió desierto en vergeles, y con un profundo y sincero amor por los indios. Toda esta información fue posible recabarla gracias al Sr. Ríos de la Sociedad de Historia de Tijuana, y a que en el Internet pude localizar también algo de un libro escrito por Luis Cortés Bargalló, hijo del Maestro Cortés Limón y la Maestra Bargalló, para aquéllos que crecimos en esta ciudad y estuvimos en la "Poli", sabemos que sus nombres son toda una institución dentro del sistema educativo de esa época. Algo interesante es que no tiene (el monumento) ni siquiera una placa alusiva con respecto a cuándo se colocó o por quién fue oficialmente inaugurada; el tiempo que no perdona nada posiblemente haya hecho desaparecer la mencionada placa, si es que alguna vez existió. En cuanto a mantenimiento, éste es excelente, el pasto bien cortado y se nota que se le riega adecuadamente. Al ir a buscar la placa con los datos que me ayudarían en la elaboración de este artículo, me pareció interesante encontrarme que en una de las fosas donde está colocada una de las lámparas, había un libro que parece como de los que se usan para anotar los nombres y los comentarios de los visitantes, lo raro es que a pesar de que es de un tamaño bastante grande está abandonado dentro de la fosa mencionada. Posiblemente será un descuido de las personas encargadas. Ojalá algún día sepamos la verdad.
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