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'El infierno sí existe'(ACI) -- Durante su usual conferencia de otoño en la Universidad de Fordham, el Cardenal Avery Dulles desarrolló el tema "La población del infierno" y explicó que el infierno sí existe, a pesar de la postura de algunos teólogos modernos. El Cardenal inició su conferencia afirmando que "Jesús habló muchas veces acerca del infierno" y que "la constante enseñanza de la Iglesia respalda la idea de que existen dos posibilidades: los salvos y los condenados. Esta creencia ha perdurado sin cuestionamientos en la Iglesia Católica hasta el día de hoy, y se repite casi al pie de la letra en el Catecismo". El Purpurado explicó que teólogos más antiguos -- entre ellos San Agustín y Santo Tomás de Aquino -- concluyeron que relativamente pocas personas serían salvadas "en parte suponiendo que la fe en Cristo, el bautismo y la adherencia a la Iglesia son necesarias para la salvación". Esta suposición, según el Purpurado -- que es miembro de la Comisión Teológica Internacional -- fue redefinida por el Concilio Vaticano II y hoy estos requisitos "pueden ser interpretados más ampliamente" por conceptos tales como la "fe implícita" y el bautismo "por deseo". El Purpurado criticó el "optimismo desconsiderado" acerca de la salvación, surgido a mediados del siglo XX y expresado en algunos teólogos que representaban "la tendencia más liberal", representada según él por pensadores como Jacques Maritain, en un polémico texto póstumo del que muchos dudan su autoría; el sacerdote jesuita Karl Rahner; y el teólogo suizo Hans Urs von Baltasar. "La piedad popular ha llegado a convertirse en un edulcorante y muchos cristianos asumen casi como un hecho que todos, o prácticamente todos, se salvarán", explicó el Cardenal y añadió que una aguda caída en la frecuencia con que la gente se confiesa ocurrió al mismo tiempo en que se expuso esta idea. Finalmente, el Cardenal rechazó una "inútil búsqueda de números en la demografía del infierno" y resaltó que "sabemos que en todas las cosas Dios obra para el bien de los que lo aman, y si perseveramos en ese amor, nada puede separarnos de Cristo". "Ésta es toda la certeza que podemos tener, y debe ser suficiente", concluyó.
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