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'La fertilización in vitro no es lícita'

El obispo de Mexicali responde a un doctor pobremente informado

Por Miguel Vázquez

Lo que más llama la atención en su bonito consultorio de la nueva Unidad Médica Reforma en Mexicali, es el crucifijo negro de estilo modernista que tiene colgado atrás de su escritorio y que le queda justo encima de la cabeza. El joven y amable Dr. Darío II Montoya García, tiene especialidad en Ginecología, Obstetricia y Esterilidad.

Se le planteó al Dr. Darío el caso real de un matrimonio joven que aún en su tercer año de vida conyugal no han podido concebir hijos. Ya metidos en el tema de las causas y remedios de la esterilidad, en un momento de la consulta se le pidió al doctor que nos explicara los detalles del procedimiento de la "Fertilización in Vitro" - FIV (la unión del óvulo y el espermatozoide en una probeta de laboratorio).

Procedimiento que él mismo doctor había recomendado para ciertos casos, en una entrevista de Radio Universidad un par de semanas antes.

Dijo el médico, "Independientemente de que la mujer ovule normalmente o no, siempre es necesario que se someta a un tratamiento hormonal para estimular sus ovarios de manera que podamos contar con un número suficiente de óvulos para fertilizar. Después del tratamiento, los óvulos se capturan aspirando el líquido folicular. Esto se hace bajo sedación y no requiere hospitalización.

"Los óvulos se clasifican y se seleccionan. Se ponen en un medio de cultivo en una incubadora para tratar de igualar las condiciones naturales de nutrientes, proteínas, temperatura, oxígeno, nitrógeno y bióxido de carbono. Posteriormente se agregan los espermatozoides para que se lleve a cabo la fertilización. Es posible obtener 10 o más embriones humanos en un intento", informó.

"Durante los tres días siguientes monitoreamos el desarrollo de los embriones. No todos evolucionan positivamente. En algunos casos su desarrollo se detiene por causas desconocidas. Los que llegan al tercer día en buen estado son elegibles para transferirlos al útero materno. Generalmente se transfieren al útero tres embriones. Los embriones vivos que no se implantan los congelamos con la idea de que la pareja cuente con embriones de reserva para futuros intentos o donaciones".

Y aclaró: "En nuestro país está prohibido la destrucción de embriones humanos."

Se le cuestionó al Doctor Darío II si consideraba estos embriones como seres humanos y su juicio moral con respecto al procedimiento de "Fertilización in Vitro y Transferencia de Embrión" -- FIVET.

"¡Si! Son seres humanos desde el momento de la fecundación del óvulo", reconoció tranquilo. "Pero yo no los destruyo. Yo no decido cuales embriones van a sobrevivir y cuales no. No sabemos por que causas unos se desarrollan perfectamente y en otros simplemente se detiene su evolución. Pero eso no lo hacemos nosotros, eso se decide allá arriba", dijo el doctor señalando con su dedo hacia el cielo, significando que Dios es el que decide cuales embriones vivirán y cuales no.

Para exponer más claramente su punto, el Doctor Montoya tomó tres hojas de Fax provenientes del Laboratorio FIV de Tijuana, que contenían la información técnica de la fertilización in vitro de unas cuatro mujeres en cada página.

Explicó Darío: "Mira, aquí tenemos el caso de una señora que produjo 12 óvulos. Once de ellos se fertilizaron con éxito. De los once, al tercer día sólo quedaron seis vivos y en buen estado. Vamos a congelar tres y vamos transferir tres a la mamá. De los tres embriones que normalmente se transfieren al útero de la mujer, sólo sobrevive uno la mayoría de las veces; 19% de las veces sobreviven dos. Y sólo existe el 1% de probabilidades de que vivan los tres". Y enfatizó: "Pero yo no decido eso. Esto se decide allá arriba", repitió señalando al cielo.

"Aquí no matamos seres humanos o algo parecido. Mira, aquí tenemos otro caso. De esta señora se obtuvieron cuatro óvulos. Se fertilizaron los cuatro y a los tres días los cuatro embriones están bien".

Ante nuestro asombro por la facilidad con la que se decide la vida y suerte de estos embriones humanos, aseguró falsamente el médico: "Todo esto se puede hacer. De hecho existe un documento del Papa (Juan Pablo II ) que dice que mientras no hagamos manipulación genética, todo esto se puede hacer. Y si alguien tiene dudas, que le pregunten al obispo de aquí. Él sabe todo lo que hacemos y no hay ningún problema", afirmó sonriente Montoya.

Al siguiente día, el Sr. obispo de Mexicali, José Isidro Guerrero Macías, fue notificado personalmente de este comentario hecho por el Ginecólogo Darío II Montoya García. El Sr. obispo respondió molesto: "¡Yo ni conozco a ese doctor, que no me esté involucrando en sus fechorías! No es justo que esté usando mi nombre, ni el de la Iglesia Católica. La fertilización in vitro no es lícita".

El Sr. obispo después habló sobre la postura de la Iglesia en este asunto expresada en varios documentos oficiales, y más específicamente en la Instrucción sobre el Respeto de la Vida Naciente y la Dignidad de la Procreación, publicada en 1987 por la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Comentó el Sr. obispo: "No se puede ignorar el deseo legítimo de los esposos estériles de concebir un hijo. Pero esta buena intención no es suficiente para justificar la fecundación in vitro entre los esposos".

"En la procreación de un hijo mediante las perfectas leyes divinas del acto conyugal, los esposos son colaboradores, más nunca dueños de la obra de Dios. Un hijo, cuando viene, es un regalo de Dios, no un derecho que se pueda reclamar".

"El ser humano debe ser respetado como persona desde el primer instante de su existencia en su totalidad de cuerpo y espíritu. La nueva vida que se inicia no es la del padre ni de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por un milagro del amor de Dios. El hijo debe ser respetado y reconocido como igual en dignidad personal a sus padres", enfatizó.

"La fertilización in vitro se realiza fuera del cuerpo de los esposos por medio de terceras personas. El éxito del procedimiento depende sus habilidades técnicas. Se confía la suerte del embrión al poder de los médicos. Se genera una situación de dominio de la técnica sobre el origen y el destino de la persona humana", explicó Don Isidro. "Tal relación de domino es contraria a la dignidad y a la igualdad entre las personas. Repito, el ser humano en su estado embrionario debe ser reconocido y respetado como igual en dignidad personal a sus padres y cualquier persona, en este caso, los médicos", aclaró.

"Por estas razones, el acto de amor conyugal es considerado por la doctrina de la Iglesia como el único lugar digno de la procreación humana. La fecundación in vitro es en sí misma ilícita y contraria a la dignidad de las personas, aún cuando se pusieran todos los medios para evitar la muerte del embrión humano".

"La fertilización in vitro, es otra manifestación de la cultura de la muerte que no valora la vida humana. En la práctica, la fecundación in vitro provoca la muerte de incontables embriones humanos cada día. Además en muchos países tiene relación directa con el aborto procurado, cuando se eliminan los fetos no deseados en casos de embarazos múltiples. Y la misma congelación de embriones, aunque se realice para mantener en vida al embrión constituye una ofensa al respeto debido a los seres humanos, y les expone a graves riesgos de muerte o daño", dijo.

"Por otro lado y verdaderamente a favor de la vida, muchos investigadores se han esforzado en la lucha contra la esterilidad salvaguardando plenamente la dignidad de la procreación. La Iglesia ruega para que continúen las investigaciones de manera que se puedan prevenir y remediar las causas de la esterilidad, y las parejas puedan procrear respetando su dignidad personal y la de quien ha de nacer".

Finalizó el Sr. obispo: "La esterilidad es una dura prueba. La comunidad cristiana está llamada a sostener moralmente a quienes no consiguen ver realizada su paternidad y maternidad. Por su parte, los cónyuges estériles deben recordar que aún cuando la procreación no es posible, la vida conyugal no pierde su valor. La esterilidad puede ser ocasión para los esposos de cumplir importantes misiones en la vida a favor de otros y de gran riqueza espiritual. La adopción y la entrega a los más necesitados se les presentan privilegiadamente como seguros caminos de santidad".