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Tradición y Modernidad en la Iglesia CatólicaParte II: El movimiento de Renovación en el Espíritu SantoPor Alfredo Ortega-Trillo (En el numero anterior hicimos una exposición sobre el rito antiguo de la liturgia clásica romana celebrada en latín y oficiada por el sacerdote de espaldas a la asamblea y recordamos que, aunque no fue abolida esta forma por el concilio Vaticano II, el concilio autorizó e impulsó la Misa en las lenguas vernáculas de cada pueblo, con la celebración del oficiante de cara a la asamblea, modalidad que se difundió de inmediato por todo el mundo acentuando, de paso, una mayor participación de los fieles en la edificación misma de la Iglesia. En el presente artículo nos referiremos precisamente al movimiento del que mayor fuerza de participación ha recibido la Iglesia: el movimiento de Renovación en el Espíritu Santo.) En 1959 Juan XXIII convocó a un concilio Ecuménico, que clausuró Pablo VI en 1965. En palabras de Juan XXIII, el concilio quería que, como en el día de Pentecostés, entraran nuevos aires a la Iglesia. Y esos aires entraron. A unos meses de terminado el concilio, en el verano de 1966 comenzó a gestarse el movimiento de la Renovación en el Espíritu Santo con un grupo de profesores universitarios católicos de la Universidad de Duquesne en Pittsburgh, Pennsylvania, quienes, deseosos de conectarse con alguna persona conocedora de las experiencias del Espíritu, se contactaron con la Sra. Schomaker, quien dirigía en su casa una reunión de oración pentecostal. Muy pronto el movimiento crece y se expande por los cinco continentes, situándose en el corazón mismo de la Iglesia católica, lo que no es de escandalizar a nadie, pues tanto el movimiento de la Renovación como el Ecumenismo son dos movimientos que coexisten en la Iglesia católica como en otras confesiones cristianas, aunque la unidad de los cristianos no pueda lograrse en plenitud sólo con orar juntos, pues siguen existiendo sustanciales diferencias doctrinales, sacramentales, de estructura y disciplinarias, que tanto Pablo VI como Juan Pablo II en sus momento habrían de reconocer como imposibles de superar por la eficacia humana, no habiendo nada qué hacer sino sólo esperar que ese ecumenismo se diera como parte de la acción misteriosa y potente del Espíritu Santo. Lo importante que hay que señalar aquí es que, bajo la pauta ecuménica del concilio y dentro de un clima de expectación eclesial como de un "nuevo Pentecostés" para renovar la Iglesia, a la par de la renovación litúrgica surgió la Renovación carismática de los fieles como un movimiento de Renovación en el Espíritu Santo. En diciembre de 1970 el movimiento de la Renovación llega a México, a instancia de un primer retiro de Renovación convocado por Mons. Carlos Talavera, quien invitó al P. Harol Cohen, SJ, de Nueva Orleáns. Actualmente el Equipo Pastoral Nacional del movimiento tiene su sede en Monterrey, N.L., y tiene como asesor eclesial a monseñor Ramón Calderón y como coordinador al P. José Garza Madero. A Tijuana llegó el movimiento en 1973 por un grupo de Ocean Beach, California, que formó el primer grupo de oración carismático bajo la autorización del obispo Juan Jesús Posadas. Actualmente el movimiento existe en toda la diócesis, contando con un equipo pastoral diocesano reconocido oficialmente por el obispo Rafael Romo Muñoz. El asesor del movimiento es el P. Mónico Margarito Hernández, vicario judicial de la diócesis, y los coordinadores de la diócesis son Lidia Duarte, Jesús Lara y Rodolfo Olivos. La diócesis está dividida en ocho zonas. Cada zona cuenta con un coordinador para atender las comunidades de las parroquias. Bajo el coordinador están los equipos, generalmente formados por matrimonios que trabajan en equipo. El objetivo del movimiento es hacer que los fieles tengan una experiencia viva y personal con Dios, y para suscitar esta experiencia el movimiento se vale de cuatro medios que son las asambleas de oración, la evangelización fundamental, la formación básica y los grupos de oración, con sus respectivos ministerios de apoyo, además del ministerio de música y canto. El movimiento también se vale de los medios extraordinarios como congresos, convivencias, retiros, encuentros, y la evangelización a través del teatro, los conciertos musicales y la oración por los enfermos, entre otros. Rodolfo Olivos Guzmán, uno de los coordinadores de la diócesis del movimiento en Tijuana dijo que existen 42 comunidades o asambleas de oración en todo Tijuana y que el promedio es de cincuenta personas por comunidad, constituyéndolas personas de todas las edades, desde niños hasta adultos, con un promedio de edad que, a ojo de buen cubero, se calcula de 35 años, pues no se tienen datos precisos. Explicó que además de las asambleas de oración existen pequeños grupos de oración con un máximo de 12 personas, "lo que permite un pastoreo más íntimo y una atención más personalizada de ayuda mutua entre sus miembros", dijo, "quienes están más al pendiente de sus vidas para ayudarse mutuamente". Cada grupo se encuentra bajo los auspicios de la coordinación y la supervisión permanentemente de un sacerdote. El movimiento de Renovación en el Espíritu Santo tiene su origen en la Iglesia primitiva, cuando los primeros cristianos se escondían de las persecuciones y se constituían en pequeñas comunidades para orar juntos y alabar a Dios. Estas reuniones tenían un carácter fuerte de unidad entre sus miembros y el sello del Espíritu de Dios se manifestaba en ellos a través de carismas o signos sobrenaturales, de la misma manera en que el Espíritu de Dios se había manifestado en Pentecostés a los apóstoles, infundiendo en ellos dones sobrenaturales como el don de lenguas. Imitando estas comunidades primitivas de la Iglesia, el movimiento, también llamado carismático, suscita el carácter vivencial de la experiencia personal en las asambleas de oración. Los jueves por las tardes se reúne la comunidad de la parroquia María Estrella del Mar en Playas de Tijuana. El programa de la reunión comienza con la Santa Misa a las 6:30 de la tarde. Después se congrega en el salón parroquial adjunto a la nave un grupo de alrededor 35 personas, en su mayoría mujeres. Una guitarra y un pandero ponen el ambiente de gozo y alabanza, que se acompaña con cantos. Cierran los ojos, levantan los brazos y alternan oraciones y frases reiterativas y especialmente insistentes en la repetición de la palabra "Señor" al final de cada oración. Las oraciones se expresan espontáneas y en desorden: "Abraza a tu hermano que está a tu lado, no importa quién sea. Ese abrazo es el abrazo de Jesús... acércate al hermano que está solo, que en este momento no tiene quien lo abrace... " La voz al micrófono que conduce la reunión exhorta por último: "¡Quién dice Gloria a Dios!... ¡Un aplauso al Señor! Posteriormente, una joven pasó adelante y habló sobre el misterio de la Eucaristía, seguido de lo cual se expresaron gracias y testimonios por personas que pasaron al micrófono. Luego hubo otro momento de oración, en el que algunos oraron en lenguas, palabras ininteligibles que no salen de la mente sino del corazón. Otros impusieron las manos en una persona que cayó en una especie de trance. Me dijeron que estaba en "descanso". Terminó la sesión con cantos de alabanzas. Se entiende que los gestos como levantar las manos, palmear, la imposición de manos, y todos estos signos externos, transmiten a través del cuerpo la oración interior y gozosa del espíritu en una expresión integral del hombre en todo su ser: espíritu, alma y cuerpo. El movimiento carismático ha sido objeto de críticas a menudo por ciertos excesos en que ha caído y ante los cuales debe permanecer atento. De ahí que el P. Salvador Carrillo Alday, Misionero del Espíritu Santo, en su libro sobre teología y pastoral de la renovación, previene a los grupos carismáticos a no caer en una carismanía o desmedido afán por alcanzar carismas, lo mismo que de no confundir el emocionalismo con la experiencia espiritual ni de buscar desmedidamente experiencias espirituales que a veces no son sino experiencias psíquicas. Previene, así mismo, de caer en un inmediatismo que espera en todo momento la intervención pronta y milagrosa de Dios, cancelando el ejercicio de los medios y de la prudencia humana, así como del engolosinarse por las cosas del espíritu que induzcan a descuidar el compromiso social del cristiano con el mundo y las obligaciones de su estado. Por otra parte vale aclarar que todos los cristianos hemos sido bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Mediante el sacramento de la confirmación recibimos el Espíritu Santo. El Espíritu Santo sólo se recibe una vez y es para siempre. La imposición de manos que se hace en la Renovación carismática no es un sacramento, sino una efusión extrasacramental en la que quien la recibe suele manifestar un desbordante gozo, amor, paz y alegría. Aunque la imposición de manos no tiene ningún valor sacramental, es un signo visible de amor fraterno, comunión y solidaridad en la oración. Por lo demás, la Sagrada Eucaristía es el origen y la fuente de todo el ser y quehacer del movimiento de Renovación, por lo que toda actividad apostólica debe tener en ella su culmen y cumplimiento. A manera de resumen de este capítulo compuesto de dos partes, resumimos aquí nuestra intención por destacar el carácter solemne de la celebración de la Misa en latín, tratando de adecuar la ceremonia a la solemnidad de Dios y, por otra parte, el carácter comunitario del movimiento de la Renovación carismática que trata de adecuarse a la confraternidad de sus miembros en Jesucristo, viendo en estas dos actitudes: la tradición y la modernidad dentro de la Iglesia, dos condiciones de permanente vigencia ante el misterio de Dios y nuestra forma de acercarnos a ese misterio: la solemnidad y la alegría que cruzando por el arco de la historia llevan de la mano al pueblo de Dios. Si usted quiere información sobre el movimiento de Renovación en el Espíritu Santo llame a la Casa de Renovación en Tijuana al Tel. 621-1558 en el horario de 3 a 6 de la tarde, o visite la página en Internet: www.renovacion.com.mx.
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