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MAYO 2002




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Tradición y modernidad en la Iglesia Católica

Parte I: El rito antiguo de la liturgia romana clásica en latín nunca fue abolida por el Concilio Vaticano II

Por Alfredo Ortega-Trillo

(En esta primera parte trataremos de exponer la situación en que se encuentra el grado de aceptación de la Misa en latín de acuerdo con el rito clásico romano en nuestros días y particularmente en las diócesis de Tijuana y San Diego. En la próxima edición escribiremos sobre el movimiento carismático dentro de la Iglesia Católica posterior al Concilio Vaticano II.)

El objeto de este artículo nos remite al 11 de julio de 1988, cuando se publica la carta apostólica del Papa Juan Pablo II Ecclesia Dei. En ella el Papa excomulga a monseñor Marcel Lefebvre, y desautoriza la fraternidad sacerdotal San Pio X fundada por él. La carta aclara que la desobediencia de Lefebvre, quien se ampara en un concepto equivocado de tradición, es una grave falta que atenta contra la unidad de la Iglesia. En esa misma carta, Juan Pablo II apela al carácter vivo de la tradición, el cual viene de los apóstoles y progresa en la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo.

Ecclesia Dei reconoce el impulso del Espíritu Santo dentro de la Iglesia en la riqueza de carismas, tradiciones de espiritualidad y apostolados, e interpreta todas esas variantes como una diversidad armónica dentro la unidad. Pero en esa misma carta pastoral el obispo de Roma no sólo reconoce y anima esa diversidad reconocida e impulsada por el Concilio Vaticano II, sino que alienta también, y por otro lado, la propagación y manutención del rito antiguo de la liturgia romana clásica en latín, que nunca fue abolida por el Concilio Vaticano II.

El Concilio Vaticano II autorizó la Misa en la lengua vernácula de cada pueblo, pero no prohibió la Misa tridentina en latín, la lengua que, por lo demás, había sabido mantener la unidad de la Iglesia por tantos siglos y en tantas naciones. Ecclesia Dei incluso va más lejos al declarar el deseo y la autorización del Papa por que todos los católicos que se sienten atraídos por la forma de la liturgia anterior puedan continuar la tradición de la liturgia en latín siguiendo el uso del misal romano de acuerdo con la edición de 1962, para lo que solicita el apoyo de los obispos y todos los involucrados en el ministerio pastoral de la Iglesia.

El rito antiguo, explica a propósito el cardenal Ratzinger, debe ser visto y entendido no como una causa de división o divergencia sino, por el contrario, como un punto normativo de referencia para entender el rito nuevo en toda la riqueza de sus variantes vernáculas.

En 1998, durante el décimo aniversario de Ecclesia Dei, el cardenal Ratzinger reveló que la "estrategia" de la Iglesia es que vayan de la mano el viejo y el nuevo ritos y que debe hacerse lo posible porque los obispos reconozcan que la celebración del viejo rito no es un ataque contra el Concilio Vaticano II, así como tampoco lo han sido los distintos ritos que han coexistido en la historia de la Iglesia, sean el rito dominico, el ambrosiano, el mozárabe y el carmelita, entre otros.

La Misa tridentina en latín

El término "tridentina" le viene del nombre del concilio celebrado en Trento, Italia, y concluido en 1563. En dicho concilio se autorizó el misal que permaneció intacto por cuatrocientos años hasta el Concilio Vaticano II en tiempos del Papa Paulo VI en 1962. Aclarado que está que la Misa tridentina en latín goza de la venia de la Santa Sede encabezada por el Papa Juan Pablo II procedemos a describir breve y un tanto burdamente cómo es una Misa tridentina en latín, ya que pretender hacerlo con la propiedad debida requeriría de una preparación que el articulista no tiene y de varias más hojas que le faltarían a este periódico.

Para quienes fuimos formados después del Concilio Vaticano II y no tuvimos noción de esta forma de celebrar la Misa llama la atención su carácter magnificente y sagrado y una solemnidad revisten de belleza mística los cantos gregorianos del coro en latín, así como llaman la atención también los elevados estándares litúrgicos y de belleza artística, que más que destacar el carácter comunitario de una asamblea de personas que se reúnen para adorar a Dios, como lo intenta la Misa moderna en nuestra propia lengua, más bien parece que pone el énfasis de la celebración en la magnificencia misma del ritual buscando adecuarlo a la dignidad de Dios.

El latín

Buscando la razón para mantener vigente el rito antiguo de la Misa, mejor conocido como la Misa tridentina en latín, llegamos a las siguientes conclusiones: El latín ha sido la lengua sagrada del catolicismo por más de quince siglos y no hay indicios de que pierda esa vigencia en la tradición de la Iglesia, pues aún hoy día la lengua oficial de la Iglesia católica sigue siendo el latín. El Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica publicado en 1992, y que fue redactado inicialmente en francés, se acuñó en latín para preservar en este idioma la versión original, previendo que el latín sería el idioma más seguro para forjar el catecismo que sirviera de referencia a todas las lenguas y ulteriores traducciones.

Uno de los argumentos más hermosos que reivindican el uso del latín en la Iglesia Católica es el hecho de que el latín ha permitido hacer la conexión con el cuerpo místico de la Iglesia durante siglos y por encima de las nacionalidades, pues el latín ha traspasado las limitaciones de tiempo y espacio entre todos los miembros de la Iglesia. Podría decirse que el latín es la lengua de la unidad de la Iglesia Católica, como el árabe clásico lo es para el Islam, el sánscrito para el Hinduismo, y el hebreo para el Judaísmo.

La Iglesia tradicionalista en Tijuana

Hay que reconocer de entrada que existen distintos ritos tridentinos en latín, y que no todos tienen la aprobación de la jerarquía de la Iglesia Católica. En Tijuana no se celebra ninguna Misa tridentina en latín que haya sido autorizada por el obispo de esta diócesis, según informó el padre Juan Carlos Delgado, canciller de la diócesis, aunque se conoce de la existencia de grupos lefebvristas que, desde luego, no se sujetan a la autoridad del obispo.

En nuestra investigación descubrimos un grupo de católicos de buena voluntad que, atraídos por la solemnidad que han encontrado en el rito antiguo, han caído en el engaño de ministros que algunas veces ofician Misas en latín en casas de Tijuana, y quienes no reconocen la autoridad del obispo Romo Muñoz ni del Papa Juan Pablo II, como lo creen algunos de sus fieles.

El mismo ministro que oficia estas misas y cuyo nombre omitimos para no causar escándalo nos reveló por teléfono desde Sonora, donde radica, que no reconoce la autoridad de la jerarquía de la Iglesia Católica a la que llama "progresista" y que tampoco tiene nexos con la llamada iglesia lefebvrista. Expresó también que no fue ordenado dentro de la Iglesia Católica y que él sólo obedece a lo que percibimos como una diócesis paralela, fuera de la jerarquía de la Iglesia Católica, y que él llamó la diócesis tridentinal 30.

Iglesia tradicional en San Diego

El caso de San Diego es diferente. La Misa tridentina en latín fue restaurada en la diócesis de San Diego en febrero de 1985, siguiendo las previsiones emanadas de la carta apostólica del Santo Padre Juan Pablo II, Ecclesia Dei.

La Misa tridentina la oficia el sacerdote con gran precisión y gracia expresiva, propiciando un ambiente que convoca a lo sagrado. La Misa la ofrece en latín el sacerdote y de espaldas a la asamblea, la cual no tiene ninguna acción participativa dentro de la liturgia, como no sea pararse, hincarse y sentarse en varios momentos de la celebración y durante la comunión, al acercarse arrodillándose alrededor del altar para recibir la Eucaristía en la boca.

La capilla Holy Cross (Santa Cruz) se levanta sobre una colina en el corazón de un cementerio. La nave misma de la iglesia se encuentra en el centro de una serie de pasillos anchos y bien iluminados con paredes que albergan urnas funerarias decoradas con el toque alegre de algunas flores.

Era el domingo de Ramos y las estatuas estaban cubiertos de velos morados en señal de duelo. Unos 450 fieles llenaron la nave. Gentes de todas las edades, vestidos conservadoramente. Las mujeres con vestidos debajo de la rodilla y la gran mayoría con velos en la cabeza.

El padre, asistido por un ejército de 9 acólitos con túnicas blancas con negro ofició la Misa tridentina en latín.

Si usted tiene interés en asistir a una Misa tridentina en latín aprobada por la Santa Sede su opción más cercana y segura es la capilla Holy Cross, ubicada en 4470 Hilltop Drive, San Diego.