ARTICULOSARTICULOS DE
|
Una buena y una malaLa despenalización del aborto en el D.F.Por Alfredo Ortega-Trillo Primero la buena: en una resolución sin precedentes en la historia de México, los once ministros de la Suprema Corte reconocieron en enero pasado, unánimemente, que la vida humana comienza en la concepción y/o fecundación y que, por tanto, el ser que ha sido concebido goza ya de la categoría de persona humana con derechos, comenzando por el derecho mismo a la vida y a nacer. La mala, fundada en una distinción clínica entre lo "normal" y la patología, debió poner de punta los pocos pelos que apenas tienen cientos, tal vez miles de estas personas cuando aún están en gestación en el Distrito Federal. Y es que, no obstante el reconocimiento de dignidad como persona humana que el fallo le confiere al fruto en gestación, por otro lado lo considera, si no lícitamente, sí legítimamente desechable, cuando se trata de malformaciones congénitas y en los casos en que tales personas resulten del producto de una violación. No obstante el pronunciamiento de los magistrados, que ratifica la condición del aborto como un delito, el mismo fallo admite la despenalización de ciertos casos que, aun siendo técnicamente ilícitos, también pueden ser técnicamente autorizados por un juez o un representante del ministerio público. La resolución del fallo se pronunció, según se argumentó, por el respeto al derecho de las mujeres; aunque se pasó por alto el derecho presuntamente otorgado a los neonatos recién elevados a rango de "personas humanas" por la misma Corte, relegando, de pasada, que la mitad de ellos también son mujeres o iban a serlo. Cuando Rosario Robles fue jefa del gobierno del Distrito Federal promovió una reforma que ampliaba las excepciones legales para permitir el aborto en el caso de malformaciones del feto o violación. Dicha iniciativa fue aprobada por la Cámara de Diputados local. En octubre de 2001, diputados locales del PAN y del PVEM promovieron una acción de inconstitucionalidad en contra de esa reforma, pero no fue hasta enero del 2002 cuando se ventiló el asunto en la Suprema Corte de Justicia. A pesar de que la votación quedó 6 a 5 en favor de los ministros que se opusieron a la autorización del aborto en caso de violación, la "Ley Robles" siguió incólume debido a que para que la reforma se declarase inconstitucional se requería de una mayoría formada por ocho votos. No obstante el resultado del fallo, vale la pena destacar aquí algunos de los razonamientos a nuestro juicio, más certeros, y que se esgrimieron por el derecho a la vida de los no nacidos. Felipe Calderón, coordinador del Grupo Parlamentario del PAN, quien calificó la reforma desde su iniciativa como "unilateral, arbitraria y criminal", consideró que incluir las alteraciones fetales como causal de aborto es un argumento incongruente con un sistema democrático en el que presuntamente no se puede discriminar a nadie por tener discapacidades. Por su parte, el ministro Juan Díaz Romero argumentó que "el producto de la concepción tiene derecho a la vida, de modo que el legislador está obligado a protegerlo aun cuando tenga alteraciones genéticas". Y se siguió de frente: "La Constitución no establece criterios que propicien la muerte del producto de la concepción por deficiencias genéticas, sino al contrario, instituye principios humanísticos de los que se deduce su tratamiento médico para su corrección, cura y rehabilitación". La historia de la legalización del aborto en el D.F. no es reciente. Se remonta al año de 1936, cuando se emitió por primera vez una propuesta para aceptar el aborto no punible por causas económicas y sociales. A estas causas se fueron sumando argumentos y se fueron consolidando organizaciones que esgrimieron tales argumentos. Así surgieron la Coalición de Mujeres Feministas y el Frente Nacional de Lucha por la Liberalización y Derecho de las Mujeres impulsando la causa abortista. Del otro lado, en la defensa por la vida, 50 organizaciones cívicas y religiosas conformaron el Comité Nacional Pro Vida en 1978. Desde el principio se trató de dos posturas inconciliablemente antagónicas que tienen directamente que ver con dos concepciones distintas de ver y entender el sentido mismo de la vida como existencia en el mundo: el primero desde el punto de vista práctico y el segundo desde el punto de vista del Evangelio. Ya volveremos a esta consideración de fondo más adelante. Lo que vale la pena subrayar desde aquí es la imposibilidad de un acuerdo entre ambas posturas por más argumentaciones que se despeinen, una vez que ambas posiciones se mueven en dos planos distintos, sin ángulo de convergencia posible entre el amor y las ansias de abrazar "el cielo en la tierra". El padre Juan Carlos Delgado, profesor del Seminario Diocesano de Tijuana traslada el asunto más allá de los argumentos. "La postura de la Iglesia sobre el aborto no es el fruto de una reflexión jurídica ni científica, sino que se desprende directamente de la enseñanza del Evangelio", dijo. "Es la palabra de Dios la que consideramos para nosotros normativa". Bajo ese tenor, lo que en última instancia cuenta no es ya tanto lo que la ciencia diga o establezca el derecho. "Para el cristiano", explicó el cura, "es muy importante saber diferenciar entre lo legal y lo éticamente justo". Indicó que el hecho de que jurídicamente haya algunas circunstancias que despenalicen el aborto no significa por eso que el aborto sea éticamente aceptable bajo ninguna circunstancia. "La toma de conciencia de las personas debe ir en el sentido de descubrir que el aborto en cualquier caso es un atentado a la vida que está en gestación, independientemente de lo que se diga jurídicamente", asentó. Por lo general cuando a la Iglesia se la califica de conservadora o reaccionaria, estos adjetivos en boca de sus adversarios están cargados de repudio. Y tiene su lógica. En la sociedad en que vivimos es fácil dejarse deslumbrar por el concepto de "progreso", porque estamos condicionados a pensar que los cambios, por su sola virtud de movimiento deben ser deseables, y no nos detenemos a reflexionar si realmente lo son. En el caso del aborto la Iglesia es conservadora y reaccionaria a todo cambio que intente legitimar al aborto. En esta dirección la Iglesia no está dispuesta a dar un paso adelante o, si se prefiere, un paso atrás, en su posición respecto al aborto. El padre Juan Carlos se encogió de hombros al contestar a la pregunta sobre la posición de la Iglesia respecto a las causales de despenalización del aborto aprobados por la Suprema Corte en el Distrito Federal: "La posición de la Iglesia es la misma, la de siempre". Explicó que no puede dejar de ser la misma por acomodarse a los avatares de la legislación. "La Iglesia siempre ha defendido el respeto a la vida, y la Iglesia siempre ha sostenido que desde el momento de la concepción existe persona humana y a eso nos atenemos", puntualizó. La resolución tomada por la Suprema Corte de Justicia se extiende exclusivamente a la jurisdicción del Distrito Federal, resolución que, como hemos indicado, lleva en sí misma una contradicción intrínseca que también señaló la Conferencia del Episcopado Mexicano: La resolución sigue reconociendo que el aborto es un delito, pero se faculta al ministerio público a no ejercer acción penal contra el aborto en determinadas circunstancias, como son los casos de violación, inseminación no consentida y malformaciones congénitas del feto. En el caso de Baja California estas causales no son reconocidas por la ley como justificantes para abortar. "Ahora debemos concienciar a la gente de nuestra diócesis en Tijuana", agregó el sacerdote, "para que nuestro código no vaya a aceptar también estas excepciones". Hizo una pausa que vale por toda la incertidumbre de los años por venir y sentenció: "Aun cuando en un momento dado pudiera darse la despenalización total y absoluta del aborto, eso no significará que el aborto vaya a ser éticamente aceptable". En los términos prácticos del trajín de la vida diaria que no nos deja ver más allá de lo que el egoísmo nos hace entender como "nuestra felicidad" y "nuestros derechos", ¿a qué madre en su sano juicio, por buena y persignada que sea, le gustaría tener un hijo deforme? Por supuesto que no es bajo esta luz de "lo práctico" y de lo que entendemos por "nuestra felicidad" cuando hablamos de planes y proyectos con los amigos, como se ha de entender esta dolorosa realidad. Las cosas de Dios sólo pueden verse bajo la luz de la fe. Y es posible que a la luz de la fe la carga del hijo deforme se deforme también en una bendición. Y ésta que parece una casualidad, tómela usted por la excepción a la regla, si le parece, ¡pero mida el calibre de la excepción! Resulta que actualmente el hombre considerado en vida más inteligente que existe sobre la tierra ni siquiera camina por ella sino que, más bien rueda a empujoncitos en una silla de ruedas, porque nació inválido y deforme. Así es, Steven Weinberg, como se llama este premio Nóbel de física, que tampoco puede hablar, y autor de la más moderna visión sobre el origen del universo, si tuviera hoy la mala suerte de estar por nacer, deforme y maltrecho en un vientre materno del distrito federal existen suficientes razones jurídicas para imaginar que sería abortado "con todas las de la ley". La "defensa de la vida" no es cruzada solamente de la Iglesia Católica. Igualmente rechazan el aborto en cualquier circunstancia, los ortodoxos, los presbiterianos y hasta la secta de los testigos de Jehová. No así las iglesias judía, anglicana y algunas corrientes evangélicas, que sí aceptan la interrupción del embarazo (eufemismo para aborto) en casos de violación o de malformaciones genéticas.
|