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La Iglesia del mañana no es una Iglesia sin sacerdotesEl Papa subrayó que solo un sacerdote ordenado puede ser un pastor válidoPor La Agencia Católica de Informaciones en América Latina El Papa Juan Pablo II reafirmó el papel irremplazable del sacerdote ordenado como cabeza de la comunidad parroquial al recibir en audiencia a los participantes de la asamblea plenaria de la Congregación para el Clero, que preside el Cardenal Darío Castrillón Hoyos. En el discurso a los miembros del Dicasterio reunidos a discutir el tema "El presbítero, pastor y guía de la comunidad parroquial", el Papa subrayó que solo un sacerdote ordenado puede ser un pastor válido y que los parroquianos pueden colaborar con él pero nunca ocupar el lugar del sacerdote. Juan Pablo II recordó también la importancia, en la vida de un sacerdote, de una predicación adecuada, de la naturaleza vital de la celebración dominical de la Eucaristía y de mantener este precepto, de enseñar la presencia real de Cristo en la Eucaristía y de no consentir a los organismos consultivos canónicamente autorizados de ir más allá de sus deberes como consultores del pastor. "El sacerdote in persona Christi (personificando a Cristo) celebra el sacrificio de la Misa y administra los sacramentos", dijo el Papa; y agregó que "para la parroquia tener un sacerdote como pastor propio es por lo tanto de importancia capital, pues el de pastor es un título reservado específicamente al sacerdote. De hecho, el orden del presbiterado representa para él la condición indispensable e imprescindible para ser nombrado párroco válidamente". "Ciertamente, los otros fieles pueden colaborar con él activamente, incluso a tiempo pleno, pero ya que no han recibido el sacerdocio ministerial, no pueden substituirlo como pastor", advirtió el Papa, y explicó que la comunidad eclesial "necesita absolutamente el sacerdocio ministerial para tener a Cristo como cabeza y pastor presente en ella". Juan Pablo II recalcó que "Cristo está presente en la Iglesia de forma eminente en la Eucaristía, fuente y culmen de la vida eclesial. Está presente realmente en la celebración del santo Sacrificio, como también cuando el pan consagrado se custodia en el sagrario". El Papa se refirió luego a la importancia de observar el precepto dominical y citó su carta apostólica Dies Domini de 1998: "Entre las numerosas actividades que desempeña una parroquia, ninguna es tan vital o formativa para la comunidad como la celebración dominical del día del Señor y de su Eucaristía." Donde falta el sacerdote, prosiguió el Papa, es necesario suplicar a Dios con fe e insistencia que provea de numerosos y santos obreros a su viña porque "sería un error fatal resignarse a las dificultades actuales, y comportarse de hecho como si hubiera que prepararse a una Iglesia del mañana, imaginada casi privada de presbíteros. De este modo, las medidas adoptadas para suplir las carencias actuales resultarían sumamente perjudiciales para la comunidad eclesial, a pesar de toda buena voluntad". Un sacerdote debe "tener una gran familiaridad personal con la Palabra de Dios" y debería intentar ser lo más eficaz posible en su ministerio de predicador. "La colaboración de los demás, que no han recibido esta configuración sacramental a Cristo", concluyó, "es deseable y a menudo necesaria". Sin embargo, esas personas "deben ser fieles a la finalidad consultiva que les es propia" y por lo tanto "será necesario estar en guardia ante cualquier forma que, de hecho, tienda a disminuir la autoridad del párroco".
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