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SEPTIEMBRE 2001




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¿Por qué Dios me hizo negro?

Entrevista con el hermano marista, profesor Sergio Vázquez

Por Alfredo Ortega-Trillo

La huella de África la lleva en la piel manchada por la malaria que allá contrajo, pero la patria de las amistades y los afectos la tiene afincada en Tijuana, a donde vuelve cada tres años.

Después de tres años, llevando ocho ya en Tanzania, el hermano marista, profesor Sergio Vázquez, refractario a cualquier protagonismo personal, me concedió esta entrevista en la mesa de un restaurante de Tijuana, asumiendo, tal vez, que él me iba a entrevistar a mí, haciéndome mil preguntas sobre mi vida.

Delante de mí lo recordé en la década de los 70, frente al grupo en la secundaria del Instituto México de Tijuana, hablándonos del sentido de la vida, y de esas pausas que debemos hacer en medio de la rutina para reflexionar si vamos por el camino correcto. Detrás de unos lentes verdes y gruesos que le valieron el mote de "El 7up", sus ojos enfatizaban adustos aquel cuestionamiento.

No profe, esta vez quiero que usted haga esa pausa y nos cuente de su vida. De lo que está haciendo en África.

A través de los lentes que hoy lleva, sus ojos debieron leer como en el aire esa palabra, que inmediatamente debió haber reconocido, porque volvieron a adoptar aquel gesto adusto.

"Mi trabajo consiste en la promoción vocacional en Tanzania. Que el joven descubra para lo que vino a este mundo, sea cual sea su vocación. Puedo decirte que, excepto en una escuela que es como una especie de seminario musulmán, me abren las puertas en todas las escuelas públicas y privadas para hablar de la vocación".

¿Cómo aceptan a los maristas en el área donde ustedes trabajan?

"Nos han recibido muy bien porque aprecian la obra que hacemos de educación. Si hay algo que necesita en concreto Tanzania como país es educación. Y la educación que nosotros ofrecemos, según los designios de nuestro fundador, Marcelino Champagnat, como bien sabes, es una formación integral, que abarque lo intelectual, el aspecto físico del deporte y lo espiritual; un desarrollo humano completo".

¿Trabajan adscritos a alguna diócesis?

"Pertenecemos a la diócesis de Mozoma y a la diócesis de Moanza, donde nos invitaron para ayudar a través de nuestro sistema de enseñanza. Aunque estamos a las órdenes del obispo, tenemos también cierta autonomía de acuerdo con el carisma de nuestra congregación, adaptada, por supuesto, a la situación de África. Pero te puedo decir que si tu vas a una escuela marista en África verás que hay muchas similitudes con cualquier otra escuela marista en el mundo.

¿Tienen los maristas algún obstáculo para hacer su trabajo en África?

"Yo te puedo hablar específicamente del caso de Tanzania, y todavía más específico, de la pequeña región donde tenemos algún impacto. Hay gente muy radical, y frente a ella tienes que cuidarte mucho de lo que dices y haces, pero también es cierto que hay mucha gente muy abierta a la tolerancia de diferentes credos. Ciertamente que los maristas tenemos que sujetarnos a los lineamientos del gobierno en cuanto a las materias que impartimos y, por supuesto, tenemos que ser respetuosos de los otros credos religiosos, ante los que sólo somos, como católicos, una minoría.

"Aproximadamente la mitad de la población en Tanzania es musulmana y, alrededor de un 30% profesa alguna religión cristiana. Entre los cristianos, los católicos representan apenas la mitad. El resto de la población es animista, adeptos a distintas religiones ancestrales africanas".

En la práctica diaria de la escuela ¿cómo se da la evangelización sin entrar en conflictos con otras creencias?

"Cuando estás frente a un salón de clase tienes que tomar en cuenta que hay muchos credos allí representados, y adaptarte. Y en esas condiciones cuidamos que lo que decimos no interfiera con las creencias de los que no son católicos. El sistema de gobierno sugiere que agrupemos a los alumnos en salones separados por denominaciones cuando se hable de religión. Y esta es otra modalidad que adoptamos".

¿Qué nos puede decir sobre el trabajo marista en cuanto a conversiones?

"Es un tema algo difícil de tratar porque ahí viene la libertad de conciencia, que sabemos que es algo esencial en nuestra misma religión. No podemos criticarlos o atacarlos diciendo que están en un error cuando sabemos que la conciencia Dios nos la ha dado y cada quien responde de acuerdo con sus circunstancias. En síntesis, nosotros no hemos llegado para cambiar a nadie ni para hacer católicos. Hemos llegado para ayudar a que las personas puedan tener un encuentro con Dios, en la forma como ellos lo entienden y lo viven, pero que los lleva a hacer mejores. Ya Dios se encarga del resto.

El colegio marista de Tanzania tiene 230 alumnos en una aldea de mil habitantes. Niños y jóvenes llegan de aldeas vecinas, a veces de hasta dos horas y media de distancia a pie. La primaria es de ocho años y la secundaria de seis. "Hay gente que los pone a trabajar a los niños de pequeños hasta que llegan a la edad de 10 o 12 y hasta entonces entran a la primaria", explica el profesor Vázquez. Pocos son los que entran a la secundaria.

¿Cuánto cuesta un alumno al año?

"Una vaca. Una familia con posibilidades vende una vaca y con eso paga la colegiatura anual de un hijo".

De las aulas de este colegio marista enclavado en la selva de Tanzania, doce alumnos han llegado a la universidad, que actualmente cuenta con 3500 alumnos en un país de 28 millones de habitantes. "Es muy lamentable porque eso mantiene al pueblo oprimido, que no sabe siquiera de sus derechos. Viven una esclavitud en muchos sentidos, por ignorancia", observa el profesor Vázquez.

En Tanzania el ingreso per cápita es de $270 dólares al año. Esto quiere decir que cada individuo no gana más de 70 centavos de dólar al día y con eso tienen que enfrentar todas sus condiciones de existencia: económicas, de salud, de vivienda, alimentación, vestido, y todas las contingencias que trae la vida.

¿En general en una casa común cómo se alimenta la gente?

"La gran mayoría come harina de la raíz de la mandioca que mezclan con agua y eso es todo. Para alguna ocasión especial es posible que sacrifiquen un pollo y en eso se les puede ir prácticamente todo su patrimonio".

A su juicio, ¿hay algo que debiéramos aprender de África que pudiera ser aplicable a Tijuana o cualquier otro lugar del mundo?

"Como no tienen muchos bienes materiales, creo que compensan su existencia con un profundo sentido espiritual de la vida. Tienen un sentido humano muy fuerte, y un fuerte amor por la vida. Una de las cosas que yo encuentro más rescatables de África es la alegría por la vida que ellos tienen. Nace un niño y es una gran alegría. África nos enseña que hay valores más importantes que lo material".

Y ¿qué debiera imitar África de occidente?

El amor al trabajo. Muchas situaciones de pobreza se pueden mejorar si la gente en África fuera menos fatalista. Se conforman con lo poquito que tienen y no quieren superarse. Allá, si no vas a la escuela fue porque no te tocaba ir, y eso es todo. En cambio, veo en occidente un deseo profundo de educarse porque la educación se ve como una cuestión esencial".

¿Qué no debiera imitar África de occidente?

Hay valores que se han ido perdiendo, como el valor familiar, que hasta ahora se había manifestado como una riqueza en ese país. Allá las familias son extendidas: un primo es hermano, el tío se considera como un padre, y una tía como una madre, y así en una familia todos se ayudan. Pero esto se está perdiendo. Hay otro valor como el de respeto a la autoridad familiar que se está perdiendo, lo mismo que el respeto a los maestros. Si alguno tiene una televisión en una aldea, a través del monitor recibe toda la parafernalia de la cultura de occidente con todo el esplendor de sus vicios. El clásico protagonista del jovencito rebelde, que a los ojos inocentes de muchos africanos deja perplejos y mudos, se va convirtiendo de a poco en un modelo a imitar. La verdad es que los medios de comunicación los están acomplejando y haciéndoles ver al blanco como si fuera casi un dios. Empiezan a creer que todo eso que han visto en la televisión es necesariamente bueno sólo porque lo hace el hombre blanco. Y esto es una gran tristeza".

¿Cómo viven este sentimiento de inferioridad?

"Te puedo contar que yo tenía un alumno de 22 años, que era muy inteligente. Y un día se me se acercó y me dijo: '¿Por qué Dios me hizo negro? Yo no quiero ser negro' ".

¿Y usted qué le contestó?

"¿Qué le iba a decir? : '¡Pues ya te fregaste! Pero si no aceptas tu realidad, si no te aceptas tal como eres, nunca serás feliz'. Se me quedó viendo y dijo: 'Para usted es fácil decirlo porque no está metido en mi pellejo negro'.

"No, no me es fácil decirlo. Pero te puedo decir que Dios no jugó contigo. Él tiene un plan que ni tu ni yo entendemos, eso es todo".

Volviendo a la obra marista en Tanzania, ¿además del colegio tienen otros proyectos?

"Tenemos un proyecto de irrigación funcionando que nos costó más de cien mil dólares. Se trata de un molino instalado a orillas del Lago Victoria, y a través de una tubería llevamos agua a la escuela y a un proyecto de agricultura. Tratamos de que este proyecto nuestro sea irradiador de desarrollo en la comunidad".

¿Cuál es la solución para África?

"Parte del problema de África es su conformismo, y su visión fatalista de la vida; pero ésta es sólo una pequeña parte del problema. La gran parte es que África vive en el abandono prácticamente total del resto del mundo. Allá se muere la gente a millares y a nadie le importa. El SIDA no le importó a nadie hasta que salió de África y se convirtió en epidemia mundial. Por otra parte, África es el principal productor de oro y diamantes en el mundo, pero no tienen tecnología propia, y desde la colonia siempre han sido birlados por compañías de otros países que llegan a explotar sus tesoros y luego se van. La solución sería que los países africanos recibieran un fondo que realmente les permitiera desarrollar su propia infraestructura".

La obra marista llegó al África en 1911, al hoy llamado país del Congo. Actualmente el contingente marista en ese subcontinente, y que incluye a nueve mexicanos, tiene presencia en 20 países africanos.

Por último, el profesor Sergio Vázquez declaró: "Seguimos en esta etapa de búsqueda de ver cómo responder a los retos de un África nueva, que presenta nuevos desafíos a los misioneros y a toda gente que va de buena voluntad a querer hacer algo para contribuir con el desarrollo en todos sentidos".

Si usted puede y desea apoyar los proyectos de la obra marista en Tanzania o becar a un alumno marista en ese país, puede telefonear al Instituto México de Tijuana al (6) 681-0176.