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'Los palomos'¿Quiénes son estas personas?Por Alfredo Ortega-Trillo Si usted cruza en automóvil a los Estados Unidos los ha visto y hasta es posible que, concediéndoles el favor de la duda, les haya dado algunas monedas sin saber quiénes son ni por qué siguen allí desde hace veinte años en la línea, esos hombres y mujeres que llegaron en uniformes blancos con franjas guindas, y que los vendedores ambulantes, con quienes comparten el espacio desde el Puente México hasta el límite internacional les llaman: "Los palomos". "Los palomos" son una comunidad religiosa autodenominada "Iglesia Misionera los Discípulos de Jesucristo", que está asentada en un edificio de cuadra a cuadra entre las avenidas Pacifico y Farallón en Playas de Tijuana, donde están las viviendas para los miembros de esta iglesia, compuesta por 20 familias religiosas y solteros que allí viven, así como cocina y comedor colectivos, un templo que también sirve como internado bíblico y un internado de recuperación para drogadictos con capacidad para cuarenta personas, que al momento de este reportaje tiene veinte. El domingo me escurrí entre los automóviles. ¿Ustedes quiénes son? Pregunté a rajatabla a Pablo Mugica Soto. Pablo Mugica Soto se protege del sol con un visor blanco mientras pide dinero con un bote y una sonrisa, aunque primero pone la sonrisa; la misma que dirigió hacia mí. "Somos de la Iglesia Misionera los Discípulos de Jesucristo". ¿Y el dinero para qué lo usan? "Para sostener un internado de rehabilitación para drogadictos y la misión". ¿Cuánto dinero colectan al día? "Es impredecible, porque es voluntario y la gente da según su corazón". ¿Han sufrido algún tipo de maltrato por parte de la gente o del gobierno? "En diez años nos han perseguido tres veces, queriéndonos sacar de aquí. Decía el alcalde que iban a limpiar la línea de personas que anduvieran dando mala imagen. Pero yo no creo que con nuestro uniforme y presentación estemos afeando la imagen de Tijuana". ¿Y por qué en lugar de pedir no trabajan y dedican el dinero de su trabajo a la misma obra? "Parte de nuestro trabajo es pedir y comprometer así a la gente de Tijuana a cargar un poco con los problemas que tiene la ciudad". ¿Qué problemas? "La drogadicción". Existen dos factores por que la gente se confunde para entender quiénes son estas personas: una es el uniforme; la otra, la duplicidad de su vocación. Con ese uniforme, le dije, uno no sabe si pensar si son enfermeros, militares o religiosos. "Somos un poco las tres cosas. Enfermeros porque curamos las almas, militares porque tenemos grados y estamos organizados en escuadrones, y religiosos porque creemos en Jesucristo y tratamos de seguir su doctrina de esta forma". Una mano se estiró desde una ventanilla y echó algunas monedas en el bote. "El blanco," dijo, "representa pureza en la conciencia, en la mente y el corazón del hombre que lo porta; las franjas guindas, la sangre de Cristo". Este grupo tiene dos vocaciones y razones de ser. En tanto congregación están registrados como asociación religiosa; y en tanto centro de rehabilitación, como asociación civil. Al pedir dinero el énfasis lo ponen en el centro de rehabilitación. "Mucha gente cree que el problema de las adicciones es una cosa física", explica Mugica, "pero nosotros nos metemos más al fondo del ser que va adentro de ese cuerpo físico que está enfermo. Muchas veces el drogadicto se dice: 'yo no sé por qué soy así, por qué me pasa esto'. Y no lo saben porque nunca se les ha hablado sobre su misión y lo que cada uno vino a hacer a este mundo. Nosotros los ayudamos a sanar al hablarles de Cristo y de la palabra de Dios. Y a esto le llamamos cristoterapia". ¿Y se curan? "Yo le puedo decir que en los diez años que llevo aquí he visto cómo muchas personas que eran basura para la sociedad, en las manos de Dios se convierten en tesoros. Y es que Cristo derramó su sangre en el calvario, no por los buenos, sino por los malos y los enfermos. Porque un enfermo es el que necesita de médico, no el que está sano". Los palomos son buenos para hablar y no me es dado deslegitimizarlos desde estas páginas sólo porque usted y yo, no comulgamos con su doctrina. Más daño nos hace a todos la ignorancia y la información tendenciosa que la honestidad y el compromiso que tenemos con la verdad y nuestra fe que, por cierto, no están en pugna. Lo que usted pueda averiguar en la línea internacional oyéndolos hablar no le va a dar elementos para descubrir que los preceptos de esta organización están en desacuerdo con la doctrina de cualquier iglesia que como la nuestra, se precie de llamar cristiana. Si existen desavenencias entre su credo y el nuestro, que las hay, esas tendría que indagarlas después de un primer encuentro. Los palomos se levantan como las aves con el alba, cuando el sol echa su luz recién amanecida a los techos en playas de Tijuana. De la neblina rosada van surgiendo en el "campamento" donde viven y oran, bultos de hombres y mujeres de blanco que dejan sus puertas para dirigirse al templo, en tanto, por un vitral entreabierto salen las notas tristonas de una guitarra eléctrica, a la que se van uniendo voces. A un costado de este edificio, me entrevisto en su departamento con el Sr. Miguel Sandoval, director general del centro de rehabilitación y pastor de la Iglesia Misionera de los Discípulos de Jesucristo en Tijuana. Hombre de anchas espaldas y manos grandes, oriundo de Chihuahua, que se mueve con parsimonia y habla muy pausado, como arrastrando la voz y enfatizando las palabras. La estancia es modesta, pero ordenada y limpia. Aunque uno de los "hermanos", como se hacen decir, me había comentado que en el lugar no se consume drogas, y que ni siquiera se toma café, otro "hermano" felizmente acomedido debió haber roto la regla, porque tuvo la amabilidad de servirnos sendas tazas de café a mí y al Sr. Sandoval. Sin azúcar, por favor, lo espeté. A través de tupidas cejas vi los ojos mansos del señor Sandoval y supe que no iba a pronunciar palabras como "siempre" o "nunca". "Nosotros creemos en el discipulado, en la vocación de nuestras vidas para la causa de nuestro Señor Jesucristo". ¿Cómo se reclutan entre ustedes? "Son hombres y mujeres sanos que una vez estuvieron enfermos.También tenemos el internado bíblico para las personas que nada más quieren hacer estudios de la Biblia. A ellos también se les da alojamiento y alimentación gratuitas, aunque no los mezclamos con los que están en el centro de rehabilitación". ¿Usted también fue drogadicto? "No, pero algunos miembros de la congregación son personas que se han rehabilitado completamente, y que son un testimonio de que Dios tiene poder para transformar al hombre". El movimiento tiene sus raíces en la Cuba de los años treinta dentro de la Iglesia denominada Bando Evangélico Gedeón, título que abandonaron al perder una demanda iniciada por los gedeonistas internacionales, hombres de negocios que dejan Biblias en los hoteles. Posteriormente sufrieron persecución bajo el régimen de Castro y se vieron obligados a emigrar a diferentes países. "Nuestra organización actual fue fundada por el apóstol Rolando González Washington (cubano, nacionalizado estadounidense) cuando llegó a los Estados Unidos en 1970, para avecinarse en West Covina, California. El movimiento llega a Tijuana en 1981, bajo el nombre de "Soldados de la Cruz de Cristo", nombre que llevaron hasta hace cuatro años, cuando lo cambiaron por el actual de "Iglesia Misionera los Discípulos de Cristo", para evitar confusiones con otra organización de nombre parecido. Compraron el terreno que tienen frente al mar y construyeron la estructura donde hoy están instalados.Cuentan con comunidades similares en Mexicali, Ciudad Juárez, Guadalajara y Puebla, lo mismo que en Honduras, Costa Rica y Guatemala". ¿Cómo es que tomaron la idea de vivir en comunidad y de establecer junto a ustedes centros de rehabilitación para drogadictos? "Cuando el apóstol Rolando llegó a California con su esposa, ellos tenían la idea de abrir comunidades para predicar y vivir en la prédica del Evangelio. Fue después que, según inspiración divina, el apóstol Rolando tuvo el deseo en su corazón de abrir centros de rehabilitación, donde se pudiera ayudar a la juventud a salir del vicio de las drogas y el alcohol. Aquí tenemos un curso de rehabilitación de tres meses. Durante este tiempo se les saca del ambiente donde están inmersos y los ponemos en otro ambiente conducente donde se les brinda apoyo, comprensión, y todo lo necesario para que conozcan de Dios y sanen". ¿Cómo es la forma en que llegan a internarse al centro? "Aquí la persona que entra, entra por su pie y se va por su mismo pie, y no se les cobra ni un centavo". ¿Qué me dice del internado bíblico? "Aquí el que quiere puede hacer estudios de la Biblia y se le da hospedaje y comida gratis". ¿Lo que obtienen de las colectas es suficiente para sostener toda la obra? "No, también recibimos ayuda, principalmente en especie de la iglesia que está en West Covina. Usted tiene que considerar que además de la alimentación tenemos que pagar servicios de luz, agua, gas y todos los gastos que tiene que hacer cualquier familia y, sobre todo, que en nuestro caso se trata de una gran familia formada por toda la comunidad que aquí vivimos". Después de la salutación del día en el templo, los internos tienen una hora de estudio sobre la Biblia, intercalada con testimonios personales de experiencias con las drogas. Esta actividad la repiten tres veces al día y en esto consiste básicamente la terapia del centro de rehabilitación. Por su parte, los misioneros desde temprano se distribuyen las tareas por escuadrones. Unos preparan el desayuno, otros las brigadas que saldrán a repartir comida, ropa y calzado a zonas marginales y otros se aprestan para trasladarse a hacer las colectas en "la línea". En el ajetreo de estos preparativos conocí entre los misioneros verdaderas novelas vivientes, más dignas de libros enteros que de este minúsculo espacio, como la de Francisco Núñez Méndez, que un viernes en el parque de Tecate, en cuenta regresiva seguía las horas de su reloj, habiendo planeado ya todo para matar ese domingo a su mejor amigo, a cuenta de una traición. Todo, excepto que llegaran en ese momento al parque unos "negritos" que se ofrecieron a orar por él. "Bueno", les dijo ante su reiterada insistencia. "Los voy a dejar que oren, pero yo les voy a decir por quién van a orar. Van a orar por una persona que este domingo que viene va a matar a alguien". Y qué pasó? "Oraron". Me refiero... al domingo. "Lo dejé plantado en Rosarito, a donde lo había citado con engaños. Hoy sólo me lo quisiera encontrar para pedirle perdón porque pasó por mi mente terminar con su vida". Dentro de la congregación se han conocido y unido en matrimonio hombres y mujeres que ya tienen familia. ¿No es perjudicial para los niños crecer tan cerca de un internado para adictos en recuperación?, pregunté a Mugica. "No, en primer lugar, porque los internos, desde que llegan, ya traen la convicción de cambiar, y llegan por propia voluntad, orillados por la soledad y la necesidad de un ambiente sano como el que aquí se les ofrece, cerca de la palabra de Dios y del calor y cariño de nuestras familias. Nunca hemos tenido ningún problema con ellos. Son muy respetuosos con nuestras familias. Pensamos que a nuestros hijos les hace bien aprender desde pequeños a condolerse del dolor de otras personas". Aunque el albergue de Playas está destinado principalmente a la rehabilitación, también funciona en invierno como albergue para indigentes y, eventualmente, para mujeres en situaciones extremas, que necesitan de amparo. Consuelo Reyes Cota, 65 años, enfermó, vendió su casa para pagar doctores y medicinas y quedó en la calle. Lava su ropa en el patio. ¿Y usted como llegó aquí? "Por la misericordia de Dios". ¿Cuánto le cobran? "No no, nada, ni un cinco. Alabo y bendigo a mi Señor (se le quiebra la voz) por la mano misericordiosa que aquí se mueve". Además de los religiosos que viven en la misión de Playas, la iglesia cuenta con una pequeña membresía de personas que viven fuera de la comunidad. Pregunté a Monseñor Sergio de la Cerda, vicario general para la diócesis de Tijuana, si conocía a los miembros de la Iglesia Misionera los Discípulos de Jesucristo. "Los he visto, porque sería imposible no verlos cuando uno cruza a los Estados Unidos. Pero no te puedo decir que los conozco.Yo nada más te podría decir de oídas porque no me consta y no me gustaría echarles palos a unos elementos que no sé si procedan así o no. Sería deshonesto de mi parte afirmar determinadas cuestiones nada más porque no comulgan con mis ideas. Sé que tienen una casa en playas, y me parece que están haciendo una bonita labor, pero no me consta. Yo creo que fundamentalmente están equivocándose de procedimiento. Si lo hacen como recurso proselitista, eso es deshonesto también. Pero desde luego, que eso de que estén rescatando drogadictos y gente que ya estaba perdida me parece una buena labor. La iglesia católica como institución no está haciendo absolutamente nada por esa clase de gente, y si otros cristianos lo hacen, pues que bueno, yo los aplaudiría. Que no sean católicos, ¡sea por Dios! Yo aplaudo el bien en donde esté".
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