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Visita de las reliquias de Santa Teresita a TijuanaSu camino de sencillez y perfección en las pequeñas cosas de la vida cotidiana se han convertido en el ideal de muchos cristianosPOR GABRIEL GONZALEZ Los restos de Santa Teresita del niño Jesús llegaron el 16 de Enero a México, procedentes de Francia, y visitaron el Distrito Federal y 30 estados del país, incluyendo Baja California. Durante su estancia en el D.F., las reliquias visitaron hospitales, reclusorios y centros de asistencia social, según informó el sacristán mayor de la Catedral Metropolitana en D.F., el Padre José de Jesús Aguilar. Después, permanecieron un día en una capilla de la Catedral, y fueron visitadas por diversos grupos religiosos. Se celebró una misa en su honor, presidida por el Arzobispo Primado de México, el Cardenal Norberto Rivera Carrera. Alrededor las 11:30 a.m. el viernes 9 de febrero, llegaron los restos al Aeropuerto Internacional de Tijuana, donde se realizó una celebración oficial de bienvenida. Después se trasladaron a la Capilla de Sta. Teresita en la Col. Linda Vista. A las 4:00 p.m. se trasladaron al Santuario de la Iglesia de Nuestra Sra. del Sagrado Corazón de Jesús, Calle Décima, para vísperas solemnes con los seminaristas y religiosos y religiosas a las 5:30 p.m. Veneración de la Urna por parte de los fieles y oración guiada para la Vida Contemplativa fue a las 6:30 p.m. A las 8:30 p.m., los restos fueron trasladados a la Parroquia de Santa Teresa de Avíla, para, a las 10:00 p.m., veneración de los grupos parroquiales, movimientos eclesiales y el decanato de Ntra. Sra. del Carmen. Toda la noche permanecieron en la Parroquia. El sábado 10 de febrero, regresaron las reliquias a la Calle Décima, donde, a las 8:00 a.m., se celebró una Misa Solemne con Laudes para todos los seminaristas y sacerdotes de la Diócesis de Tijuana y fieles. A las 9:30 a.m., los decanatos de la diócesis se presentaron para hacer Veneración de la Urna -- tres decanatos por hora hasta la 1:30 p.m. Después, se trasladaron al Instituto Progreso, para una bienvenida oficial por parte de todas las Carmelitas y grupos anexos, y, a las 3:30 p.m., veneración por parte de las escuelas. A las 5:30 p.m. se celebró la Santa Misa para los decanatos de Ensenada y Playas. A las 8:30 p.m. los restos fueron trasladados a la Parroquia de Jesús Divino Maestro en Otay, donde paso la noche. El domingo 11 de febrero a las 7:30 a.m. las reliquias salieron de la Parroquia Universitaria a la Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe en el Centro, donde celebraron una misa a las 9 de la mañana. A las 10:30 a.m. los restos fueron trasladados a la Plaza de Toros, donde a las 12:00 p.m. se realizó una Misa Solemne de Despedida con todos los fieles, en especial con los jóvenes. Después de esta, alrededor las 1:30 p.m., se acompañó a las reliquias al Aeropuerto Internacional, para que a las 2:30 de la tarde despedida de las reliquias y partida a Culiacán, Sinaloa. El mensaje de la Santa Teresita es un mensaje de amor. Santa Teresa fue una Carmelita del siglo diecinueve que a pesar de su corta vida de veinticuatro años, llego a ser descrita por el Papa Pío XI como la gran santa del tiempo moderno. Santa Teresa definió su espiritualidad como "el pequeño camino" a la santidad. Este pequeño camino se basa en las palabras de Jesús que solo los que se hacen como los niños merecerán el Reino de los Cielos. La extensión del culto a Santa Teresa del Niño Jesús es uno de los fenómenos más impresionantes y significativos de la vida religiosa de nuestros días. La santa murió en 1897, y poco después, era conocida en todo el mundo. Su camino de sencillez y perfección en las pequeñas cosas de la vida cotidiana se han convertido en el ideal de muchos cristianos. El Papa Pío XI la beatificó en 1923 y la canonizó en 1925. Extendió su fiesta a toda la Iglesia de occidente. En 1927, Santa Teresa del Niño Jesús fue nombrada patrona de todas las misiones extranjeras y de todas las obras católicas en Rusia. La santa se había entregado con entera decisión y conciencia a la tarea de ser Santa. Sin perder el ánimo, ante la aparente imposibilidad de alcanzar las cumbres más elevadas del olvido de sí misma, solía repetirse: "Dios no inspira deseos imposibles. No tengo que hacerme más de lo que soy, sino aceptarme tal como soy, con todas mis imperfecciones".
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