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La vida como vocación'Una llamada que viene de Dios, que llama para algo'POR ALFREDO ORTEGA-TRILLO Hace poco más de cinco años un alcohólico pensaba quitarse la vida para escapar del alcohol. Un par de meses después se resolvió a hacerlo. "¿Porque no me quito realmente la vida y la ofrezco al servicio de mis hermanos?" Sentado sobre la tapa de su pupitre al terminar una clase en el Seminario Mayor, Fray Jesús Eduardo me contó su historia mientras los pies le colgaban sin llegar al suelo, como haciendo una metáfora de su nueva forma de vida consagrada, arrancada de lo que llamamos "mundo." Casi se creía con el alma desahuciada cuando llegó al convento de los misioneros de Jesús y de María aquí en Tijuana y, aunque se dejó el primer día la ropa con que llegó, a los quince días resolvió quitarse la vida que llevaba puesta para ponerse otra nueva que Dios le regalaba. Desde entonces vive consagrado a la adoración y a la predicación, y ayudando también a otros que, en medio de desesperación, a veces quieren quitarse la vida. El caso del seminarista Abilio Puente es distinto: "Yo nunca fui monaguillo ni fui muy asiduo a la Iglesia, pero desde mi niñez y, poco más en la adolescencia, se empezaron a presentar en mí manifestaciones de querer servir a las personas, sobre todo a los pobres y de querer estar constantemente con Dios". Sentado sobre la tabla de su pupitre, noté que sus pies se columpiaban en el aire. "Yo llegué al Seminario buscando a ver si encontraba lo que estaba buscando y aquí he descubierto la propuesta de Jesús para mí", reflexiona. "El proyecto de Jesús para el hombre lo he hecho mío". Luego una sonrisa le ilumina la cara. "Me gustó, me encantó y decidí querer ser sacerdote". No dijo "quise", dijo: "decidí querer". Al parecer, los que "deciden querer" son jóvenes que se dan entre jóvenes que ya eran tierra buena lo mismo que entre jóvenes que sólo se creían tierra. Lo que sí está claro es que este tipo de jóvenes se da en muy pocas cantidades, como una rara especie que estuviera en peligro de extinción. Visité al padre Francisco Monarrez Suárez, coordinador diocesano de la Pastoral Vocacional en la diócesis de Tijuana para que me informara sobre el estado de las vocaciones en la diócesis. Yo iba por números y salí con palabras. Éstas que ahora comparto con ustedes. ¿Cuántos entran, cuántos salen, cuántos hay, cuántos... El padre Francisco fue más claro que las cifras: "Los números no son un factor determinante para hacernos trabajar por las vocaciones. No es el número lo que importa sino el don del ministerio. Si la Iglesia aprecia la llamada de Dios y los que la componemos estamos de acuerdo en que Dios nos llama, nosotros mismos nos vamos a dar a la tarea de cuidar ese don y las cifras vendrán por añadidura. Actualmente tenemos 124 seminaristas, y se ordenan entre cinco y siete al año, que no es nada para las demandas espirituales de la población. Somos doscientos sacerdotes en la diócesis y a cada uno nos tocan alrededor de veinte mil personas". ¿Qué se entiende por vocación? "La gente entiende por vocación muchas cosas y se pierde: Desde el principio se tiene que ayudar a hacer entender a la gente la vocación como una llamada que viene de Dios y no de un astro o de la casualidad, una llamada que llama para algo y espera una respuesta". En el caso específico de la vocación sacerdotal, ¿cómo es esa llamada? "Empieza como una inquietud de parte del joven, a veces con una búsqueda interior, a veces con un impulso por dedicar la vida al servicio de Dios y de los demás". Las estrategias de la pastoral vocacional en Tijuana han tenido que irse adecuando a las cambiantes circunstancias de la ciudad "donde hay tanta dispersión de pensamientos, ideas, modos de vivir", aclara el padre Francisco. "La propuesta de la vocación en la Iglesia se opaca ante tanto esplendor que le ofrece al joven el mundo, sobre todo aquí en la frontera. Entonces tenemos que ser más estratégicos y usar más recursos, principalmente en línea psicológica y pedagógica". "En Tijuana, por la naturaleza misma de la ciudad, no se puede esperar resultados inmediatos", agrega el P. Francisco. "Tijuana necesita trabajo de fondo con espera de resultados a largo plazo. La promoción ya no puede hacerse de emergencia por la urgencia de vocaciones sino a través de un trabajo vocacional más formativo". Se dice que la población de Tijuana en diez años se duplicará. ¿Qué significa este reto para la Iglesia? "Significa que habrá una desproporción todavía mayor a la que tenemos ahora. Deberíamos contar en el Seminario cuando menos con 200 alumnos en los primeros años de filosofía y sólo tenemos 24; significa que a un sacerdote dentro de diez años se le va a pedir mucho más. La gente nos quiere santos. Esa es ya una gran exigencia. Nos quiere trabajadores y dispuestos para verlos en su enfermedad, para atenderlos en sus necesidades de fe, para que los alimentemos con la palabra, los orientemos en la vida, les demos esperanza". ¿Cómo es el trabajo de un sacerdote? "Gran parte de nuestro tiempo se nos va en lo sacramental de nuestro ministerio, celebrando misas, bautizos, bodas. Pero también nuestra vocación nos demanda el trabajo pastoral y la relación muy cercana con las personas". El sacerdote diocesano de Tijuana, por lo regular vive en la casa parroquial, solo o con otros sacerdotes dela parroquia. ¿Cuál es el horario de trabajo de un sacerdote? "Tenemos un horario de trabajo de 24 horas. Yo no puedo decir, 'Terminó mi chamba' al cerrar la oficina. Si vivimos un celibato para estar a tiempo completo, las 24 horas somos sacerdotes y estamos ejerciendo el ministerio. Ya no nos pertenecemos. Mi ministerio me predispone a dar el tiempo a la gente cuando me necesita. El celibato para nosotros es un don de Dios", ahonda el P. Francisco. "Y es algo que tenemos que cuidar siempre y pedirlo con humildad a Dios como gracia. El celibato nos permite darnos completamente al ministerio. Nos hace abiertos a todos, nos hace universales. Vivimos una espiritualidad de servicio, de caridad pastoral". ¿Cómo se sostienen económicamente? "Nosotros no vivimos de esto sino para esto. Tenemos un honorario mensual de tres mil pesos que proviene de las colectas. No es mucho, pero nunca nos falta lo necesario. Es la riqueza del ministerio, si la Iglesia nos dice: no tengas familia; la misma Iglesia se convierte en nuestra familia. Y esta familia es la que nos solventa en lo económico, en lo moral, en lo espiritual". Los sacerdotes diocesanos viven también en comunión con el obispo y el presbiterio. "La vida comunitaria nos hace crecer como presbiterio, no sólo como presbíteros", expresa el P. Francisco. Asisten a retiros mensuales, a ejercicios espirituales a cursos de actualización a encuentros. Igualmente realizan paseos en comunidad. Existen dos tipos de sacerdotes -- los sacerdotes diocesanos y los sacerdotes de los institutos o congregaciones, también llamadas órdenes religiosas. Este segundo tipo, además de ceñirse a la normativa de los tres votos de San Benito: pobreza, castidad y obediencia, tiene sus propias disposiciones internas que dan fuerza de cohesión y de unidad a la orden. Existen en Tijuana 16 institutos de vida religiosa masculina y 70 congregaciones femeninas, con aproximadamente setecientas consagradas. El carisma o razón de ser de tantas organizaciones dentro de la vida consagrada se da en función de las necesidades de la Iglesia. "Las Carmelitas, por ejemplo", explica el P. Francisco, "ayudan en la educación; las Misioneras de La Palabra, en la evangelización; las marianitas, asistiendo al asilo de ancianos, etc." En el caso de los sacerdotes diocesanos, éstos dependen directamente del obispo y por lo general viven en la casa parroquial. No es que tengan un horario, pero ellos mismos se lo imponen para responder a las exigencias de su feligresía. ¿Cómo surge la institución del sacerdocio? "Dios instituyó el ministerio sacerdotal en su Iglesia a través de su Hijo Jesucristo. Con el ministerio de Jesús surge el ministerio ordenado". La vida consagrada se instituye desde los primeros años de la Iglesia de una manera casi natural. Comienzan las órdenes mendicantes, las formas de asociación religiosa, los monasterios, la vida acética; diferentes formas de vivir una consagración total a Dios. En Tijuana existe un Seminario de formación para sacerdotes dividido en dos: El Seminario Menor, que atiende a jóvenes de nivel preparatoria con estudios afiliados a la SEP y estudios de etimologías grecolatinas, y el Seminario Mayor, al que se ingresa después de un año propedéutico y otro introductorio, en que se ofrece al seminarista acompañamiento vocacional e introduce en el manejo del lenguaje eclesial. Después del Seminario, el estudiante todavía realiza un año más de apostolado, lo que en suma un total de diez años de estudio y preparación después de la preparatoria. La parte formativa del Seminario consta de cuatro áreas: espiritual, intelectual, humana y deportiva. ¿Cómo es en la práctica el trabajo de la Pastoral Vocacional en la diócesis de Tijuana? "Nosotros queremos dar un salto de calidad en la promoción de las vocaciones. Tenemos en Tijuana 200 agentes vocacionales entre seminaristas, matrimonios, jóvenes comprometidos y tres sacerdotes". Los agentes son capacitados en cursos de acompañamiento y discernimiento. A través de estas dos líneas de atención ayudamos a que el joven descubra lo que Dios quiere de su vida. El acompañamiento significa que se le da un seguimiento personal a cada joven con inquietudes vocacionales. La Pastoral Vocacional trabaja en equipo y en diferentes aspectos. Se promueve el aspecto de la oración creando climas o ambientes de oración que predispongan al joven a escuchar el llamado de Dios. En este sentido se han creado a nivel mundial El Club Serra y el grupo María Madre de las Vocaciones que es un grupo de señoras de aquí de Tijuana que piden a la Virgen para que en la Iglesia también nazcan y crezcan sacerdotes como su hijo. Existe también el programa de Procesos Juveniles Vocacionales, que dura ocho meses durante varios fines de semana. El compromiso de quien entra a este programa es que haga el recorrido completo. Esto garantiza al final de la experiencia una opción vocacional muy satisfactoria apuntando hacia un consagrado, un ministro ordenado o un laico comprometido. Por su parte, la Comisión Diocesana para las Vocaciones al Ministerio Ordenado trabaja directamente en el Seminario. Si algún joven ya ha manifestado abiertamente un deseo por ingresar al Seminario, este grupo se reúne con él una vez por semana para ofrecerle asesoría y acompañamiento. Existe también un grupo que se encarga de promover la vocación organizando jornadas, retiros y un concurso anual denominado Canto Vocacional. Recientemente se ha constituido el grupo de la red de mensajeros para informar y sensibilizar a la comunidad sobre los trabajos de la pastoral vocacional. Este grupo distribuye información verbal e impresa en lugares públicos como colonias, rancherías, autobuses, casas. ¿Cómo es la formación de un sacerdote? "Hoy formar a un sacerdote es mucho más delicado y complicado que antes. Es pedirle a un joven que descubra los valores de esta vocación y los viva intensamente renunciando a tanto que esta a la mano, y legítimamente para él: el matrimonio, la paternidad, que son dos de las cosas que más le cuestan a un muchacho". ¿Y todo esto como se consigue? "Con mucho esfuerzo de parte nuestra, pero sobre todo con generosidad, mucha generosidad de parte del joven, para renunciar a todo por seguir a Cristo". ¿Cuál es la actitud de la pastoral ante la falta de vocaciones? "Primero que nada tenemos que tener fe y esperanza en que Dios mismo provee a su Iglesia de pastores y que no nos va a abandonar. Ciertamente la elección de la vocación sacerdotal no es fruto del coordinador o promotor vocacional ni de nuestras técnicas o recursos. Es un don de Dios. Lo que no significa que nos crucemos de brazos sino que, sabiendo esto, sepamos ayudar a descubrir y a cuidar de ese don". Sintetizando, ¿cuál es la actitud de la Iglesia ante la vocación sacerdotal? "Aunque sean pocos los llamados y menos los escogidos, tenemos que reconocer que el dueño de la mies proveerá. Yo quisiera hacer un llamado por medio de La Cruz a todos los católicos de la diócesis para que al hablar de vocaciones seamos más profetas y tengamos esperanza en que Dios no nos va a abandonar. Que sí nos preocupe, en cambio, cómo vivimos la propia vocación. Viviendo esta certeza que da esta fe nos vamos a convertir en los mejores promotores de la vocación. De lo que sí debemos estar seguros es de que Dios le seguirá dando a su iglesia pastores, consagrados y laicos comprometidos; debemos estar ciertos de que la vocación al amor no puede estar en peligro de extinción". Para más información sobre el trabajo que realiza la Pastoral Vocacional puede comunicarse con el padre Francisco Monarrez, director de vocaciones, al (011-526) 638-8635 en Tijuana.
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