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'Este apostolado nació por nuestra necesidad como familia'

POR IVAN BARRERA

"¡Existe una tremenda necesidad de evangelización!, enfatiza Dorela Zepeda, miembro de la Parroquia de Santa Rosa de Lima en la ciudad de Chula Vista, CA. "Todos los católicos deberían estar más comprometidos con la Iglesia".

Dorela participa junto con toda su familia en un apostolado de evangelización en El Niño, una de las colonias más pobres de la ciudad de Tijuana. "Los índices de drogadicción y alcoholismo entre menores de edad son elevados en esta zona", explica. "Algunos jóvenes desde muy pequeños se pierden en el vicio".

"Este apostolado nació por nuestra necesidad como fami-lia de realizar alguna obra social", comenta el ingeniero Alfredo Zepeda, originario de Culiacán, Sinaloa.

"Nosotros tenemos la costumbre de incorporarnos a la parroquia de la ciudad a que llegamos. Somos de todas partes de la República Mexicana: Mi esposa Dora Esthela, nació en Navojoa, Sonora. Alfredo, el mayor de mis hijos (26) nació en Hermosillo, Sonora; mi hija Dore (24) nació en Veracruz, Veracruz; Alejandra (22) y Luis Eduardo (19) en el Distrito Federal. Todo empezó cuando vivíamos en Tijuana. Mi esposa y yo dábamos clases de moral en el Instituto Cumbres de Tijuana. Esto era una labor social dirigida a un grupo de chicos de un nivel socioeconómico alto".

"También trabajamos con los Lasallistas en Tijuana en la calle 10", recuerda Alejandra. "Ahí dábamos clases de catecismo bajo la supervisión de un sacerdote Lasallista llamado Fernando". Alejandra comenta que el padre Fernando promovía juegos de basquetbol, fútbol, talleres de corte y confección y otras actividades para los jóvenes.

El ingeniero y su esposa son miembros del coro de la Parroquia de Santa Rosa de Lima. "Mi esposa y yo siempre hemos procurado mantenernos activos en la parroquia", explica el ingeniero de 57 años.

"Ellos siempre han participado en obras sociales", comenta el doctor Agustín Rivas, ex-director del Hospital de la NASA en Houston. "Durante el terrible terremoto que azotó a la ciudad de México en Septiembre 1985, Alfredo y Dora Esthela regalaban tortas y café a personas damnificadas. Siempre han tenido el deseo de servir a los demás".

"Nosotros hemos viajado mucho como familia", expresó el ingeniero Zepeda. "Yo trabajaba en la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Hemos tenido la oportunidad de conocer muchas ciudades, hemos vivido también en Colombia, Canadá y visitado Ecuador y Perú. Gracias a Dios, hemos podido ayudar un poquito en donde hemos vivido". El ingeniero reiteró que la labor principal del apostolado es enseñar el catecismo de la Iglesia Católica.

La familia Zepeda vivió 12 años en la ciudad de Tijuana en donde el ingeniero dirige una fabrica que procesa grasas. Actualmente tiene cinco años viviendo en el Condado de San Diego. La fabrica se encuentra en las afueras de Tijuana, rumbo a Tecate, en la zona lechera cerca de Cañada Verde. "Un día una señora joven me preguntó en donde podrían sus hijos recibir clases de catecismo. Por esos rumbos no existe ninguna parroquia, capilla ni nada que se le asemeje. Y así empezó, así se inicio todo hace cinco años. En mi pequeña planta procesadora vivían y laboraban doce personas. Mis hijas y yo decidimos darles clases de catecismo a los hijos de mis empleados. También asistían sus papas y otras personas de los establos vecinos".

El ingeniero explica que los sábados permitía que sus empleados salieran una hora antes para otorgarles clases de catecismo.

"Pedimos permiso para utilizar las instalaciones del establo que estaba enseguida de nosotros. Arreglamos unas cuantas maderas y nos sirvieron para dar clases de catecismo.

Después de un tiempo fue necesario cancelar las clases de catecismo debido a que el gobierno del estado de Baja California empezó a obsequiar terrenos en la región conocida como el Maclovio Rojas y la mayoría de sus empleados se mudaron hacia esa zona.

Todos mis trabajadores se fueron para allá y por lo tanto, me quede sin alumnos. Fue entonces cuando decidí seguirlos".

El primer paso a seguir fue pedirle permiso al cura de la parroquia de Nuestra Señora de Lourdes ubicada en la delegación La Presa, para enseñar catecismo, puesto que el sacerdote era el encargado de aquella región. El padre accedió gustosamente.

"En el Maclovio Rojas no hay absolutamente nada", explica el ingeniero, "dábamos el catecismo sentados en la tierra; arrimábamos las pocas piedras que había por ahí. Hay mucho polvo. Pusimos una pequeña lona azul para proteger a las señoras del sol intenso. En tiempo de lluvia hay mucho lodo".

La familia Zepeda empezó a buscar algún lugar en donde construir una capilla. Lograron conseguir un terreno y los vecinos ayudaron a despejarlo de escombros. Las clases se llevaban a cabo al mediodía, pero posteriormente fueron cambiadas a las 4 de la tarde porque la mayoría de las personas hacen sus compras de mandado el sábado por la mañana.

"Dábamos clases a 50 niños", comenta Dorela, "de este grupo, 18 niños fueron los que celebraron su primera comunión. Para ese entonces la capilla ya contaba con paredes".

El ingeniero Zepeda explicó que después de un año de apostolado decidieron cambiar de zona para iniciar otro grupo y continuar su apostolado. "El sacerdote-párroco de La Presa, nos indico que la zona de El Niño era en donde más urgentemente se necesitaba este apostolado. Mis hijos y yo decidimos iniciar clases de catecismo en aquel lugar".

"La colonia El Niño esta lejísimos", comenta Dorela, "no existen carreteras, ni luz, ni agua, ni drenaje. Nada. Es impresionante durante la noche porque la obscuridad es total debido a la falta de luz pública. Los caminos están muy escabrosos y tardamos una hora para llegar hasta esa colonia. Al principio realizamos un visiteo y nos percatamos que existen, por lo menos, siete sectas protestantes haciendo proselitismo en esa región. La presencia de la Iglesia Católica es prácticamente nula", enfatiza Dorela.

"Generalmente vamos para allá el sábado", explica Alejandra, "salimos de casa a las 8 de la mañana y generalmente regresamos entre las 7 y 8 de la noche".

La familia Zepeda indica que una de las técnicas utilizadas por las sectas es construir pequeñas casas y obsequiarlas a las personas para ganar lograr que se adhieran a su secta.

"Necesitamos catequistas para realizar esta labor de evangelización", explica Alejandra, "tal vez algunas personas puedan participar una vez al mes, quizás otras cada semana. Lo cierto es que es necesario hacer conciencia y comprometerse en serio con el apostolado. Existen muchas necesidades económicas, espirituales y familiares".

El ingeniero comenta que "muchos residentes de El Niño o el Maclovio Rojas, son bautizados católicos, pero sienten compromiso de atender a las reuniones, pláticas y sesiones de sanación de las sectas porque les han ayudado a construir sus casas o bien, han recibido ayuda económica".

Según cálculos hechos por la familia Zepeda, existen 5 mil residentes en la colonia denominada El Niño; la mayoría de estas personas viven en condiciones deplorables.

"Es una obligación primordial de todo confirmado hablar con y atender a los mas necesitados. Si una persona está confirmada debe asumir las responsabilidades de un apóstol, de un soldado de Cristo. No hay consciencia en los laicos, queremos que el sacerdote lo haga todo", concluyó Dorela.