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La multiplicación de los panesPOR ALFREDO ORTEGA TRILLO "A todos les deseo mucha suerte después de este desayuno para que otro día podamos otra vez venir aquí y que Dios nos bendiga a nosotros y a las personas que nos atienden. Amén". Igual que Carlos Guzmán, originario de Veracruz, quien así bendijo los alimentos en la mesa 16, otros 350 indigentes agradecieron a Dios por los alimentos, se persignaron, comieron, tomaron un cafecito, estrecharon las manos de los voluntarios de la Parroquia de San Miguel que los sirvieron, se llevaron una pieza de pan y volvieron a la calle sin la certeza de volver. Porque la calle, donde crecen y viven, muchas veces los reclama para sí, inflando las estadísticas en la tragedia de una esquina cualquiera. "Ciertamente no estamos resolviendo ningún problema sustancial", explica el padre "Chava" Salvador Romo, "ni tenemos demasiadas expectativas de regeneración humana entre esta gente que vive en los márgenes del desarrollo. Dar desayunos es una experiencia un poco al margen de nuestra misión. La misión de los salesianos es prevenir los males y no resolverlos, pero tampoco podemos permanecer indiferentes ante esta realidad. Simplemente queremos ser humanos con ellos dándoles algo de comida y buen trato, ya que muchos de ellos no sólo tiene hambre sino también han desarrollado cierto resentimiento contra la sociedad que los expulsa por su condición de indigentes". "¿Cómo nació la idea de ofrecer desayunos?" "A finales de 1998 aquí en la puerta de nuestras oficinas dormían siete desamparados bajo aquel invierno especialmente lluvioso y frío. Se nos ocurrió invitarlos a tomar un desayuno; y abrimos la posibilidad de que invitaran a sus amigos. Y bueno, esa experiencia inicial se ha convertido en 360 gentes que vienen a desayunar los miércoles y los sábados. El plan fue muy simple desde el principio: se trataba, de buena comida, buen trato". La señora Margarita Andonaegui, coordinadora del grupo voluntario de base, explica que aunque muchos de sus comensales pueden ser rateros, drogadictos o alcohólicos, aquí se les trata con cariño, con dignidad de personas y ellos hacen por comportarse con respeto entre ellos y hacia nosotros. "¿No han tenido problemas para abastecer de comida a la creciente demanda?" "Si Ud. quiere ver el Evangelio hecho realidad, le puedo asegurar que aquí se han multiplicado los panes porque algunas veces sí nos ha faltado comida, pero sólo Dios sabe como le ha hecho para que hasta ahora ninguno se vaya sin comer". Rosendo Cuevas, un exindigente recién salido de un centro de atención y que hace cuatro meses empujaba la puerta desde afuera, ahora la abre desde adentro, haciendo pasar a los que vienen a los desayunos en grupos de ocho. "¿Cómo ha sido para usted, Rosendo, dejar de venir a pedir comida para convertirse en voluntario?" "Cómo le puedo decir, como que se siente algo adentro del corazón". "¿Conoce a algunos de los que están afuera?" "Sí". "¿Y porqué no los jala para que se rehabiliten también?" "Yo les digo, pero ellos quieren continuar en lo mismo. A huevo no se les puede hacer cambiar". "¿Ud. de dónde es?" "Del Estado de Puebla". "¿Y aquí en Tijuana cuánto tiempo?" "Acabo de llegar. No más que me aventó la migra". Guillermo Corral, quien toca con su guitarra en los camiones, tocó para los de su mesa El Viajero, una canción a ritmo de rock de la que rescato estos trozos: "...Le digo al señor que me cuide en mi aventura para poder a mi barrio regresaralzar a mi madre con cariño y ternura y me cuide que la migra no me vaya a apañar..." En comparación a los hombres son muy pocas las mujeres que asisten a los desayunos. Gloria Contreras Perales de Veracruz, una mujer indigente de mirada lúcida y boina morada, da una explicación creíble: "Es que las mujeres somos menos vagabundas que el hombre". "¿Y que tal la comida?" "¡Bien sabrosa!" Se vuelve hacia la señora que distribuye los boletos, "¡Ya ve Mati, ya hasta las estoy recomendando!" "Habremos gente de todo tipo aquí -- mentalidades excéntricas, mentalidades vacías, qué sé yo. Yo estoy emocionada de ver a la gente que se preocupa por conservar las vidas de nosotros. Eso es amor. Y ojalá que continúen con esa bella misión". Todos salen con el hambre satisfecha, un poco de cariño y la bendición de un Cristo resucitado en la propia Cruz que está en la pared. Durante casi dos años, en Madero #893, 11 grupos parroquiales, supervisados por los padres salesianos, han estado ofreciendo desayunos a los indigentes del centro de la ciudad los miércoles y sábados. Coincide este artículo con el inminente desalojo que deben hacer de ese espacio, lo que los obliga en estos precisos momentos a buscar las facilidades de otro lugar cercano para seguir ofreciendo el mismo servicio.
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