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Los salesianos en Tijuana

'Hacer buenos cristianos y honrados ciudadanos'

POR ALFREDO ORTEGA TRILLO

Tal vez la parte más visible de los salesianos para la mayoría de los tijuanenses sea la fachada del edificio que han ocupado en la calle Madero y el edificio junto a la avenida Internacional, fácilmente identificables por la cara sonriente de San Juan Bosco pintada en rojo; pero ciertamente que para ver la obra casi asombrosa y singular de los salesianos en Tijuana hay que salir del cono urbano de la ciudad y empolvarse los zapatos.

El proyecto salesiano en Tijuana, comenta el padre "Chava", Salvador Romo, cofundador y actual administrador del Proyecto en Tijuana, se remonta mucho tiempo antes de su llegada a la ciudad el 19 de marzo de 1987, cuando la insistencia cuidadosa y educada del obispo Emilio Berlie concretiza la invitación largamente reiterada durante 36 años de carteo sostenido con la provincia salesiana México-Guadalajara por parte de las autoridades de la diócesis de Tijuana, a la que se sumó el apoyo de todo el presbiterado de Tijuana y de algunos grupos laicos.

A su llegada, los salesianos detectan cuarenta puntos de mayor conflicto y delincuencia en la ciudad. Después de trece años, hoy se encuentran establecidos en diez de ellos a través de siete centros oratorios ubicados en las colonias Herrera, Flores Magón y Cumbres, Cañón de Saiz, Sánchez Taboada, El Florido-Mariano, Ejido Matamoros y en la parroquia María Auxiliadora. También tienen un edificio, todavía inconcluso, que es casa, capilla y oficinas junto a la avenida Internacional. Hasta el momento de hacer este reportaje aun ocupan el local de la calle Madero #893 que están por desalojar y que por ocho años había servido como oficinas, antes de convertirse desde hace un año y ocho meses en desayunador para personas indigentes de la calle.

El Proyecto se sostiene con donaciones de benefactores locales, el apoyo de orga-nismos de Bélgica y de la Conferencia de Episcopado Italiano y está impulsado por siete sacerdotes y un grupo de jóvenes vo-luntarios que han hecho la promesa incondicional de apoyar las propuestas del Proyecto, provenientes de la Ciudad de México, Ciudad Juárez; Austria, España, Uruguay, Chile, Estados Unidos y Canadá.

El director del Proyecto en Tijuana, el padre Javier Prieto, cuenta que su fundador, el italiano Juan Bosco, huérfano y emigrante en su país, empezó a trabajar en la rehabi-litación de reos, pero llegó muy pronto a la conclusión de que era más provechoso dirigir su trabajo hacia la prevención de la delincuencia. Esto lo orientó a la educación de la niñez y de los jóvenes, y desarrolló un sistema de educación desescolarizado pero integral, de manera que los niños, bajo su dirección amistosa y paternal, pudieran jugar, aprender, trabajar, rezar y convivir entre ellos. Pero fue la insistencia de la misma sociedad laica, la que le pidió que entre sus mismos alumnos formara gente comprometida que continuara su obra. El nombre de salesianos lo adoptó el padre Bosco para honrar al italo-suizo San Francisco de Sales del siglo XVII, célebre por su amabilidad, para otorgárselo a su fundación en 1859.

Tanto ha crecido la obra salesiana en el mundo que actualmente se encuentran presentes en 140 naciones. Treinta ciudades mexicanas son atendidas por 450 sacerdotes salesianos y otros coadjutores que son salesianos laicos consagrados, apoyados por un contingente de voluntarios.

"Estos trece años en Tijuana han sido de expansión", explica el padre Javier. "Ahora estamos entrando a una etapa de consolidación. Nuestro carisma y razón de existir es la educación integral de niños y jóvenes, especialmente en ambientes populares, como podrás ver en nuestros oratorios".

¿Y qué es un oratorio?

"Es el sistema educativo salesiano por excelencia: un patio donde se juega, una escuela donde se aprende, un taller donde se trabaja, una iglesia donde se reza y una casa donde se ama".

El sábado de mañana visité el oratorio salesiano en el Florido-Mariano, enclavado en las faldas del otro lado del Cerro Colorado. Divisé a la distancia las canchas de fútbol y, en los terraplenes resacados al declive, las estructuras de la capilla al centro, la escuela, la casa y los talleres.

"¡Era más recio Roberto!", me llegan los gritos desde la cancha. "¡Había sido falta padre, el portero estaba salido!" Entrevisto al Padre Raúl Curiel, que arbitra el partido.

"¿De dónde es usted, padre?"

"De Guadalajara".

"¿Cuánto tiempo en Tijuana?"

"Tengo dos años". Pita y saca una tarjeta amarilla. "¡Juego peligroso!".

"¿Cuantos niños participan en todo el oratorio?"

"Varía, depende de la temporada. Por ejemplo, ahora en verano aumenta con las vacaciones. ('¡Mal saque, cambio de saque!') Pero en invierno nos baja muchísimo. Estos son los deportistas. Pero si los sumamos a los de catequesis y de las otras clases, en total deben ser como unos 400 niños".

"¿De dónde vienen?"

"De aquí, del Florido-Mariano".

El padre corre hasta la otra portería a supervisar un penalti. Me dirijo a uno de los defensas.

"¿Cuántos años tienes?"

"Siete".

"¿Cómo te llamas?"

"Luis Felipe".

"¿Qué posición?"

"Espinoza".

"¿Cómo que Espinoza?"

"¡Dale gemelo, bien prieto. Vente p'a acá José!"

"¿Y qué tal el apoyo de los padres de familia?" Regreso al padre.

"Con los niños deportistas es mínima. En cambio con los niños que se preparan para la Primera Comunión, se nota que los papás sí vienen".

"¿A que atribuye la diferencia?"

"Pues que son niños buenas gentes, niños de familia. En cambio estos niños son; no vaguitos, pero andan más bien en la calle. Son muy independientes, de familias que trabajan papá y mamá y crecen solitos".

"¡Padre ya sáqueme de la banca!"

"Orita vas tú, mi'jo", dice el padre, quien vuelve a pitar: "¡Mal saque, cambio!"

"¿Los niños, son católicos?"

"La gran mayoría. Pero aquí no es requisito. Somos totalmente abiertos. Se les ofrece una oportunidad para que desplieguen sus potencialidades, pero respetando sus creencias. Vienen a Misa con nosotros y algunos, aunque no son católicos, hacen los signos y son muy respetuosos".

"¿Cuánto tiempo tiene formando estos equipos?"

"Uuuh!, la he sufrido. Dos años".

"Y ¿cómo los ha reclutando?"

"Me paraba con un silbato en medio de la cancha y solitos fueron llegando. Hasta que formé un equipito. ('¡Sacas tú, Oscar!') Ahorita ya tengo como unos 120 deportistas. Estos ya están más hechos al molde y saben que aquí no se dicen malas palabras ni se permiten drogas".

"Y qué me dice de los talleres", señalo a las galerías.

"Es una lástima, pero los tengo parados. Tengo talleres de carpintería, herrería, soldadura, máquinas y herramientas y mecánica automotriz, pero están parados, menos el de carpintería, donde trabajan diez jóvenes".

"¿Y por qué están parados?"

"Porque la gente necesita ganarse la vida, y quién va a venir a capacitarse cuando en una maquila, como todo es muy mecánico, sin saber hacer nada lueguito empiezan ganando dinero. Se los pelean las camionetas que pasan con el sonido contratando gente".

Diviso al niño que está en la posición de 'Espinoza' defendiendo su portería y me dirijo al padre.

"Es muy probable que en el futuro estos niños sean los que vengan a aprovechar los talleres".

"Sí, es muy probable, porque los vamos haciendo a nuestro estilo educativo".

Entre los 6 y 15 años conforman todos los niños y jovencitos del Oratorio las ligas pony, infantil, juvenil, y la libre de basquetbol. Están empezando también una liga de basquetbol femenil.

Los muchachos que trabajan de voluntarios con los salesianos hicieron, antes de venir, una promesa: Trabajar un año y darlo todo por una comunidad, un oratorio.

"¿Cómo te llamas?"

"Sergio Correa".

"¿Por qué hablas así?"

"¡Ah!, porque soy de Uruguay".

"¿Y cómo viniste hasta Tijuana?"

"Bueno, yo hace tiempo estaba preparándome para hacer la experiencia de voluntariado que allá estaban organizando. Primero que para ir a Africa, luego para Honduras y al final salió Tijuana, y aquí estamos".

"¿Qué te ha parecido la experiencia?"

"Y, es una experiencia muy interesante".

"¿Cuál es tu objetivo?"

"La idea es acompañar la propuesta del oratorio y, más que nada, la propuesta del sacerdote. Los voluntarios estamos divididos por áreas: deportiva, cultural, religiosa. Yo me encargo, dentro de lo cultural, de la parte de animación y expresión".

"¿Cuál es tu formación profesional?"

"Yo hice un curso de tres años como educador popular, donde la esencia es saber trabajar con la gente, con niños en general y con jóvenes. También con instituciones de gobierno. Algo similar al trabajo social, claro. También hice un curso de dos años como coordinador de talleres de expresión plástica".

"¿Cómo es la relación de los voluntarios con los niños y jóvenes del oratorio?"

"Asistirlos, estar siempre con ellos, dirigirlos en sus actividades, que no se sientan vigilados sino acompañados".