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'La célula de nuestra sociedad'La familia vive continuamente amenazada, dijo el Cardenal Norberto Rivera Carrera en MexicaliPOR MIGUEL VAZQUEZ "Desde la niñez mi familia no solo fueron mi papá, mamá y los hermanos, sino todo el pueblo también", dijo el Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México al inicio de su confe-rencia sobre la familia el pasado 13 de enero en el Auditorio del Estado en Mexicali. "Yo siempre me sentí en una gran familia y al llegar al episcopado vi nuevamente la oportunidad de vivir con mis padres. Anteriormente como sacerdote no podía tener una casa, ahora como obispo tengo esta posibilidad y mis papás viven conmigo en México. "La familia es la célula de nuestra sociedad y el episcopado mexicano tiene como prioridad y base a la familia. En todos los viajes que ha hecho el Santo Padre a los diferentes países, nunca ha faltado un mensaje hacia la familia. Siempre ha insistido en los valores familiares como el paso hacia una nueva civilización y el sostén de la sociedad y de la Iglesia", comentó el Cardenal Rivera. "La familia como comunidad vive continuamente amenazada; segundas nupcias, madres solteras, abortos etc. Estos problemas han existido siempre y desde el principio de la humanidad, pero el grave problema de la actualidad consiste en que lo que hasta hace poco considerábamos como errores, fracasos, o atentados contra la vida, ahora se quieren justificar. La infidelidad, la vida en triángulo o la desviación sexual, ya no quiere verse como algo malo. Ahora es simplemente un 'estilo de vida, una decisión'. "Ustedes habrán oído esto: '¿Hasta cuando la Iglesia, el vaticano va a cambiar esta política?, ¿Cuándo va a permitir el divorcio?, ¡Ya es hora de que la Iglesia acepte el aborto, la contracepción!'." Y enfatizó el Cardenal, "La Iglesia no es dueña de la verdad revelada por Dios. La Iglesia debe ser servidora de ese proyecto que Dios re-vela en el Libro del Génesis. El hombre y la mujer creados por Dios, íntimamente unidos sin que nada ni nadie los pueda separar. Tan criminal será quererlos separar, como destazar un cuerpo humano, por que son una sola carne. Ese es el objetivo y la naturaleza de la familia. La comunión de personas, la complementariedad. El que dos personas lleguen a ser uno solo dentro de un proceso de vivencia, y los dos en esta comunidad de amor, transmitir la vida, protegerla y hacer que la vida humana se dignifique. Eso es la familia según el proyecto de Dios, una comunidad de personas al servicio de la vida. Entonces toda pastoral, todo trabajo debe iluminarse bajo estos principios. Ayudar a fortalecer esta comunión de personas, este amor mutuo, esta complementariedad que a su vez sea transmisora de la vida". Y continuó, "Quizá la familia mas que cualquier otra institución ha sido golpeada en nuestro siglo, pero aún así he visto como la familia sigue siendo el soporte de la sociedad. Por ejemplo, en el horrible te-rremoto de la Ciudad de México de 1985, sólo mediante la familia se pudo salir adelante. Todos aquellos que perdieron su casa, o que perdieron todo y se sintieron heridos ante este acontecimiento, siempre encontraron un tío, un abuelo, un papá o una madre. Alguien de la familia que los apoyó. Las familias hicieron posible que esa gran ciudad volviera a vivir. El gobierno, la Iglesia y las instituciones intermediarias jamás hubieran podido sacar de esa crisis a la Ciudad de México. "Por eso es importante que no solo la Iglesia sino las instituciones y el gobierno y todos nosotros nos interesemos por for-talecer y ayudar al ambiente en donde se desarrolla la familia", agregó. "Muy fácilmente podemos decir que la familia es el núcleo de la sociedad o que es una prioridad para nuestra pastoral, pero es necesario tener acciones muy concretas que vengan a fortalecer ese núcleo familiar. Uno de los elementos que se pueden considerar en una diócesis es que el trabajo en favor de la familia no se le deje a unos cuantos movimientos, como el movimiento familiar cristiano, educación en la fe, etc. ¡Que bueno que existan estos movimientos! Los movimientos ayudan, y es un privilegio pertenecer a ellos; son comunidades de 100, 200, o hasta 1000 parejas, pero relativamente pequeñas en relación a toda la sociedad. Por eso estos movimientos mas que verlos como una finalidad hay que verlos como un medio, un instrumento para que a partir de ellos todos reciban la buena nueva de lo que es la familia, la buena nueva del evangelio de la vida. "Así pues, la pastoral familiar va mucho mas allá de lo que ellos puedan hacer. Es toda la Iglesia, toda la sociedad la que debe procurar que en todas partes se den las acciones en favor del fortalecimiento de la familia. Es decir, que si tu eres catequista, tienes que inculcar el sentido de la familia en el niño. Aquel que se encarga de la liturgia, de los ritos en la Iglesia, tiene que propiciar la participación de la familia. A su vez los padres deben responsabilizarse de ser los primeros catequistas y educadores. La tragedia que vivimos en nuestra sociedad es que los papás creen que solo basta mandar a los hijos a la escuela y si tienen posibilidades los mandan a colegios en donde se les enseña algo de doctrina cristiana. El padre de familia no puede dejar la responsabilidad a otros. Él tiene que responsabilizarse del proceso educativo. Así la pastoral familiar no es lo que realiza un grupo independiente, sino que es una pastoral que esta presente en todas las acciones que se realizan en la Iglesia y en la sociedad, una pastoral familiar que abarque todas las etapas", dijo el Cardenal Rivera. "Que exista una mejor preparación para el matrimonio, por que aveces se llega al matrimonio muy mal, 'van como borregos a lo tarugo'. Sin saber, sin conocer. Algunos novios sienten las pláticas de preparación requeridas por la Iglesia como una traba, pero se trata de algo esencial en la vida, tener algunos elementos para poder empezar esa vida nueva. Tampoco es lo mismo el amor de novios que el amor de casados. Este acompañamiento es muy importante también a las parejas de recién casados porque comienzan aspectos muy distintos. Nuevas formas de relación con la familia, con el trabajo, con los amigos. Los matrimonios jóvenes necesitan el acompañamiento. Muchas veces la Iglesia no los vuelve a ver hasta que nos traen al primer hijo para el bautismo y se molestan por que tienen que acudir a las pláticas prebautismales, lo ven como otra traba de la Iglesia, cuando en verdad es una ocasión propicia para darse cuenta que a la llegada de los hijos, ellos serán los verdaderos educadores. Frecuentemente en la formación se tiende a transmitir los mismos errores que se recibieron, y se tiene que sufrir y pasar por las mismas tragedias familiares por que no hay una escuela de padres que descubra cuales son estas fallas que propician los problemas. Es necesario aprender a ser papás para abrir nuevos caminos que eviten la transmisión de estos vicios educativos", explicó el Cardenal. Un factor que siempre es un tema difícil en la familia, es lo que la Iglesia llama 'Paternidad Responsable'. "Hay rumores que dicen que la Iglesia promueve 'que vengan los hijos que Dios quiera' y no la paternidad responsable. Pero la Iglesia enseña que la pareja puede traer a este mundo los hijos a los que pueda realmente formar como personas. La Iglesia no está en favor de un numero indiscriminado de hijos, no es pronatalista. La Iglesia está en favor de la paternidad responsable. Gran número de las tragedias de hoy en día por la delincuencia generalizada en México tienen su origen en esta irresponsabilidad en la paternidad. En algunas de las ciudades de la República, mas de la mitad de los niños han nacido fuera de familias cons-tituidas. Esto es una irresponsabilidad en la paternidad". Y continuó su charla el Cardenal, "Por otro lado, he oído este tipo de conversaciones entre mujeres casadas: "¡Oye pues que te pasa, te descuidaste!, ¿Otra vez te embarazaste?' Tal como si la mujer que espera un hijo hubiera cometido un crimen. Creo que los hijos que escuchan estas conversaciones empiezan a sentirse no esperados, no deseados, no amados. Quizá piensen que ellos también fueron un error. "La Iglesia siempre estará a favor de la transmisión y respeto a la vida. Frecuentemente escuchamos que el vaticano debe cambiar sus políticas, pero la Iglesia sabe que nunca se puede atentar contra la vida, porque la vida es un regalo de Dios. La Iglesia no podrá estar en ningún caso y por ningún motivo a favor del asesinato de un niño. Mas bien está a favor de que los padres se preparen para hacer crecer esa nueva vida. Que llegue a su plenitud humana y espiritual", enfatizó. "El papel fundamental del cual dependen los demás roles que la persona juega en la familia, es el amor entre el esposo y la esposa. De ahí se derivan los otros amores, las demás funciones. Si los hijos ven que sus papás se respetan, se quieren, se motivan, se hacen crecer el uno al otro; ellos van a aprender a quererse y amarse como personas. Los valores mas que con palabras se transmiten con actitudes. Ante todo debe prevalecer la actitud de los esposos entre sí. Si los hijos ven que sus papás se quieren, entonces los papás están transmitiendo esos valores sin decirlo. Quien aprende eso, ha recibido la mejor educación que un ser humano puede recibir. El valor fundamental de relacionarse con amor entre personas, eso lo aprendí yo de mis papás. Y quien desee trabajar por las vocaciones sacerdotales tiene primero que trabajar y fortalecer su familia porque es ahí donde surgen las vocaciones, en la familia", dejó claro el Cardenal. "Nadie en el mundo puede crecer normalmente si no desarrolla la doble capacidad de recibir amor y dar amor. Es común que por la preocupación de las cosas materiales hagamos que las personas pasen a segundo término. Las mujeres en su casa dicen, '¡Aquí me tienen como su sirvienta!'. Y oímos a los hombres quejarse, 'A mí, para lo único que me quieren en la casa es para traer el gasto'. El adolescente dice, 'A mí nadie me hace caso'. Creo muchas veces sería preferible que no estuviera la casa tan limpia, o que faltara alguna cosita, pero que los papás e hijos se sintieran personas queridas y aceptadas. Admiro a esas madres que tienen un horario de trabajo muy duro, pero con dos o tres horas que están en la casa con los hijos, dan mucho mas amor que muchas mamás que se la pasan todo el día en la casa. No se trata pues de la cantidad, sino de la calidad de la relación entre los esposos y con los hijos", dijo. Con respecto a las familias de migrantes que buscan trabajo en los Estados Unidos, el Cardenal Norberto Rivera comentó: "Yo mismo provengo de una familia cuyos papás fueron migrantes a Estados Unidos. En mi pueblo la gran mayoría de los hombres salían a trabajar al vecino país, y las mujeres y niños se quedaban solos. Es muy difícil mantener la relación familiar a larga distancia. Yo creo que las políticas gubernamentales, la Iglesia e instituciones deben favorecer que los miembros de esas familias migrantes no se separen, o que la separación no dure demasiado. Que se hablen con frecuencia, que se escriban, se manden dinero, que no se olviden, que recen; todo eso es muy bueno, pero debe mantenerse la base, que el hombre y la mujer que se casaron para vivir juntos, vivan juntos. Que los hijos, estén con la doble figura, paterna y materna, y que no sea tan solo la mamá la encargada de la educación, sino los dos padres juntos". Y para concluir esta interesantísima conferencia comentó: "El fortalecer el núcleo familiar no es solamente cuestión de la Iglesia. Es asunto de toda la sociedad, de una política a nivel nacional y a nivel de gobiernos. Cuando hacemos algo en favor del núcleo familiar, estamos trabajando a favor de una nueva civilización de amor".
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